El deporte no entiende de barreras ni limitaciones y si nos ha enseñado miles de ejemplos a lo largo de la historia el último llega en el pádel y no por ello es menos sobrecogedor. El primer jugador de pádel sin brazos.
Bautista Palacios, un joven atleta argentino, acumula miles de comentarios en redes sociales jugando al pádel y hasta la admiración del número uno del mundo.
El deporte no entiende de barreras ni limitaciones y si nos ha enseñado miles de ejemplos a lo largo de la historia el último llega en el pádel y no por ello es menos sobrecogedor. El primer jugador de pádel sin brazos.
Bautista Palacios es un joven atleta argentino de General Roca, Río Negro que no ha dudado en saltar a la pista de pádel para mostrar sus habilidades dentro del 20x10. Hasta ahí, todo normal. O normativo, mejor dicho. Pero el suyo no es un caso más de reconversión o afición por el pádel.
Porque Bautista nació con Focomelia Bilateral, una malformación congénita en la que ambos lados del cuerpo desarrollan de forma incompleta las extremidades y en lugar de miembros totalmente formados aparecen extremidades acortadas o incluso unidas al tronco. Una anomalía que afecta a menos de 20 personas por cada millón de nacimientos.
Una condición que no ha impedido a este joven argentino desarrollar una vida sin complejos y que, con humor y pedagogía, muestra a través de sus redes sociales donde intenta visibilizar su caso bajo el lema “Los sueños no se agarran con las manos” con temas cotidianos, de su vida como atleta en pista o creando contenido.
Y en su último video subido a redes sociales ‘Bauti’ reta al propio Agustín Tapia. Sí, al número uno del mundo. Con tono humorístico y desenfadado muestra “cómo hace un tipo sin brazos para jugar al pádel” jugando un partido con amigos. Y, por cierto, no lo hace nada mal.
Un ejemplo de superación y vitalidad que acumula cientos de comentarios en redes sociales y que ha llamado la atención incluso de El Mozart que no ha dudado en compartir y reaccionar a su historia con un “Qué grande” que demuestra que el deporte no entiende de condición y puede ser un motor de cambio y unión.