A cuatro días de las PASO, los contendientes aumentan sus esfuerzos para quebrar la apatía de un electorado que se muestra en este turno particularmente reticente a involucrarse en el litigio.
A cuatro días de las PASO, los contendientes aumentan sus esfuerzos para quebrar la apatía de un electorado que se muestra en este turno particularmente reticente a involucrarse en el litigio.
La convocatoria a votar es más insistente por parte de los opositores, que tienen menos elementos adicionales al mero entusiasmo para movilizar votantes el día de la elección. También son los más interpelados por la retracción, que indica un rechazo a la política en general pero también que falta todavía para instalar con fuerza la idea de que es necesario un cambio.
Ni siquiera el hecho de que Juntos por el Cambio dirima sus candidaturas en una disputa entre sectores muy competitivos, tanto a nivel nacional como provincial, parece capaz de quebrar esta indiferencia.
Los sectores enfilados con Rubén Manzi y Flavio Fama confían en que la escena se modificará tras las PASO, una vez que estén definidos los ganadores. Sea Horacio Rodríguez Larreta o Patricia Bullrich el candidato a Presidente, estiman que la alianza opositora terminará uniendo esfuerzos por la perspectiva de obtener la Presidencia y que el oficialista Sergio Massa no tendrá demasiado margen de crecimiento más allá de los votos que obtenga Juan Grabois.
En anteriores elecciones provinciales, la oposición mejoró sus desempeños después de las PASO, con un incremento de los votos mayor a los del oficialismo entre elección y elección. Es decir: las distancias no se achican porque salgan de escena la gran cantidad de colectoras que el peronismo presenta, sobre todo en la Capital, sino porque gente que no asiste a votar en las primarias lo hace en las generales y se inclina mayormente por la oferta contraria a la del Gobierno.
Esta incógnita está estrechamente ligada con el desafío que tiene Juntos por el Cambio después de la elección, que es reunificarse después de la interna para sostener masa crítica y expectativas de triunfo.
A nivel nacional, el problema excede a la voluntad de Rodríguez Larreta y Bullrich. Allí el asunto es si cualquiera de los dos quedará en condiciones de arrastrar a sus electorados a votar por el ganador y evitar la fuga hacia otros candidatos, como Javier Milei o Juan Schiaretti. Incluso Massa supone que podría beneficiarse con algunos votos larretistas si la candidata presidencial opositora termina siendo Bullrich.
Esto es más relativo en Catamarca, donde las diferencias ideológicas entre Manzi y Fama son menos marcadas y las alternativas para emigrar de los votantes opositores son menos. La actitud que asuman los dirigentes derrotados es por lo tanto más importante para estimular la participación en la instancia definitoria de octubre.
La interna de Juntos local viene al parecer muy reñida y se juega en ella la interna irresuelta del radicalismo.
El ganador tendrá por delante el arduo desafío de contener a sus rivales y sumarlos a la campaña, más allá de la foto de compromiso y las promesas que se hagan al cierre de la jornada electoral.
Mostrar unidad en forma sostenida entre las PASO y las generales será clave para entusiasmar a ese electorado que se mantiene tan al margen de la pelea ahora e inducirlo a concurrir a las urnas, más aún cuando el oficialismo cerró monolítico en la alianza entre el gobernador Raúl Jalil y el intendente capitalino Gustavo Saadi.
En Catamarca no hay segunda vuelta y, si Juntos pierde, de nada servirán después de octubre las expectativas nacionales que pueda sostener para el balotaje.
El incentivo a la dirigencia para continuar militando en Catamarca, una vez definido el esquema local, pasará por las posibilidades de obtener la conducción de los organismos nacionales, herramientas de primer orden para la construcción política.