Como escuchando las voces no dichas, al tercer día de aparición de la casa de los sueños, caían papelitos de todos colores, que antes de llegar al suelo, danzaban en el aire formando un arco iris, ofrecían un espectáculo inigualable, nunca antes visto. Luego formaron una flecha, y con esa forma empezaron a descender. Una, apenas audible, música, a lo lejos se escuchaba. Mientras abajo, los que miraban, que, a cada momento, eran más, tarareaban y movían sus cuerpos, al ritmo de la música.
Cuando los papelitos estaban al alcance, o parecían estar, los niños y hombres saltaban para agarrarlos, para ser los primeros, pero a pesar del esfuerzo, cuando parecían que los tomaban, los papelitos daban un giro y se alejaban de la mano que intentaba tomarlos y adueñarse.
Después de lo que parecía un juego entre los papelitos y quienes querían tomarlos, los escritos multicolores empezaron a descender y a ser tomados por los niños y demás personas que se encontraban tratando de realizar esa acción y tomar conocimiento de lo que había en la casa o lo que se quería comunicar por medios de los papeles.
“Esta es la casa de los sueños”, podía leerse como título, y luego unas letras que se movían acompasadamente fueron formándose y se iluminaban cuando la palabra estaba formada. ¿Qué dicen?, ¿Qué dicen? Gritaban los apresurados, mientras estiraban la mano para tomar alguno de los papeles que lentamente descendían.
“La vida es como uno la moldea, como cada uno quiere que sea, domínala, ármala como te guste, a partir de un sueño”. Se podía leer en la primera frase, cuya luz titilaba alumbrando desde la primera letra, hasta la última y cuando llegaba a esta, la luz brillaba más aún, como queriendo acentuar lo escrito.
En la segunda frase y con otra luminosidad se leía: “La casa de los sueños te ayudará. Quienes la construyeron vienen del amor y quieren una vida llena de felicidad para ti”.
Calculando que la frase fuese leída e interpretada, se borraba y sobre ese espacio, de inmediato, aparecía otra: “Cada día habrá una escalera de nubes y subirá hasta la casa. Allí podrás pedir el sueño que desees, la vida que quieras tener”.
De inmediato un sonido musical bajó desde la Casa de los Sueños y acompañado de un retazo de la nube, que zigzagueante llegó al suelo y se formó la escalera iluminada con sus extremos multicolores, que al final un luminoso cartel decía: “Anímate, ven, sube, haz tu vida como te guste”.
Todos miraron sorprendidos y unos cuantos hasta asustados. Parecía algo mágico. Se miraban como interrogándose si quien subiría primero. Todos querían, pero todos temían. Alguien pasó al frente y tocó la punta de la escalera, era el joven, al que se consideraba el tonto del pueblo.
Después de tocarla, giró y miró a la concurrencia, una sonrisa llena de bondad permitía advertir que la escalera era normal, que no causaba daño al tocarla. Todos animaron al joven, que, cojeando, empezó a subir por la escalera. A medida que subía, sus harapos se iban transformando en ropas distintas, no se advertía bien. Pero que eran mejores que la que llevaba puestas, no había dudas.
Cuando faltaban dos o tres peldaños para ingresar a la casa, ni se notaba su renguera, parecía caminar normal, pero más de uno de los que estaban mirando le adjudicaron esa visión a la distancia, porque sin decirlo, el pensamiento generalizado era: ¿Qué lo va a cambiar?, no es posible eso!
Ante la mirada atónita de los mirones y cobardes considerados normales, el muchacho ingresó a la casa y cuando traspuso el umbral, una música muy agradable se dejó sentir y acompañaba al crédulo en cada movimiento. Esa acompasada música le permitía ir de un lado al otro, y los de abajo se preguntaban que hacía, tardaron un buen tiempo en advertir que el muchacho bailaba, y por los movimientos se podía decir que estaba muy alegre.
