17 de octubre de 2012 - 00:00
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Algo está vivo en el corazón de la ciudad
Hay un grupo particular de expresión que decide que el espacio público es su lugar para expresarse. Su lenguaje son los colores, las figuras, las letras. Y se plasma en las paredes de la ciudad. Es el arte callejero, que también ganó espacio y adeptos en San Fernando del Valle de Catamarca.
Hay generaciones que se formaron con el lápiz y el papel. Las más jóvenes, ya en la era digital, con el lenguaje virtual cargado de emoticones y reglas gramaticales propias, incluyen sólo a un grupo que se comunica con un idioma particular. A través del uso del lenguaje, podemos identificar diferentes grupos de interés. Pero ¿hay una sola manera en la que se manifiesta el lenguaje? Felizmente, los hombres seguimos buscando infinitas maneras de expresarnos y a partir de allí nace el arte.
Hay un grupo particular de expresión que decide que el espacio público es su lugar para expresarse. Su lenguaje son los colores, las figuras, las letras. Si el medio es el mensaje, es éste un ejemplo acabado de que la elección de las paredes de la ciudad, a la vista de todos, nos dice algo acerca de lo que quieren contar.
Sucede en las comunidades que aunque la generalidad comprenda un mismo idioma, los grupos eligen lenguajes diferentes para expresarse: una manifestación popular, una pintada política, los contenidos de los medios masivos, afiches, un graffiti, una secuencia de stencils o dibujos coloridos en un muro. Cada grupo de opinión elige su modo, con mayor o menor consenso por parte de la generalidad.
El arte callejero surge allí donde hay una necesidad de exposición y de apropiación del espacio público. Una necesidad de decir cosas a la vista de todos. Como el inglés Banksy, capaz de fijar sus obras violando la seguridad de los museos más seguros del mundo con mensajes de advertencia ecológica o pacifistas. O de vulnerar la seguridad de Disney poniendo un muñeco cercano a la montaña rusa, sólo para demostrar la debilidad de los sistemas de seguridad norteamericanos después de la explosión de 11/09.
¿Pero todo lo que se ve en las paredes es arte? ¿Está todo permitido?
Las pinturas provocan un impacto en el paisaje urbano que es difícil de eludir. Si lo que se pinta, escribe o se empapela con afiches es una pared recién pintada en una propiedad privada, seguramente a sus dueños no les importará la calidad artística del autor. Si es en cambio un baldío, aunque también privado, es más fácil que la intervención sea socialmente aceptada. Aunque no siempre se consiguen adeptos.
La razón como atributo de la tolerancia
Pedimos permiso a la dueña de la casa para pintar esta pared, cuenta un grupo de chicos sorprendidos un domingo en plena acción dibujando con sus aerosoles en un baldío de la avenida Ocampo. Mientras detallaban algo acerca de sus dibujos, aparecieron los dueños: Esto es propiedad privada, no vengan a ensuciar acá, increparon. Alguien intentó explicarles que solo trataban de hacer dibujos, que lo que hacían era arte callejero: ¿Arte callejero es un grupo de alguna escuela, de dónde son?.
Los lenguajes eran muy diferentes, y aunque los chicos se esforzaban en explicarles que ellos no ensuciarían el lugar y que habían pedido permiso en la casa de al lado, los que se proclamaron propietarios no estaban interesados en escuchar. Están ensuciando, cuando quiera pintar va a ser más difícil con tanta mugre, repetían. La pared era un muro resquebrajado de ladrillos y revoques. ¿Supongo que cuando decidan construir van a revocar antes de pintar, no?, dijo alguien que pasaba y que se detuvo, porque la situación ya había concitado la atención de muchos. Pero la intolerancia no entiende razones: es un atributo del que carece. Me encantan sus dibujos, dijo alguien. Sí, porque no es tu casa, contestaron los propietarios. Entonces alguien recordó que décadas atrás, en todas las ciudades del país era común encontrar la leyenda PROHIBIDO FIJAR CARTELES.
La iniciativa de estos mágicos individuos ilustrados, capaces de pensar por ellos, algo inusual en un mundo habitado por seres en serie, y con las ganas y el coraje de mostrar lo que tienen para decir en las calles, indica que algo está vivo en el corazón de la ciudad.
El arte callejero es la construcción de un lenguaje nuevo. Pero ¿qué nos están diciendo sus creadores?
El artista local IZEA, reconoce que le atrae la idea del origen vandálico del arte callejero, ésa es su esencia, la antipolítica, la anti-religión. Quiero seguir manteniendo lo incógnito, lo vándalo. Eso es lo que me atrae de pintar las calles, confiesa.
Lo veía en otras provincias y dije: activemos esto en Catamarca, explica IZEA. Cuando yo empecé ya había otros que pintaban y hacían graffitis acá, pero yo me empecé a extender por toda la ciudad, ésa fue la diferencia.
Lo primero que pintó fue en 2008 un monstruito celeste, al frente de un gimnasio en la calle Esquiú. Lo más grande fue un mural abajo del puente Fariñango: Un mural como de cinco metros por dos, dice.
CISKO es otro artista callejero. Su nombre puede leerse por todos lados. IZEA y CISKO se disputan los lugares más visibles de la ciudad. Para el cumpleaños de CISKO le hicimos un mural en Prado y Mariano Moreno, cuenta IZEA.
Una de las cosas más importantes es la reacción de la gente frente a lo que hacemos, explica Banksy en el documental Exit throught the gift shop.
La reacción a veces es adversa: Un día pintábamos un baldío en la Cruz Negra y a la dueña no le gustó. Llamó a la Policía, pero la Policía es gente normal que entiende nuestro trabajo (sic), dice IZEA.
IZEA tiene ahora casi todo su tiempo ocupado en contrataciones para pintar espacios privados. Estoy pintando en tantos lugares que casi no tengo tiempo para mí, explica. La nueva actividad de IZEA nos obliga a preguntarnos: ¿Conserva su arte el espíritu incógnito y vandálico al ingresar en un circuito en el que es ahora una mercancía?
Cuando los grupos antimineros comenzaron a manifestarse en Catamarca, sus integrantes iniciaron una fuerte campaña de rechazo a la política minera en las calles. Sus graffitis pueden leerse en muchas paredes de la ciudad. Una de sus premisas más usadas El agua vale más que el oro, se popularizó en varias provincias mineras del país.
El surgimiento de grupos pacíficos de expresión aunque con prácticas que rozan lo vandálico como el arte callejero-, es una excelente oportunidad para que los Estados agudicen sus sentidos también hacia las necesidades de los sectores de vanguardia y propongan posibilidades de inclusión más diversas.
Muros de expresión
En distintos barrios de la ciudad, la Municipalidad de SFVC está construyendo canchitas abiertas para fomentar la práctica deportiva. En esos espacios se están edificando, además, muros de expresión pensados para la apropiación del espacio público y la manifestación, por parte de los vecinos, de expresiones características de cada unidad barrial.
Colaboración: Pía Cabral
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