martes 20 de septiembre de 2022

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Estreno – Netflix

Olvidable y tedioso cierre de trilogía

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8 de agosto de 2022 - 10:47

1 (uno)

Pipa (Argentina, 2022) Dir. Alejandro Montiel. Guion: Florencia Etcheves, Alejandro Montiel y Mili Roque Pitt. Con Inés Estévez, Paulina García, Luisana Lopilato, Malena Narvay, Mauricio Paniagua, Ariel Staltari. Apta para Mayores de 16 años. Producción original de Netflix.

Pipa es la tercera entrega de una trilogía compuesta por Perdida (2018) y La corazonada (2020), las cuales están basadas en las novelas de Florencia Etcheves y siguen los casos que investiga la policía Manuela “Pipa” Pelari, interpretada por Luisana Lopilato.

Sin embargo, si en las cintas anteriores el mayor problema era el escaso poder interpretativo de Lopilato a cargo del papel principal, en esta entrega se suma un guion plagado de lugares comunes y otras malas yerbas, que hacen de esta producción la peor de la trilogía.

Con la clara intención de convertir esta secuela en una especie de western, esta vez encontramos a la protagonista viviendo en un pueblito remoto del norte argentino, retirada hace años de la fuerza a la que supo pertenecer. Sin embargo, la calma no durará para siempre porque nuevamente se verá envuelta en otro caso: la misteriosa muerte de una chica del lugar que parece tener estrecha relación con la poderosa familia que maneja el destino del pueblo.

Como verán el guion no ofrece nada nuevo bajo el sol, empleando estereotipos que vimos mil veces en otras cintas: policías corruptos comprados por el poder, personajes ricos con negocios turbios, habitantes locales subestimados, y foráneos que parecen ser los únicos capaces de resolver el conflicto como si fueran un mesías venido de lejos.

Además, hay una subtrama que involucra a los pueblos originarios y una empresa minera que solo está de relleno, ya que no tiene relación con el argumento central.

Además de clichés narrativos, cabos sueltos y actuaciones flojísimas (algunas para el olvido), Pipa también tiene problemas a nivel técnico como un montaje totalmente desordenado que no respeta transiciones de escenas, y una banda de sonido anticlimática que por momentos se superpone a los diálogos.

Y hablando de palabras, un detalle no menor es el vergonzoso intento de los actores porteños de imitar el acento del norte argentino, y el uso incorrecto de algunos modismos de la región.

Otro elemento que no se puede pasar por alto es el uniforme que decidieron darle a la policía local, el cual parecía salido de una película americana ambientada en nuevo México.

A pesar de todo, lo único rescatable de esta producción fueron las locaciones y su dirección de fotografía, la cual reflejó el hermoso paisaje natural que posee el noroeste argentino. Las tomas aéreas de la quebrada jujeña, el empinado pueblito de Iruya (Salta), los cerros de colores y los caminos ondulantes, entre otras bellezas paisajísticas, se destacan a lo largo del metraje, y será un valor agregado que se difundan en otras latitudes gracias al filme.

Sin embargo, es lamentable que Netflix siga apostando a contenidos locales que dejan mucho que desear y que, al fin de cuentas, muestran la peor cara de la producción audiovisual nacional.

Lidia Coria

Twitter: @liXoria

Facebook: Cinéfilos a Bordo

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