El 22 de noviembre del 2017 Justina Lo Cane falleció en Buenos Aires tras varios meses de espera de un trasplante de corazón. Más allá del dolor por su muerte, sus padres no bajaron los brazos y continuaron con la lucha para obtener una modificación en la legislación y que no vuelva a ocurrir lo que pasó con su hija.
El 26 de julio del 2018 se aprobó la ley 27.447 que regula el “Transporte de órganos, tejidos y células” y es conocida como “Ley Justina” por la que “toda persona mayor de 18 años” es donante de órganos o tejidos salvo que haya dejado constancia expresa de lo contrario. Esto es conocido como “consentimiento presunto” y fue aplicado en normativas en otras partes del mundo con el mero objetivo de agilizar la satisfacción de la demanda de órganos.
Otros puntos clave de la Ley Justina fueron la habilitación específica para la voluntad afirmativa de donación de órganos particulares y no de otros; y también la finalidad o el destino de los órganos donados: si se quiere que sean donados para implantes o que sean utilizados para investigación científica.
Por otro lado, aquellos que deciden no donar sus órganos, son ingresados a un registro de no donantes.
Este año se cumplieron cinco años de la creación de la ley y significó un cambio en el paradigma. Los números hablan por sí solos: se redujo de 40 al 10 por ciento la tasa de interrupciones de donación por oposición familiar. En 2015 en el país había 15 donantes por millón de habitantes, en 2019 trepó a 20. Para tomar dimensión de estos números hay que compararlos con los de la Unión Europea que tiene las tasas más altas de donantes con 22,3 por millón de habitantes. El objetivo es que para fines del 2024 la tasa supere los 20 donantes.
En la provincia, la Coordinadora de Ablación e Implante Catamarca (Caica) informó que este año se realizaron 37 trasplantes de órganos y tejidos, producto de 22 donaciones. En el 2022 el número de donantes fue superior (29) pero hubo menos trasplantes (33). Pese a estos números alentadores existen aún 74 catamarqueños que esperan trasplantes renales y de córneas.
Desde el CAICA también aclararon que los órganos y tejidos se extraen por medio de un proceso quirúrgico que no altera el aspecto externo del cuerpo ya que se sigue un protocolo de cuidado post ablación.
El acto de donar órganos está rodeado de dudas a causa de la desinformación y los mitos que atentan contra la decisión de los potenciales donantes. Sin embargo, existe una certeza, en muchos casos, las personas empeoran su calidad de vida o bien fallecen a la espera de un órgano.
Los padres de Justina, antes de la muerte de la niña, lanzaron la campaña “Multiplicate X Siete”, una referencia a la cantidad de vidas que, se estima, puede salvar cada donante de órganos y tejidos.
"Todo tenía un por qué. Hoy transformamos el dolor en alegría, si bien no es fácil vivir con su ausencia. Es lamentable que alguien tenga que morir para que una sociedad se despierte, pero es así", fueron las emotivas palabras de Paola, la mamá de Justina el día que aprobaron la ley. Sus palabras siguen resonando con el paso de los años y pese a las adhesiones todavía la toma de conciencia pública es una materia pendiente en cuanto a la importancia de la donación de órganos y tejidos para salvar o mejorar las condiciones de aquellos que aguardan ansiosamente un trasplante.