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HILDA ANGÉLICA GARCÍA

Una vida dedicada a las letras catamarqueñas

Tras recibir un homenaje por su extensa trayectoria literaria, la escritora y gestora cultural nos habla sobre su última novela y sus influencias al momento de escribir.

20 de septiembre de 2026 - 00:10

El pasado jueves 3 de septiembre se llevó a cabo una emotiva ceremonia en el hall del Teatro Urbano Girardi. Allí, el Grupo AmArte, con la adhesión de la Municipalidad de la Capital, rindió homenaje a la escritora, docente, gestora cultural y presidenta de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) filial Catamarca, Hilda Angélica García, por su vasta y notable trayectoria literaria. Luego de días revolucionados por la emoción ante el homenaje, la escritora confiesa que su felicidad en los días previos a la ceremonia fue invadida por un sentimiento de incertidumbre: “Yo no sabía qué iba a suceder. Me dijeron que me iban a homenajear, pero nada más. A mí me parecía que era muy grande el salón. Yo decía: ‘¿Y si no viene la gente?’ Porque, como no sabía qué es lo que iban a hacer, todo fue una sorpresa detrás de otra”.

En diálogo con El Códice, de Radio Ancasti 98.5 FM, la autora destacó que durante la ceremonia se hayan realizado lecturas de sus poemas y relatos en voces de diferentes autores y docentes de Catamarca, como Estefanía Herrera, Víctor Aybar, Arturo Herrera, Eduardo Aroca, Vanina Reinoso, Karina Tapia, Rosario Andrada y Judith de los Ángeles Moreno, entre otros. De acuerdo con la autora, esta experiencia le permitió aproximarse a su producción poética desde un enfoque renovado. “He quedado tan impactada y, como digo, tan agradecida porque realmente el acto en sí fue impecable; muy bien organizado y hecho con mucho cariño”, sostiene.

Frente al desmedro que sufre la cultura producto del ajuste nacional, Hilda resaltó el respaldo de la escena provincial y municipal. “Nosotros -desde la SADE- sabemos que podemos usar con toda libertad los salones. Eso es muy importante. En otras provincias, por ejemplo, en cada acto que realiza la SADE tienen que pagar el alquiler”, explica.

En otro tramo de la entrevista, la autora se refirió al panorama literario local y mencionó que las nuevas generaciones “están muy comprometidas con la expresión literaria” en el sentido de que se producen muchas actividades referidas a las letras y también se preocupan por cultivar su obra y no “escribir un poema suelto”. “Después el tiempo irá ubicando a cada uno en su lugar -sostiene, pero ahora todo lo que hacen es verdaderamente valioso; es un aporte importante a las letras catamarqueñas”, sostuvo.

Con más de dieciocho obras, las cuales van desde la poesía hasta el ensayo, la autora reflexionó sobre su último libro -y primera novela- llamada La finadita y publicada en el año 2024. “Soy una lectora compulsiva de novelas”, confiesa, y aseguró que esta obra nació de una propuesta personal de escribir una novela “para darme el gusto de decir: ‘bueno, escribí una novela’”.

Sin embargo, esta novela no está alejada de obras anteriores, sino que conforma una saga junto a Sucedidos en Saujil y Pedro Gaveta. “Esta sería la tercera parte de la saga, fui escribiendo estas obras en base a la recopilación que hacía de los cuentos de aparecidos, donde había mucha magia en el contacto con la gente”, explicó. Una saga sumamente particular, la cual elige compartir un mismo escenario, pero cambia de género literario. Su última novela está ambientada en el Saujil de los años ‘50. “En aquel entonces el pueblo era… no voy a decir precario porque estaba lleno de vida, pero había muy pocos habitantes; un pueblo viñatero donde todo estaba concentrado y se destaca la religiosidad de la gente. Entonces había mucho para contar”, señaló.

Nutriéndose de los testimonios recogidos a lo largo de los años y de las anécdotas de su esposo y pobladores mayores, la autora desplegó un minucioso trabajo arqueológico sobre el habla popular. “Por ejemplo, decir ‘tenía 17 años para los 18’. Cuando nosotros éramos chicos así se hablaba, uno decía ‘tiene 18 para los 19’ u ‘ocho para los nueve’”, detalla sobre esa reconstrucción lingüística.

