El debut en la literatura infantil de la reconocida escritora Celia Sarquís.
En esta historia yo sería un hilo invisible que, por esas cosas buenas del destino, unió a una gran escritora que decidió despojarse de los atavíos de la escritura de altura para meterse en el terreno de la literatura infantil; y a una niñita curiosa y ocurrente, por entonces de 4 años, que masticaba cuentos con placer.
Resulta que Celia, la gran Celia Sarquís, es mi amiga; y Celina, la nena bella y curiosa, mi hija. Entre ellas, sin ningún tipo de premeditación, se tejió una complicidad fundada en personajes fantásticos y divertidos, y en palabras y expresiones que les disparaban risas.
Y yo, en el medio, sólo fui testigo feliz de ese encuentro mágico que se produce cuando un niño o una niña se sumerge en un libro de cuentos.
En realidad, al principio no fue un libro de cuentos, fueron cuentos sueltos que Celia comenzó a enviar, tímidamente, por mail, buscando en Celina alguien que los testeara. Es que ella tenía dudas sobre cómo funcionarían esas historias en “niños de verdad”.
Primero llegó la historia de “Emilio, el tortugo fugitivo” que Celina degustó y descreyó pese a su comprobada base real. Luego llegó la historia de Rocco, un perro perdido que logró reencontrar a su dueño por Facebook, y también la del Caracol poeta, capaz de inventar las rimas más inverosímiles.
Celina tuvo el privilegio de ser la primera lectora infantil de esos cuentos. Y fue la encargada, con palabras y reacciones simples y propias de una nena de 4 o 5 años, de hacer saber si le gustaban, si le arrancaban risas genuinas o si algo la dejaba pensando. Y hasta nos sorprendía llevando a otros contextos expresiones que sacaba de los cuentos.
Después llegaron las demandas: Celina quería más cuentos. Y Celia se apuraba en escribirlos.
Así, sin querer queriendo, los cuentos reunidos ya sumaban para un libro y ahí inició otro proceso, esta vez de la mano de dos reconocidos hacedores culturales catamarqueños: el ilustrador Miguel Ahumada y el diseñador Nicolás Reynoso.
El sábado 14 de octubre los tres estuvieron juntos, en la XV Feria Provincial del Libro, presentando en el Espacio Infantil de la Feria, “Cuentos para Celina”, título con el que Celia –con novelas, libros de relatos y poemarios propios editados- debuta en la literatura infantil.
Y aprovecharon el espacio para contar “la cocina” detrás del libro y cómo fueron tejiendo entre los tres sus propias complicidades para que “Cuentos para Celina” se convirtiera en un objeto cultural accesible y atractivo para muchos más niños y niñas.
Michelo contó los entretelones de su trabajo, que implicó personificar a un tortugo fugitivo y adicto a las flores rojas; encontrarle la sonrisa al perrito que buscaba a su dueño por Facebook, dibujar a un cóndor travieso con su copete chamuscado y todos los desafíos en expresiones, en colores y en dinamismo que le exigieron los cuentos.
Y Nicolás contó su proceso de diseño, que supuso poner a jugar texto e ilustraciones en el blanco de las páginas para crear composiciones donde los cuentos se desplegaran a través de los distintos lenguajes artísticos, sabiendo que los chicos entran a las historias por los dibujos.
“Cuentos para Celina” obtuvo a fines de 2022 un financiamiento de la convocatoria “Mi Capital es cultura” para cubrir la etapa de diseño y maquetado; y la impresión fue autogestiva, a través de la editorial Quebracho.
“Los lectores infantiles son los más difíciles”, aseguró Celia quien ya disfruta de la vida propia que comienza a tener “Cuentos para Celina” a partir de que algunos docentes de primaria comenzaron a incluirlo como texto de lectura en las escuelas de la provincia.
El libro reúne 10 historias para infancias que abordan temáticas como la diversidad, la paternidad, la creatividad, a partir de personajes y relatos que se asientan en paisajes y colores nuestros, haciendo guiños a los chicos que viven en suelo norteño, sin dejar afuera al universo amplio y diverso de las infancias.
“Estamos convencidos de que nuestros niños deben acercarse a la literatura a través de autores nuestros”, dijo Celia quien -a través de la editorial Quebracho- también editó el poemario infantil Corazón de Caramelo, de Griselda Krapp y está pronta a publicar una obra de dramaturgia para títeres, de autoría de Federico Abaca.
Celina, la masticadora inicial de estas historias, hoy tiene 11 años y se convirtió en una lectora voraz de cuanto libro cae entre sus manos. Ojalá que estos cuentos, que ella tuvo el privilegio de escuchar primero, lleguen a ser saboreados por muchos y nuevos paladares infantiles. Las historias cálidas, divertidas y deliciosamente escritas por Celia, la artesana de las palabras, lo merecen.