jueves 12 de mayo de 2022

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"Día de la Tierra" y reflexiones en torno al cambio climático

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10 de mayo de 2022 - 01:05

Cosmólogos y geólogos hablan de los comienzos de la Tierra hace más de cuatro mil millones de años, de la aparición de pequeñas criaturas marinas en los primeros sedimentos, el surgimiento desde el mar de animales terrestres, la era de los dinosaurios, la evolución con influencias mutuas de los insectos, plantas y mamíferos, de los cuales, en tiempos geológicos recientes, provienen los primates y el género humano. Compartimos material genético y un ancestro común con todas las otras criaturas que son parte de los ecosistemas de la Tierra.

Pocos se detienen diariamente a considerar con un sentido de admiración la matriz envolvente de la cual provenimos y a la cual, al final, todos volvemos. Porque somos parte de la Tierra, la ecósfera fuente generadora de la creatividad evolutiva.

Recientemente se celebró en el mundo el “Día de la Tierra”, iniciativa impulsada en 1969 por activistas ambientales de los Estados Unidos, liderados por el senador demócrata Gaylord Nelson, quien propuso la idea de una enseñanza a nivel nacional sobre el medio ambiente al mostrar su preocupación por la contaminación. Esto se extendió a todo el planeta, llamativamente en una nación -entre otras, las más poderosas- que lidera el porcentaje de emisiones de gases contaminantes hacia a la atmósfera, principal causal de calentamiento global con aceleración y agravamiento del “efecto invernadero”, que ha desequilibrado la distribución de calor y energía en la tierra”, una de las razones del cambio climático.

La grave y evidente crisis climática es el resultado de la variación global del clima del planeta, generada tanto por causas y procesos naturales, como por acciones humanas. Dicha variación se evidencia en cambios, en diferentes escalas y tiempos, de parámetros climáticos como temperatura, precipitaciones, sequías y otros fenómenos naturales extremos, con un impacto directo y muchas veces grave en los ecosistemas del planeta y, como consecuencia, en la sociedad y sus sistemas económicos.

Preocupación global

Desde 1992, la problemática del cambio climático se transformó en una preocupación global, debido principalmente a la evidencia que la ciencia aportó para su identificación, por lo que Naciones Unidas acogió esta línea de trabajo y constituyó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

En 1995 se produjo la primera Conferencia de las Partes (COP), instancia que recorrió un largo camino hasta llegar a la COP 21, que se efectuó en París en 2015, en que el proceso de negociaciones marcó un hito al firmarse el denominado Acuerdo de París, y que consolidó un ideario de largo plazo de los países del mundo respecto a este urgente tema. A la fecha, se han realizado 26 cumbres climáticas.

El Acuerdo de París (casualmente firmado hace 6 años, un 22 de abril de 2016) establece, como principal objetivo, un marco global para evitar un cambio climático peligroso, mantener el calentamiento global muy por debajo de los 2°C y prosiguiendo los esfuerzos para limitarlo a 1,5°C. Las acciones de los Estados (o las Partes) para hacer frente a esta realidad se han traducido en hacer todo lo que esté en su mano, por medio de contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés), y redoblar sus esfuerzos en los próximos años para acercarse al objetivo principal.

El Pacto Climático de Glasgow, que surgió de la cumbre, aporta el compromiso de duplicar la financiación para la adaptación y pedir a los países que presenten compromisos climáticos más ambiciosos durante 2022. La cita, que sobrepasó las dos semanas de duración, fue vista como un momento crítico para los compromisos y la acción climática toda vez que las naciones más ricas no lograran recaudar los $ 100 mil millones de fondos climáticos anuales que habían comprometido a los países vulnerables, y la brecha para mantenerse por debajo de 1,5°C se acrecentó.

La Conferencia sobre el Cambio Climático de Glasgow logró materializarse después de un aplazamiento de un año y fuertes medidas restrictivas, en donde las Partes fueron capaces de adoptar el Pacto Climático de Glasgow: una serie de decisiones de coberturas generales que proporcionan una narrativa política general de la Conferencia de las Partes (COP).

A su vez, y por primera vez en el proceso de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC-UNFCCC), se acordó una referencia a la eliminación gradual de la energía proveniente del carbón y la eliminación de los subsidios ineficientes a los combustibles fósiles.

Antes de la reunión de la COP 26, 153 países, que representan el 49% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, habían actualizado sus NDC’s (compromisos de reducción) al Acuerdo de París. Según lo estimado por el Informe de síntesis de NDC’s de la Secretaría, estas conducirán a 2,7°C de calentamiento global para 2100. Por su parte, los países desarrollados también habían publicado una hoja de ruta que admitía que no alcanzan los USD 100 mil millones por año prometidos para el objetivo de financiación climática de 2020, y probablemente no lo lograrían antes de 2023.

