2 de abril de 2007 - 00:00
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Sumalao, entre la impotencia de su presidente y el olvido de los demás
En una visita posterior pudimos comprobar la certeza de los comentarios anteriores y para intentar una explicación buscamos el contacto con el presidente de Sumalao, el mencionado Juan Carlos Murúa, quien sin rodeos y con total franqueza aceptó brindar su opinión al respecto.
“Antes que nada quiero pedirle disculpas a la comunidad de Sumalao”, se sinceró, añadiendo que “por razones personales, algunas penosas como la muerte de mi padre el año pasado, y problemas de salud de mi mujer y en lo personal, me han impedido seguir trabajando en el club como yo hubiera deseado”.
“De todas maneras estoy preparando toda la documentación para llamar a la asamblea en unos diez días, rendir cuentas de mi gestión como corresponde y habilitar la elección de nuevas autoridades”, remarcó, y dolido comentó que “lamentablemente me quedé solo”.
Con un dejo de amargura recordó que “el año pasado había propuesto que los miembros de la comisión directiva nos juntáramos para realizar tareas de limpieza en el club, y cuando llegó el momento me quedé con dos o tres dirigentes; el resto se fue a ver un partido de San martín y Obreros en la Liga. Así, no se puede”.
Y ubica la debacle en el período inmediato “a la muerte de mi padre, en septiembre del año pasado, cuando solo dos dirigentes fueron a saludarme; después surgió un problema de salud muy serio con mi esposa y ahora estoy lidiando con una afección de tiroides debido al estrés que estoy viviendo”.
Murúa no oculta que la entidad recibió diferentes subsidios de 4 mil y 5 mil pesos de parte de la Secretaría de Deportes y 3 mil pesos de parte de la Municipalidad de Valle Viejo, pero aclara que “cuando pregunté (al resto de la dirigencia) qué hacemos a nadie se le ocurrió una idea”.
“Apenas si compré 40 sillas y la madera con la que personalmente hice tres tablones, que tengo guardados para que no se los roben, y lo demás se fue todo para el fútbol. Que el pago del técnico, del preprador físico, que los árbitros, que los refrigerios de los jugadores, que los botines, que las medias y así se fue gastando la plata”, describió, para reconocer que “el año pasado el club vivió de los subsidios, no tuvo otros ingresos. No hubo nadie, sobre todo de la gente que está en el fútbol que se lleva la mayor parte de los ingresos, que hiciera una rifa, que vendiera empanadas o algo para arrimar aunque sea una pequeña ayuda”.
El dirigente también mostró la incomprensión y la falta de acompañamiento del resto de la dirigencia para realizar otras actividades que no fueran el fútbol.
Al respecto, reveló que “en el invierno pasado intenté darle otra tónica al club, para que vayan más chicos, las niñas, la familia, entonces impulsé unos torneos de voley y de ‘baby’, pero no tuve eco, no me apoyaron”.
“Yo quería que la gente vaya al club, pero en Sumalao si no hay fútbol, chau…”, reflexionó amargamente.
De aquel tiempo evocó que “para poder hacer voley de noche, cambiamos toda la instalación eléctrica y pusimos focos nuevos, pero a los tres días se robaron todo y nadie vio”, agregando que “hay vecinos que saben quienes fueron, pero nadie dijo nada, hasta el medidor se llevaron”.
Con franqueza Murúa no negó ninguno de los cargos de los vecinos y hasta compartió la opinión de que el club”está abandonado” y que “se está cayendo a pedazos”; aunque como atenuante esgrimió “en este último tiempo no tuve nada de acompañamiento”, por lo que se siente “defraudado”.
Antes de despedirse, como en varios pasajes de la de charla, pidió “disculpas” y reiteró que “después de Semana Santa voy hacer todos los trámites para que se hagan las elecciones (de nuevas autoridades), para entregar todo como corresponde y que cambie todo para el bien de Sumalao”.
El hombre dio la cara, hidalgamente admitió sus fallas, pero también, sensatamente debiera admitirse que se vio desbordado por la impotencia frente a tanta adversidad en lo personal y familiar, casi “en medio del desierto” en lo institucional y atribulado por la soledad en que lo dejaron sus pares de comisión directiva, según su relato.
A lo mejor a este tiempo de Sumalao le cabe el dicho popular que, sabiamente, asegura que “nunca es tan negra la noche como una hora antes de amanecer”.
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