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Ecos de Lucio

En la última semana se duplicaron las llamadas a la Línea 102

Desde el Sistema de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes advirtieron que hay un mayor compromiso social. De cinco llamadas diarias, pasaron a recibir entre 10 y 12.

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5 de diciembre de 2021 - 23:43

“A mí me arreglaban con el cinto o con la ojota”, “me daban una cachetada y daba vueltas como trompo”, “hay que darle un chirlo para que salga bueno”, son algunas frases o ideas que aún hoy se mantienen vigentes en relación con la crianza de los hijos. Una palmadita en las manos, un chirlo en la cola, “fajarlo” de vez cuando “para que no se olvide cómo son las cosas ni quién manda” o "una reverenda sonada" siguen siendo los métodos pocos ortodoxos y convalidados por padres del Siglo XXI. Quizá amparados en “el fin justifica los medios”, lo cierto es que la violencia sigue siendo un método para disciplinar y se aplica en todos los estratos sociales.

El caso de Lucio, el niño de cinco años que falleció en La Pampa por la presunta violencia que su madre y su pareja ejercían sobre él, puso la atención en un eje del que poco se habla: cómo cuidamos a nuestros niños. Si bien a nivel nacional y provincial hay legislación que establece el funcionamiento de los Sistemas de Protección, lo cierto es que, por normativa vigente, los principales responsables de la crianza son los padres, papá y mamá.

Ante la sospecha de la vulneración de algunos de sus derechos, se encuentran en funcionamiento algunos canales de comunicación. La Línea 102 de asistencia a chicos y chicas es la vía más conocida que está instalada socialmente. En Catamarca funciona las 24 horas, todos los días del año.

Eduardo Codevilla, secretario de Familia –órgano de aplicación de la Ley Provincial 5357 de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes- comentó que en la última semana en la provincia hubo un incremento en las llamadas. “La gente asumió el compromiso. Hubo denuncias telefónicas y presentación espontánea. Algunos son casos graves, concretos, que se comprobaron”, comentó.

En detalle, remarcó que habitualmente se registraba un caudal de cinco o seis denuncias diarias. “Se incrementó casi el doble”, aseguró. En esta última semana, la demanda no sólo se incrementó por la Línea 102 sino también por notificaciones desde Fiscalía, Juzgados de Familia o presentaciones espontáneas en la sede de la Secretaría de Familia, en el CAPE.

“Las escuelas prestan más atención. Ante la mínima sospecha, trabajan en muchos aspectos. Hubo muchas llamadas de vecinos, alarmados por lo que sucedió con Lucio. No son sospechas, son casos concretos, intrafamiliares. La mayoría de los casos son de la Capital, en el centro. Está maximizado; no se asocia a un sector. Los casos más graves son actos de violencia. De espectadores, los vecinos pasaron a protagonistas de la situación. La participación ciudadana ayuda bastante”, remarcó.

Como consecuencia de la violencia registrada, hubo un incremento de ingresos en la Casa Cuna, indicó Codevilla. También comentó que se está trabajando con el Poder Judicial y otros organismos del Estado.

“Se aceitaron los mecanismos Salud, Educación y Seguridad. Hay una buena coordinación. La Línea 102 funciona bien. Ante una situación de vulneración de derechos, se pueden comunicar”, sostuvo.

Violencia naturalizada

Ante esta problemática, Daniela Faerman Cano, asesora de Menores de Primera Nominación, remarcó que “la principal forma de maltrato que se ejerce contra los niños es la que se ejerce en el hogar, tiene que ver con el castigo físico como forma de disciplina”.

Al respecto, el Código Civil y Comercial de la Nación que entró en vigencia en 2015 prohíbe, en el artículo 647 expresamente, cualquier tipo de castigo corporal y malos tratos que afecten física o psíquicamente a los niños por parte de quienes ejercen la responsabilidad parental. La violencia, en cualquiera de sus formas, es una vulneración de derechos que tiene, además, muchas consecuencias negativas en el bienestar presente y en el desarrollo futuro de los niños y niñas.

Erradicar la violencia es el objetivo a alcanzar. “El niño que no sea abrazado por su tribu, cuando sea adulto quemará la aldea para poder sentir su calor”, reza un proverbio africano.