Nadie más subió, todos querían, pero todos tenían miedo y desconfianza, de modo que sólo se limitaban a observar la fiesta de la cual participaba el muchacho discriminado de este pueblo, y según como le vaya a él, subirían todos.
Pasaron dos horas y la fiesta seguía, pero al cabo de los ciento cincuenta minutos, la música cesó. La puerta se abrió y el hombre se paró en la puerta, por los movimientos corporales que realizaba, se advertía que se despedía. Luego giró y puso su pie en el primer peldaño para empezar el descenso. Fue entonces cuando se observó a una mujer de largos cabellos rubios que salió, casi presurosa, a la puerta y con un suave ademán lo llamó. El joven volvió sobre sus pasos se paró ante ella y de pronto se fundieron en un fuerte y estrecho abrazo.
Por unos instantes permanecieron en esa posición y luego, mientras ella levantaba la mano y la agitaba en señal de despedida, él comenzó el descenso. No sé cuanto tardó en llegar ante sus vecinos, pero pareció una eternidad. Cuando puso el pie en el suelo alejándose de la escalera, recién en ese momento los vecinos se aproximaron y con los ojos desorbitados vieron a un hombre distinto del que había subido por la escalera y llegado a la “Casa de los Sueños”.
Traje y corbata, zapatos brillosos, era su nueva indumentaria. Un cabello bien arreglado y sedoso, se le podía observar. Pero lo más llamativo es que rasgos distintos habían desaparecido, y su mirada segura, serena y generosa, ocupaba el lugar de la huidiza con la cual se lo conocía.
Puso su mano en el bolsillo y sacó dos juegos de llaves, mira hacia ambos lados y una nube en forma de flecha, que raudamente bajó, le señalaba el lugar. Se dirigió en esa dirección y a los pocos metros lo esperaba un lujoso automóvil, que cuando el hombre llegó, automáticamente abrió la puerta. Y el seguro y distinguido joven, ingresó a él, poniendo las llaves de inmediato y puso en funcionamiento al automóvil.
Se desplazó unos metros, siguiendo la flecha construida de nube, y una casa enorme e iluminada apareció ante él. Descendió del automóvil y caminando sobre una alfombra de nubes muy iluminada, llegó ante la puerta, que sin tocarla se abrió y apareció la joven de largos cabellos que lo despidiera al salir de la “Casa de los Sueños”.
Antes de ingresar abrió el garaje y guardo al automóvil, después si, ingresó a la vivienda y la puerta se cerró detrás de él.
Todos los vecinos lo seguían con la boca abierta, y al cerrarse la puerta de la nueva casa, giraron y salieron corriendo en dirección al lugar donde se encontraba la “Casa de los Sueños” y la escalera, pero cuando llegaron, todo había desaparecido, la casa no estaba, de la escalera, ni rastros. Todo estaba como ellos conocían este lugar, como siempre fue antes de la llegada de la iluminada “Casa de los Sueños”.
A pesar de no encontrar nada, se quedaron parados en el mismo lugar como esperando que algo ocurriera, y así fue, ocurrió que silenciosamente, una vez más, caían papeles desde lo alto. Eran papeles oscuros, de fondo blanco y letras negras, muy negras, que, al llegar a manos de los incrédulos, leyeron en voz alta lo que sintéticamente decían: “Así como la ‘Casa de los Sueños’, llegó para todos, así, al ver que solo una persona creyó, y fue el único que hizo realidad su sueño, así la actitud de ustedes de no creer, destruyó a la casa que con tanto amor se había construido”.
Y una segunda frase que decía: “Podrán observar a la nube, base de la construcción de la casa, pero no sabemos cuándo volverá a ser construida la casa, ni qué misión cumplirá. Mientras tanto tengan fe, crean en el poder y la bondad que parten de Dios y se hace realidad ante ustedes”.
Los hombres y mujeres tristes y hasta algunos con lágrimas en los ojos empezaron a separarse, pero alguien gritó, como culpándose a sí mismo: “El tren pasa una sola vez en tu vida, no lo pierdas”, y otro contestó: “Los griegos describían a la oportunidad como una mujer con la cabellera hacia delante, de modo que cuando venía se la podía tomar, pero cuando pasaba era imposibles, pues de ese lado era calva”.
