12 de julio de 2010 - 00:00
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Mandela quiso estar en la fiesta final
Duró apenas dos minutos, pero con su presencia, Nelson Mandela puso un broche de oro al Mundial de Sudáfrica.
Mandela estuvo en la votación final en Zúrich, en mayo de 2004, y desde entonces, el fútbol ha dirigido su mirada a África y al ya anciano político, que ha ido dosificando sus apariciones públicas por su elevada edad. Sentimos el privilegio y la humildad como sudafricanos de recibir este honor y convertirnos en el país africano que se encargará de organizar el certamen. Debemos esforzarnos por alcanzar la excelencia, comentó en diciembre, en una alocución en el sorteo de la fase final en Ciudad del Cabo. La FIFA le involucró en la cuenta atrás para el Mundial y en septiembre de 2008 le entregó una réplica del trofeo de la competición, como verdadero arquitecto del sueño sudafricano de albergar este evento.
En febrero de 2010, con motivo del 20 aniversario de la liberación de Madiba (sobrenombre con el que se conoce al ex presidente), el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, envió una carta pública a su amigo. Confíamos en que la Copa del Mundo de la FIFA contribuya al legado que tú querías que quedara para tu país, comentó el dirigente suizo.
Uno de los estadios del torneo, el de Port Elizabeth, llevará además el nombre del ex presidente, en señal de homenaje, así como otras infraestructuras, como un importante puente de Johannesburgo.
Pero las muestras de cariño del mundo del fútbol no se detienen ahí. La selección sudafricana acudió a visitarle justo antes del duelo que perdieron ante Brasil en las semifinales de la Copa de las Confederaciones-2009 y repitió el gesto a una semana del inicio del Mundial, regalando una camiseta al líder anti-apartheid, que no dudó en posar con ella.
La estrella portuguesa Cristiano Ronaldo y la delegación de Ghana, cuartofinalista, también pueden presumir de haber podido visitar a Mandela en las últimas semanas.
Pero la pasión de Mandela por el fútbol no se limita al Mundial-2010, sino que viene de mucho más atrás, principalmente de su estancia de 27 años en la prisión de la isla de Robben Island, frente a Ciudad del Cabo, donde eran conducidos los líderes más peligrosos para el régimen segregacionista. En aquella Isla de las Focas (traducción del idioma afrikáner), el fútbol era una vía de resistencia y escape para los prisioneros negros, en contraposición a los deportes de sus carceleros blancos, principalmente el rugby y el cricket.
Para minar su moral, a Mandela no se le permitía participar en las ligas de la prisión. Ahora, la historia le ha resarcido con un especial homenaje en la despedida de la competición de fútbol más importante del mundo.
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