Dónde y cómo denunciar

  • La Línea 102 de Asistencia a Niños, Niñas y Adolescentes funciona las 24 horas, todos los días del año. A través de teléfono, se pueden denunciar casos de vulneración de derechos de chicos y chicas.
  • Otra de las formas para realizar las denuncias es a través de las Asesorías de Menores, que funcionan en Perú 18 o a los teléfonos 0383409003 o 09004 o 09013.
  • También pueden presentarse a la Secretaría de Familia, que funciona en el CAPE, en el Pabellón 24.
  • Las redes sociales no son la mejor vía para denunciar porque exponen a los niños en situación de riesgo. Para mayor información, la Asesoría de Menores 1 tiene un espacio en Instagram con material simple y didáctico. De manera privada, se pueden realizar consultas.
  • El artículo 41 de la Ley Provincial 5434 de Violencia indica que la denuncia es la única forma de traslucir lo que está ocurriendo dentro de la familia. “Todo funcionario y agente público que en el ejercicio de sus funciones tuviere conocimiento de la comisión de un hecho de violencia familiar o de género, tiene obligación legal de denunciar”, estipula la normativa provincial.

"La principal forma de maltrato es la que se ejerce en el hogar"

La trágica muerte de Lucio puso el foco en la necesidad de trabajar en perspectiva de niñez. La normativa está vigente, la responsabilidad parental debe ser compartida entre los padres –lo cual deja de lado la creencia popular de que “los chicos están mejor con la madre” y a la vez exhorta a los padres a tener un rol más activo en la crianza-. Sin embargo, la violencia vuelve a estar presente.

Consultada al respecto, la asesora de Menores Daniela Faerman Cano explicó que la familia es el espacio donde histórica y culturalmente siempre se entendió como un espacio de amor, de cuidado, como lugar de confianza.

“Es irónico pensar que precisamente en este marco se produzcan violaciones a los Derechos Humanos. No es extraño; en materia de abuso sexual, un 80 % de los casos son cometidos en el ámbito intrafamiliar o los casos de violación al derecho a la identidad que se produjeron en el marco de la familia. Siempre se obra ‘amparado’ por la privacidad que da la familia, por la creencia de lo que corresponde que se resuelva dentro de la familia. Nadie discutiría hoy que los niños tienen derecho a una vida saludable, desprovista de violencia”, advirtió.

En este contexto, señaló que el maltrato infantil es un problema gravísimo y mundial, que no sólo afecta a los niños como víctimas sino a toda la sociedad en su conjunto. “Es un problema muy frecuente pero no tiene repercusión porque los niños están en cierto modo invisibilizados. Entre el colectivo de personas vulnerables, las mujeres y el grupo de diversidad sexual han logrado visibilización. Sin embargo, los niños son una gran deuda pendiente. No se ha podido instalar la perspectiva en niñez.

Cuando pensamos en el maltrato a los niños se cree que no existe. La principal forma de maltrato que se ejerce contra los niños es la que se ejerce en el hogar, tiene que ver con el castigo físico como forma de disciplina”, alertó.

Para la funcionaria, hay una necesidad de adoptar una actitud proactiva por parte del Estado pero también porque es necesario generar una conciencia social en cuanto a la gravedad del problema. Desde hace más de 30 años, con la entrada en vigencia de la Convención de los Derechos del Niño, chicos y chicas alcanzaron el estatus de sujetos de derecho pero tampoco logró instalarse efectivamente, remarcó.

“Seguimos pensando que el niño es un sujeto de derecho y no de protección. Como adultos creemos que podemos dar una mejor respuesta a sus necesidades sin oír al niño, sin tenerlo en cuenta. Son respuestas desde una mirada adultocéntrica, sin considerar al niño como persona. Son intervenciones sesgadas, soluciones inapropiadas porque ninguna medida que se adopte para el niño puede tomarse sin haberlo oído. Los casos de violencia que trascienden son muy pocos: son la punta del iceberg de un fenómeno que es mucho más amplio y que suele permanecer oculto porque básicamente el niño no sabe que puede denunciar o tiene miedo a las represalias o porque naturalizó el castigo”, consideró.

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