jueves 2 de abril de 2026
Cara y Cruz

El fenómeno del Poncho

Todo anticipa que la temporada turística invernal registrará un nuevo récord en términos de visitantes y movimiento económico. Afirmada como pieza central de este fenómeno, la Fiesta del Poncho se distingue con singularidades que vale la pena destacar.

Insistir solo con que es la fiesta de invierno más importante del país, o la única, equivale ya a bajarle la estatura. No hay en ninguna estación del año una exposición de artesanos, productores e instituciones de la envergadura, variedad y calidad que tiene el Poncho catamarqueño, y en el aspecto artístico, a diferencia de lo que ocurre en festivales de alta fama como Cosquín o Jesús María, cuenta con una fortísima presencia de números locales. Las figuras nacionales traccionan espectadores y sería insensato negar su gravitación en la convocatoria, pero el escenario mayor es una gran oportunidad para los artistas provinciales, que se muestran y también arrastran su público.

El hecho de ser vidriera para el talento artístico y artesanal y la masiva respuesta popular constituyen los dos pilares sobre los que la Fiesta ha construido su éxito.

Atrás quedó la bohemia de los ranchos donde el pueblo confraternizaba como par con sus poetas y músicos en la vieja Manzana del Turismo, pero otros promisorios horizontes se abrieron.

Desde la primera edición, en 1967, los catamarqueños integraron la fiesta a su acervo decididamente y la convirtieron en parte indispensable de su identidad.

Genera discusiones apasionadas debido al sentimiento de pertenencia que despierta. Nadie deja de ir para formarse opinión autorizada sobre la cartelera, la calidad del sonido y las diferentes puestas y las carpas y exposiciones. Para centenares de familias representa una posibilidad preciosa para reforzar los ingresos económicos.

Es un clásico que todo el mundo espera en Catamarca, y nunca decepciona.

La edición del año pasado arrojó indicadores apabullantes, pero era lógico: fue la primera tras el enclaustramiento de la pandemia y el público estaba ansioso. Sin ese elemento distorsivo, la de este año permitirá una evaluación con mejor perspectiva, pero hasta los pronósticos menos optimistas indican que será mejor.

Ocurre que el Poncho ha generado un círculo virtuoso que tiene incluso más ventajas que las también convocantes festividades de la Virgen del Valle.

Durante diez días, el Predio Ferial es epicentro de una intensísima actividad comercial y cultural que ningún turista que arribe a la Capital puede dejar de visitar, hasta por razones funcionales. ¿Qué mejor sitio para enterarse de la oferta que hay en la ciudad y en la provincia? La circulación del público es constante. Se trata de un programa al alcance de cualquier bolsillo.

Artesanos, comerciantes de todos los rubros, instituciones, municipios y artistas se preparan con mucho esmero y anticipación para lucirse, promocionarse y obtener utilidades, en una competencia que redunda a favor del brillo general del evento.

Este año es notable cómo ha encastrado la oferta turística diseñada por la Municipalidad de la Capital para favorecer la permanencia de los visitantes, con un detalle que las autoridades de la comuna destacaron: hay más presencia que otros años de gente del interior que llega a San Fernando del Valle para disfrutarla en vacaciones, y no para hacer trámites.

El primer fin de semana del Poncho la ocupación hotelera capitalina fue del 95%.

“No podemos hablar de un 100% permanente porque se quedan unos días y siguen, pero las encuestas nos dicen que muchos turistas se van a quedar 2 semanas y nos alegra; es novedosos y lo celebramos. La Capital deja de ser un lugar de paso para convertirse en un lugar con ganas de quedarse. La gente pernocta y muchos se quedan todas las vacaciones. Tenemos turistas de Europa, Bolivia, Colombia en Catamarca", celebró Inés Galíndez, secretaria de Turismo de la Capital. n

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