miércoles 12 de agosto de 2026
Cara y cruz

El Papa Job

Con la tensión con las organizaciones sociales en escalada, la ministra de Capital Humano de la Nación, Sandra Pettovello, firmó ayer un convenio de asistencia alimentaria con la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas (ACIERA), a la que asistirá con $177.500.000 en módulos alimentarios que se distribuirán en los 723 puntos de entrega que tiene la institución.

La información oficial habla de una “ayuda directa y sin intermediarios”, cuando en realidad ACIERA se sumaría a la red de intermediarios entre el Estado y los pobres, aunque en este caso el engranaje es incorporado por la gestión de Javier Milei.

El portal de Capital Humano destaca que la red de comedores evangelistas ACIERA “brinda asistencia a niños, ancianos y personas con discapacidad”. La organización “coordina hogares para niños y adolescentes en riesgo, otorga asistencia a familias vulnerables, ofrece educación accesible, organiza eventos educativos y campañas sociales”.

Dada la tercerización del asistencialismo criollo, debe consignarse que los evangelistas tienen tanto derecho a participar de la cadena como la católica Cáritas o las organizaciones sociales, si bien la apertura a nuevas intermediaciones podría inducir solicitudes de otros ñatos con ganas de oler.

Lo más sugestivo, en realidad, es la oportunidad seleccionada por Pettovello para suscribir el convenio. Pocas horas antes, la Conferencia Episcopal Argentina había emitido un documento titulado “El pedido del pan de cada día es un clamor de Justicia”, en el que advirtió que “la comida no puede ser una variable de ajuste”.

La secuencia podría ser casual, tal vez Pettovello ya había acordado antes el ingreso de ACIERA al ecosistema asistencialista.

Lo que de ningún modo puede haberle pasado inadvertido a la funcionaria es que Milei se reunirá la semana que viene con el Papa Francisco, cuya sintonía con caracterizados dirigentes de las organizaciones sociales como Juan Grabois y Emilio Pérsico es conocida, por no hablar del rol que históricamente cumple la Iglesia en el auxilio a los pobres.

El encuentro genera grandes expectativas por el establecimiento de un vínculo institucional armónico con el Papa argentino, debido a los insultos que Milei dedicó al Sumo Pontífice antes de acceder a la Casa Rosada.

El convenio con los evangelistas no debería tener mayores proyecciones si no se sumara a otros detalles bastante más graves en términos diplomáticos.

Por empezar, Milei se entrevistará ante que con Francisco con el premier israelí Benjamín Netanyahu y el presidente Isaac Herzog, que desataron una masacre brutal e indiscriminada en Gaza como represalia a un ataque terrorista palestino.

Milei quiere trasladar la embajada argentina a Jerusalén, cosa a la que el Papa se opone, como se opuso cuando Donald Trump quiso hacer lo mismo con la embajada norteamericana, por considerar que se trata de una ciudad única, "sagrada para los hebreos, cristianos y musulmanes".

A este espinoso asunto se suma la designación como secretario de Culto de Francisco Sánchez, que cuando era diputado cuestionó al Papa que ahora visitará junto a Milei.

Otra arista incómoda es la integración a la comitiva presidencial de un grupo de empresarios, lo que desvirtúa el carácter espiritual de la cumbre.

Enfilamiento geopolítico incondicional con Israel y los Estados Unidos, encumbramiento de un Secretario de Culto objetor del Papa, contaminación materialista de la audiencia con empresarios, introducción de los evangelistas como competidores en la pelea por las tajadas presupuestarias del asistencialismo.

Ni que la gestión libertaria se hubiera propuesto poner a prueba la paciencia del Pontífice. Como si lo equipararan con Job, aquel hombre al que el Diablo, en componenda con Dios, sometió a sufrimiento para probar hasta dónde llegaba su fidelidad e integridad religiosa.

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