Mientras la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho crece edición tras edición y se consolida como uno de los eventos culturales más importante del país, hay una realidad que permanece casi invisible: la de los cronistas que recorren el predio y trabajan sin contar con un espacio propio que les permita transitar la fiesta con mejores condiciones de trabajo. No hablo de privilegios. Hablo de algo básico.