Un informe elaborado por el Sistema Integrado de Casos de Violencia por Motivos de Género, perteneciente al Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad de la Nación, con datos proporcionados por el Poder Judicial catamarqueño, aporta un dato que no puede pasar inadvertido al momento de diseñar estrategias tendientes a la protección de las víctimas de este tipo de violencia: menos de la mitad (exactamente el 48%) de las personas asistidas por casos de violencia realizaron denuncias penales o civiles contra la persona agresora. Es decir que una proporción muy alta de las agresiones ni siquiera son investigadas, y mucho menos las víctimas protegidas, porque no se formalizó una presentación en sede policial o judicial denunciado el hecho.
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El camino que falta recorrer
Previsiblemente, la principal causa de violencia en Catamarca, como en el país en general, es contra las mujeres (92% de los casos). En la provincia, las estadísticas indican que la mayoría de los casos de violencia son sobre mujeres ejercidas por sus exparejas varones
La información respecto de que menos de la mitad de las víctimas denuncia la agresión es valiosa, pero son datos muy generales y preliminares. Es necesario profundizar el análisis para lograr un diagnóstico preciso de las razones por las que no se da intervención a la policía o la justicia.
No obstante, es posible plantear algunas hipótesis que surgen de un análisis somero de lo que sucede cotidianamente. La principal de ellas es el miedo a represalias. Son muchos los casos en los que las instituciones del estado resultan impotentes para ofrecer seguridad y protección a todas las mujeres que denuncian este tipo de hechos. Si bien se registran avances permanentes, la reincidencia del agresor es muy frecuente, con lo que se inicia un espiral de violencia difícil de superar.
Otra causa que se advierte es la dependencia sobre todo económica, pero también de otro tipo- de la víctima respecto del victimario. Radicar una denuncia, en ese contexto, genera zozobras de consecuencias inmediatas para la víctima.
Una tercera hipótesis es que la mujer agredida desista de formular la denuncia porque no se siente contenida por la policía o la justicia, y evita hacerlo para no ser revictimizada.
Confeccionar un diagnóstico más preciso sobre estos presupuestos sería de mucho valor para poder planificar una estrategia que permia prevenir los hechos de violencia, y, de consumarse, de evitar que el espiral de violencia siga creciendo, en algunos casos hasta provocar desenlaces fatales.
Al mismo tiempo, es imprescindible que se continúe y se profundice el proceso de capacitación de los integrantes de las instituciones con competencia en la problemática para que las víctimas de la violencia de género se sientan contenidas y protegidas. Se ha avanzado bastante en los últimos años, pero el camino que resta recorrer es aún muy largo.