Su argumento gira en torno a la desaparición de la joven embarazada y el rol de su madre, Felipa, quien vive cada día con el peso insoportable de no saber si su hija está viva o muerta, una incertidumbre que la consume. Sin embargo, la autora menciona que, poco a poco, la trama de esta novela se fue ramificando y, lo que en un principio pensaba que era su personaje principal, rápidamente se fue sustituyendo para que el propio pueblo abarque el lugar protagónico. En este sentido, “las otras pequeñas tramas” fueron ganando espacio y adquirieron un matiz relevante dentro de la novela. “Al ser una novela yo tenía que tener una mirada más amplia y mucho más para decir. Pero llegó un momento en que había hablado ya tanto de la finadita que era como si me hubiera parado ahí mirando para todos lados a ver cómo seguíamos. Y entonces lo resolví enfocando al pueblo como protagonista”, explica.

Por otro lado, consultada sobre sus inspiraciones, la autora destacó la influencia de Cien años de soledad como un “antes y después” en su imaginario literario. “Hay gente que dice ‘ay, no, es muy grande, muy extensa’, pero la novela se pasa volando”. En este sentido, García señaló que, además de ser un fuerte gusto literario, también se interesó por ella como un objeto académico, dando conferencias sobre esta obra y también El otoño del patriarca, otra novela de Gabriel García Márquez. Asimismo, es interesante también señalar ciertas similitudes entre la novela de Márquez y La finadita, ya que en ambas obras es el pueblo el que termina tomando un espacio protagónico: Macondo en la primera y Saujil en la segunda. Lo que es una demostración de una verdadera influencia literaria.

Del mismo modo, la autora señaló su devoción por la obra de Jorge Luis Borges y destacó el ciclo de conferencias que llevan adelante desde la SADE Catamarca por el 40 aniversario de su fallecimiento, bajo el nombre de “Año Borgeano”. “Uno nunca termina de leer a Borges. Siempre aparece algo nuevo y ese mismo texto te remite a otro y a otro, y así sucesivamente”, señala. Esta fascinación por la obra del autor argentino, también la ha llevado a escribir ensayos sobre su inagotable producción literaria.

Sobre el final de la entrevista, ante la consulta de futuros proyectos artísticos, García señaló que ya se encuentra trabajando en dos obras: un nuevo poemario, próximo a publicar, y una novela de la cual, por el momento, tiene el disparador inicial para su trama. “La novela no tiene nada que ver con esta última, está relacionada con mi familia paterna, de mis abuelos y bisabuelos”, explicó. Esta obra tratará sobre estos antepasados asturianos, quienes cruzaron el Atlántico en un barco donde una de las hermanas nació tan cerca del puerto argentino que fue bautizada con un nombre inolvidable: Bienvenida Argentina Luz Divina Libertad. “En la familia le decíamos la tía Ludivina. Ellos vinieron y se instalaron en Piedra Blanca. Por el momento, tengo la planificación y la escaleta de lo que quiero contar. Sé lo que quiero plasmar, pero todavía no me he sentado a escribir”, concluyó.

Texto colaboración: Francisco Gabriel Dorado y Nehuen Vázquez

Sobre la autora

Hilda Angélica García nació en Cruz del Eje, provincia de Córdoba, y se mudó a Catamarca a muy temprana edad, donde consolidó una destacada trayectoria literaria como poeta, narradora, ensayista y gestora cultural, desempeñándose además como presidenta de la SADE filial Catamarca. Es autora, en el terreno de la poesía, de los libros “Después volver” (1967), “Los días del amor” (1980, 2ª ed. 2008), “Memoria de la luz” (1989), “Además, el viento” (1997), “Moradores del sueño” (2001), “Agua de sed” (2003), “Antología poética” (2011) y “Aires de invocaciones” (2014). En narrativa ha publicado “Sucedidos en Saujil” (1999, 2ª ed. 2005) y “Pedro Gaveta y otros relatos catamarqueños” (2018), además de incursionar en la novela con “La Finadita” (2024). En el género de ensayo cuenta con “Literatura catamarqueños. Escritores contemporáneos” (1995), “A libro abierto” (2007) y “A libro abierto II” (2012). A lo largo de su carrera ha recibido numerosas distinciones, entre las que sobresalen el Premio “Café Tortoni” (1987), el premio de ensayo de Gente de Letras (1993), la designación como “Mujer del Año” por la Cámara de Diputados de la Nación (1994), el Premio “Clamor” en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (1994), el reconocimiento como Mujer Destacada en la Cultura por el Ministerio de Trabajo de la Nación (2010), múltiples galardones provinciales e institucionales como el premio “Luis Franco” (2017 y 2018) y los diplomas de honor otorgados por el Senado de la Nación y la Legislatura de Tucumán.

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