Resulta ser que uno puede pasarse la vida entera ignorando historias curiosas acerca de Bonnie Tyler. No es raro, a lo largo de nuestra existencia la magnitud de nuestro desconocimiento es tan vasta que todo lo que podamos saber no será más que una gota en el océano. Esto aplica, entonces, a cualquier aspecto de la realidad, incluyendo la biografía de una cantante exitosa.
No es mi intención escribir esta columna a modo de obituario o necrológica, teniendo en cuenta la reciente desaparición física de esta artista, pero sí, en todo caso, rescatar un dato que me llamó la atención sobre ella, y me hizo pensar en los accidentes con suerte y su influencia en nuestra vida. Bonnie, pese a lo que uno podría pensar, no siempre tuvo la voz grave que le permitió alcanzar las cimas de los rankings musicales. Al parecer, mientras se estaba recuperando de una operación en las cuerdas vocales debía mantenerse en silencio por un breve período pero, en contra de las indicaciones del médico, gritó, se le salieron los puntos o algo así –no sé, no soy cuerdavocálogo- y debido a ese imprevisto su voz alcanzó los registros que la llevaron a la fama.
Permítame el lector ahorrar el chiste fácil de que una mujer debía mantenerse en silencio para curarse y su naturaleza se lo impidió. No sabemos, además, qué causó que rompiera el silencio. Quizás fue justificado, apareció un ratón en la cocina, le comieron el último pedazo de mantecol. Quizás no, quizás solo quiso detener un taxi y su vida cambió para siempre. Pero en todo caso fue afortunado, pues la ronquera resultante la catapultó al éxito mundial, a diferencia de lo que suele ocurrir al resto de los mortales cuando no respetan como es debido las instrucciones médicas. Pruebe el lector omitir tomar pastillas para la tensión, u olvidarse la insulina al salir de su casa, y verá como el destino es por lo general despiadado con estos descuidos. Puede que aparezca en el diario como consecuencia, pero no por vender discos.
Por otra parte, sin ánimo de quitar méritos a Tyler (que ya era una cantante de cierto éxito antes del incidente de sus cuerdas vocales, todo hay que decirlo) hay que admitir que otros artistas se han ganado más a pulso su voz característica, les ha tomado más tiempo y esfuerzo. ¿Cuánto ron y humo pasó por la garganta de Rod Stewart para que consiguiera ese tono de estreñimiento tan particular? Joaquín Sabina coleccionó intoxicaciones y agujeritos en su corazón durante décadas para sonar como un tipo curtido en las piñas de la vida. Por lo general la vida nos hace pasar por toda clase de desencantos para alcanzar algunas virtudes, y los accidentes no suelen tener resultados tan oportunos, lo más saludable que uno puede hacer es evitarlos a toda costa.