jueves 11 de abril de 2024
El Mirador Político

Chubut como "casus belli"

En algún entretiempo de los dislates, convendría recordar que en la Argentina, no hace dos años, un grupo de estrafalarios perturbados intentó asesinar a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. También, abriendo el ángulo a escala mundial, que experimentos que aplican “modus operandis” parecidos a los de Javier Milei desembocaron en traumas como la toma del Capitolio de los Estados Unidos y el asalto a la Plaza de los Tres Poderes de Brasilia, reflexión más que pertinente si se considera que Donald Trump y Jair Bolsonaro integran la galería de estadistas dilectos del señor Presidente.

El encandilamiento que provocan las novedades muchas veces lleva a subestimar las proyecciones de algunas similitudes y continuidades. Hay novedades que no son tan novedosas por muchas que sean las parafernalias tecnológicas que las adornan.

Que a los actores de todo el sistema institucional argentino se les exijan la racionalidad, la templanza y los modales gandhianos cuya transgresión se le perdona y hasta celebra a Milei como un elemento exótico de su fascinante personalidad es quizás síntoma de la degradación general, pero es preciso subrayar algunos detalles.

Además de la bronca y la depresión social, contribuyeron al vertiginoso ascenso del libertario Sergio Massa y el peronismo, hasta las PASO, y Mauricio Macri decididamente después de la primera vuelta, cuando la derrota de Patricia Bullrich le permitió blanquear sin culpas su idilio con la estrella naciente.

Massa y Macri intentaron manipular a Milei en su beneficio. El peronista, para erosionar el voto de Juntos por el Cambio; Macri, para tratar de convertirlo en instrumento de sus propias ambiciones.

El fracaso de ambos aprendices de brujo se tradujo en la autonomía de un personaje mesiánico y agresivo, que ha dedicado el primer tramo de su gestión a dinamitar cualquier posibilidad de estabilizar el escenario político. Mientras, una motosierra loca y sin tutelajes acelera el incremento de las legiones de expulsados a la pobreza.

Aunque se lo postule como un sujeto complejo, poseedor de saberes misteriosos negados a quienes “no la ven”, Milei es simple, su conducta es lineal y previsible y su meta es clarísima: aprovechar el desprestigio de la clase política para arrasar con cualquier obstáculo a su voluntad.

El desfinanciamiento de las provincias es engranaje central de su estrategia.

Milei miente

Ateniéndose al dogma presidencial del Principio de Revelación, el enfrentamiento con el gobernador de Chubut Ignacio Torres se destaca como un punto de inflexión importante al desenmascarar los enjuagues de tahúr y las mentiras del Gobierno nacional.

La Casa Rosada retuvo 13.500 millones de pesos de la coparticipación de Chubut para cubrir compromisos de una deuda que la provincia tiene con el Fondo Fiduciario para el Desarrollo Provincial. La retención de la coparticipación estaba contemplada en el contrato de deuda, pero el Gobierno nacional rechazó las gestiones de Torres para refinanciarla en mejores condiciones y garantizarla con recursos de las regalías petroleras.

Tal rechazo no fue explícito. Se materializó con demoras en responder las propuestas del mandatario, al que bicicletearon hasta que llegó el momento de poder sablearle la coparticipación para hacerle el mayor daño posible. Es decir: el Gobierno nacional montó deliberadamente un dispositivo que le proporcionara el atajo legal para desfinanciar a Chubut y a Torres.

Víctima de asalto, o estafa, Torres amenazó con interrumpir la provisión de petróleo y gas al país si la Casa Rosada no restituye lo que robó empleando maniobras extorsivas propias de usureros.

Detonado el conflicto, el Gobierno nacional del sinceramiento no tuvo inconvenientes en mentir.

El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo aseveró que “el Gobierno de la Provincia de Chubut no presentó ningún pedido de cancelación de deuda”. El vicegobernador chubutense, Gustavo Menna, difundió de inmediato documentos que prueban sin lugar a dudas que las gestiones se realizaron y no recibieron respuesta.

Se trata de una arbitrariedad manifiesta. El arrebato nacional se produjo inmediatamente después de que Torres obtuviera una sentencia de Justicia Federal de Chubut favorable a su reclamo por la suspensión del envío de los fondos para subsidiar el transporte.

Tiene el aspecto de una represalia con fines pedagógicos, para disuadir a otros mandatarios que pudieran tentarse con la insumisión.

Pretexto de guerra

Pero Torres se rebeló ante las pretensiones de colgarlo como carancho en alambrado y consiguió la solidaridad a su reclamo de todos los gobernadores del país salvo el de Tucumán. La rebelión patagónica evolucionó a rebelión nacional.

El reflejo de autoconservación primó sobre el terror que los mandatarios le tienen a la incontinencia twittera de Milei y el ejército de colaboradores virtuales y mediáticos que le multiplica exponencialmente los dislates: al saqueo de los fondos de asignación no automática como los del transporte y el Incentivo Docente podría sumarse el de la coparticipación federal.

El incidente Chubut reveló también la creatividad de los libertarios para configurar excusas.

El 31 de agosto de 1939, los nazis hicieron pasar por polacos a prisioneros de los campos de concentración para atacar la estación de radio alemana “Sender Gleiwitz” en Gleiwitz, en la Alta Silesia. Fue el “casus belli” que utilizó Hitler para invadir Polonia e iniciar la Segunda Guerra Mundial.

Del mismo modo, Milei utiliza la polémica con Chubut para escalar brutalmente en su enfrentamiento con los gobernadores a quienes, en una nueva exhibición de su inventiva para los denuestos, calificó como “degenerados fiscales”.

Idiocracia

Que el Presidente que agrede sin freno se ponga en el papel de agredido obligado a defenderse no puede extrañar a nadie. Es lo que siempre hace, sin pararse a pensar que sus disparates podrían ser interpretados como anuencia y legitimación de conductas violentas por “Copitos” que nunca faltan.

Pero aparte de eso, con Chubut terminaron de descubrirse las distorsiones conceptuales que animan la gestión libertaria.

Independientemente de la preexistencia de las provincias respecto de la Nación y de lo que marcan la Constitución y las leyes, es obvio que la Casa Rosada administra recursos ajenos.

Que muchos gobernadores incurren en abusos, corruptelas y despilfarros es difícil de discutir. Menos esfuerzos dialécticos demanda, sin embargo, advertir que no es la Nación la que financia a las provincias, sino al revés: son las contribuciones de las provincias, los impuestos que pagan los provincianos, los que financian a la Nación, a cambio de que cumpla con las funciones que las provincias le asignaron. Es el acuerdo fundacional de la República Argentina.

¿Con qué se financiaría la Nación sin lo que las provincias aportan a su Tesoro?

Tal vez el ingenio libertario planea plantar de soja en las macetas de la Casa Rosada, extraer hidrocarburos y minerales del subsuelo de la Plaza de Mayo o criar toros de raza en los caniles de Olivos.

La palabra idiota proviene del griego “idios”, que hace referencia a lo privado, a lo propio. Desde el punto de vista etimológico, un idiota es alguien que solo se preocupa de lo privado, de lo suyo, e ignora o desprecia lo público, lo colectivo.

Es posible que entre las demandas de la sociedad esté la de dejar de ser gobernados por idiotas, cualquiera sea su orientación ideológica.

Capaz que sea esa la tradición nacional que a Milei se le pide romper: terminar con las insensateces y delirios que engendran la idiocracia.

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