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Cuando el fútbol es pasión y condena

4 de noviembre de 2008 - 00:00
Atrás quedó la fase regular del torneo Anual. Se jugaron 13 fechas, que dejaron al igual que la temporada pasada a Tesorieri como el campeón, con lo que tendrá el orgullo-preocupación-obligación de representar a la Liga Catamarqueña en el torneo del Interior. Al mirar por el retrovisor, para armar el balance, mayoritariamente divisamos una serie de falencias que nos ubican en un laberinto de necesidades y obligaciones del que será muy difícil de escapar. Simultáneamente, el gran mecanismo del fútbol nacional sigue su frenética marcha, en tanto que el estropeado engranaje local de a poco pierde sus dientes. Su rendimiento ya, es casi nulo. Y no importa cómo, pero está obligado a seguir.

Señalar los factores del desencanto generalizado implica un análisis interno. ¿Porqué la cancha vive una fiesta sólo en una final, o en un clásico San Lorenzo - Villa Cubas?; ¿Por qué Policial no se mete en el corazón de los catamarqueños y sigue pasando penurias para sobrevivir en la 4ta. categoría de AFA? Son algunas de las tantas preguntas, cuyas respuestas deben ser tomadas en serio por cada club (14 en esta Capital, sin distinción de categorías, que siguen jugando por jugar, sin proyectos), luego trasladarse a las ligas y posteriormente a la AFA, y recién, con un objetivo, claro, proponerlo al sector público y privado, para trasladarlo al pueblo, que en toda sociedad, es quien da vida a los clubes. Aunque antes de ilusionarse, debe poder confiar, eso es responsabilidad de la clase dirigencial. Mientras la mayoría de los clubes sigue con las puertas cerradas.

Volviendo a lo futbolístico, sobresalen -al pasar- en el haber: el logro de un humilde grupo como Tesorieri; la talentosa juventud -que ilusiona- de los protagonistas del clásico jugado a cancha llena; y aunque con distintos recursos, el crecimiento de equipos como Ferrocarriles y Salta Central; y la conducta del público, que permitió luego de un par de campeonatos no se produzcan incidentes de violencia.

En el debe, encontramos muchas falencias, que pasan desde la logística, mal criterio en las programaciones, para citar un ejemplo; hasta el deterioro edilicio, que derivó en la inhabilitación del estadio. Aunque todas ellas, desembocan en un solo motivo: la falta de recursos económicos. Muchos egresos: la nociva dependencia que generan el Consejo Federal de AFA; el arancel arbitral; los adicionales policiales, gastos de mantenimiento y personal, entre otros. Y un solo ingreso: la Secretaría de Deportes.

Se puede seguir profundizando, pero en definitiva, la sensación es que el grueso de la temporada pasó -queda el Petit- y no hay tiempo que perder; el 2009 está entre nosotros y nuestro fútbol está condenado a tomar una decisión de fondo: trabajar para conseguir una solución suprema que permita cambiar el rumbo, o resignarse al fracaso.
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