Como consecuencia, para participar e interiorizarse del rápido proceso de negociaciones e importantes discusiones que se traducirán en políticas y planes para cada uno de los gobiernos del mundo, y aportar con una mirada constructiva, es imprescindible no sólo informarse, sino formarse en estas temáticas que delinearán la vida futura de las naciones. Los países requieren de personas con formación sólida, que sean capaces de liderar el camino hacia la sostenibilidad.

El Planeta Tierra y sus diversos ecosistemas con sus elementos básicos -aire, tierra, agua y cuerpos orgánicos- circundan y alimentan a cada persona y a cada comunidad, dándoles vida y tomando de vuelta el regalo cíclicamente. La conciencia de sí mismo como un ser ecológico, viviendo en la interacción productiva, trae un sentido de conexión y reverencia por la abundancia y la vitalidad del sustento de la naturaleza.

La visión ecológica del mundo y la ética que encuentra sus valores de primer orden en la ecósfera extraen su fortaleza de la vida en el mundo natural y seminatural, el medio ambiente rural más que el urbano. La conciencia del lugar que ocupamos en este mundo provoca la admiración, el sobrecogimiento y la decisión de restaurar, conservar y proteger las formas naturales de la ecósfera.

Con el auge de las redes sociales ha sido motivado el hecho de que muchas personas en la celebración de esta fecha multipliquen una gran necesidad respecto a “plantar árboles”, teniendo en cuenta que en ciudades como en zonas rurales, el factor del clima “vegetación” -mayormente nativa o autóctona- neutraliza la emisión de dióxido de carbono, la “isla de calor” y contribuye con la “fotosíntesis”, al incremento del oxígeno siendo elemento vital para la humanidad. ¿Cuántas instituciones educativas en nuestra Catamarca fomentan en jóvenes estudiantes proyectos o programas de plantación de árboles? Sin desmerecer algunas que ya lo vienen realizando, consideramos que existe un número reducido de ellas y que podrían ser muchas más, sin discriminar niveles educativos. Y otro interrogante que nos planteamos es si solamente vamos a quedarnos con la presencia de muy pocos espacios verdes y parques en nuestra geografía, sin sumar nuevos sectores de exclusividad de vegetación, sin contribuir a reducir la mancha urbana gris de expansión de nuestras ciudades, en no sólo el Valle Central, sino también en el interior provincial. ¿Esto no le daría valor a nuestro medio ambiente para que constituya un verdadero festejo del “Día de la Tierra”?

Estamos convencidos de que mientras la ecósfera no sea reconocida como el espacio común indispensable para todas las actividades humanas, las personas continuarán colocando sus intereses inmediatos en primer lugar.

Apropiación y uso abusivo

La principal amenaza a la diversidad, la belleza y la estabilidad de la ecósfera es la apropiación ininterrumpida de los bienes del planeta para uso humano exclusivo. Tal apropiación y uso abusivo, justificado a menudo por el crecimiento excesivo de la población, constituye un saqueo de los medios de vida de otros organismos. La visión homocéntrica egoísta según la cual los seres humanos tienen derechos exclusivos sobre todos los componentes de los ecosistemas -aire, tierra, agua, organismos- es inmoral.

El consumo acelerado de componentes vitales de la Tierra es una carta segura para la destrucción de la biodiversidad y la ecodiversidad. Las naciones ricas pertrechadas con tecnologías poderosas son las principales responsables de este proceso y, por tanto, las más calificadas para reducir el consumo y compartir los bienes con aquellos cuyos estándares de vida son más bajos, pero ninguna nación está libre de culpa.

Las concepciones homocéntricas de gobernanza que estimulan la sobreexplotación y la destrucción de los ecosistemas de la Tierra deben ser sustituidas por aquellas que sean favorables para la sobrevivencia e integridad de la ecósfera y sus componentes. Es necesario que los defensores de las estructuras y funciones vitales de la ecósfera se conviertan en miembros influyentes de los órganos de gobierno. Estos "ecopolíticos", conocedores de los procesos de la Tierra y de la ecología humana, darán voz a los sin voz.

Por ello es necesario promulgar un cuerpo de leyes ambientales que confiera valor legal a las estructuras y funciones vitales de la ecósfera. En los órganos de gobierno de cada país deben ser elegidas o designadas personas ecológicamente responsables, procuradores o representantes que actuarán oportunamente como defensores de los ecosistemas y sus procesos fundamentales cuando éstos se vean amenazados.

Los problemas se decidirán sobre la base de preservar la integridad de los ecosistemas, en lugar de las ganancias económicas. Con el correr del tiempo, como consecuencia de la filosofía ecocéntrica, surgirán nuevos marcos legales, de políticas y de administración para sostener y guiar los métodos ecocéntricos de gobierno. La implementación a largo plazo será necesariamente lenta y paso a paso, a medida que las personas vayan probando las formas prácticas de representar y asegurar la salud esencial de los componentes no-humanos de la Tierra y sus ecosistemas.

Por Lic. Uriel Flores y Prof. Griselda Tejeda.

Observatorio Climatológico de la Facultad de Humanidades de la UNCA.

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