martes 9 de abril de 2024
Editorial

Fallas del mercado

En reiteradas oportunidades el presidente Javier Milei ha defendido a las empresas oligopólicas y monopólicas, negando que sean una falla del mercado. Lo viene diciendo desde que irrumpió como panelista de programas de televisión, lo expresó con énfasis en su discurso del Foro de Davos y lo volvió a repetir durante su visita a Corrientes del pasado lunes.

Es extraño que un economista liberal lo haga, pues el modelo neoclásico del liberalismo propicia en materia económica la libre competencia. Pero Milei, que defiende las ideas de la Escuela Austríaca, polemiza con el modelo neoclásico. “El dilema que enfrenta el modelo neoclásico es que dicen querer perfeccionar el funcionamiento del mercado atacando lo que ellos consideran fallos. Pero al hacerlo, no sólo abren las puertas del socialismo, sino que atentan contra el crecimiento económico. Ejemplo, regular monopolios, destruirles las ganancias y destrozar los rendimientos crecientes, automáticamente destruiría el crecimiento económico”, dijo durante su discurso en Davos.

Lo cierto es que en todos los países capitalistas, particularmente los más desarrollados, rigen normativas que regulan el mercado para evitar el desarrollo de oligopolios y monopolios, que son perjudiciales para el equilibrio de la economía. Estados Unidos y las principales potencias europeas son ejemplos evidentes de estos controles.

La desregulación de los precios en la Argentina, como contrapartida, ha permitido demostrar cómo los grupos económicos concentrados han operado, en su carácter de empresas dominantes del mercado, provocando una ola que empujó aún más hacia arriba los índices inflacionarios.

Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) graficó cómo los grupos económicos concentrados operaron en el mercado desde diciembre a la fecha. En el rubro de productos de limpieza y artículos de tocador, las empresas que hegemonizan el mercado son dos: Unilever y Procter & Gamble (P&G). Solo en enero provocaron una suba de precios del 44,4%, casi 25 puntos porcentuales más que el índice general.

Lo mismo sucedió con Arcor, en golosinas, galletas y enlatados; La Serenísima, en lácteos; y Bimbo, en panificados. Algo similar ocurrió con las tres empresas dominantes en servicios de internet, telefonía y televisión por cable, o las dos más importantes en lo que respecta a la medicina prepaga.

Con una posición ampliamente dominante en el mercado, impulsaron la suba de los precios de sus productos y servicios y se erigieron en uno de los escasísimos sectores que están obteniendo réditos favorables al programa económico de Javier Milei. Pero lejos de favorecer el crecimiento económico, como argumenta el presidente, son factores que alimentan la recesión. Estos grupos no ganan por vender más, sino por vender más caro, con márgenes de ganancias abusivos.

La realidad, una vez más, demuestra que si no hay medidas que permitan regular el mercado de bienes y servicios, los poderosos impondrán sus condiciones induciendo a una enorme transferencia de ingresos desde los sectores asalariados hacia los grupos concentrados de la economía.

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