Sea del modo que fuese, por no creer, los vecinos no pudieron materializar sus sueños. Por las dudas nos mantengamos alertas cuando observemos una nube que se pasea en el firmamento, puede ser que sobre ella se encuentre la “Casa de los Sueños”.
Establecimiento Istataco: agricultura, ganadería y forestal
De Humberto César Cuello
En el trabajo realizado en Anuario de las provincias y Territorios, década de 1950, el gobierno de La Nación realiza una publicación especial sobre el departamento de Tinogasta, por considerarlo único y por el lugar preponderante que ocupa dentro de la producción catamarqueña y por ser económicamente más importante, debiéndose a la laboriosidad de sus habitantes que han elevado el nivel social, cultural y económico, gracias a la obra titánica de esos hombres del Oeste catamarqueño.
Para conocer más de estos hombres a los que se refiere la publicación nacional, tomo párrafos de una publicación realizada por el actual propietario de la Finca de Istataco, Ing. Cesar Cuello Roca, sobre este espacio productivo y su familia, dice: “…Pareciera que la ambición de estos hombres no “cabía” en esa extensión de unas 100 Has y decidieron comprar otra propiedad en Medanitos para que una vez canceladas las deudas se intercambiara con la parte de Humberto en la hacienda familiar cosa que así sucedió.
Es en agosto de 1938 cuando, Armando Antonio Cuello y Humberto Celestino Cuello compran al abogado de La Plata Dr. José V. Figueroa y a Luis Cantarell de Catamarca una finca en Medanitos denominada “Istataco” de 660 Has”.
“…La familia de mi padre como todas las de la época era bastante numerosa, contaba con seis hermanos: Ramón, Rodolfo, Armando, Juan, Víctor, Humberto y dos hermanas: Sofía y Teresa”.
“En esta finca, un lugar deshabitado, la lucha por dominar la naturaleza bravía, pone a prueba un temple de recia fortaleza. Humberto encausa las aguas del río Abaucán por medio de una técnica simple pero ingeniosa; como el nivel del fondo del río bajaba por las crecientes por debajo del nivel de las tomas, cruzó alambres de orilla a orilla con ramas colgantes que al disminuir la velocidad del agua producían la sedimentación de la arena que pronto recuperaba el nivel perdido…”.
En la publicación realizada por el gobierno de La Nación, destacando los hombres y mujeres que contribuyeron en hacer grande a Tinogasta, también se encuentra Don Humberto Cuello, su esposa, sus hijos, y menciona tratando de ubicarnos en el lugar.
“Este establecimiento, verdadero emporio de labor, está ubicado en jurisdicción de Medanitos del departamento Tinogasta. El lugar donde se encuentra es en un valle rodeado de serranías, que al observarlo desde las partes altas lo cultivado, sus cuadros con alamedas, el verde se sus plantaciones, las calles, casas, depósitos forman en conjunto un hermoso y pintoresco paisaje a la vista. Todo un oasis, esta magnífica finca al encontrarse sola en un lugar completamente apartado, pues las regiones rurales compactas se encuentran a 3 kilómetros. La más próxima que es Medanitos y a 7 kilómetros de Saujil y a 2 ½ kilómetros del camino principal que va a Palo Blanco.
Tratase de un establecimiento con 300 hectáreas bajo cultivo, el principal a que se dedica es la vid, luego en segundo orden la alfalfa. En ganadería, crianza de hacienda bovina y caballar, ambos mestizos de acuerdo a los campos de pastoreo natural y clima. En el orden de explotación forestal, tiene dentro de su propiedad bosques de algarrobo trabajándolos con obraje y para industrializar la madera y fabricar parquet, tiene montado un aserradero con sus correspondientes maquinarias, funcionando a vapor.
Los caminos al establecimiento que se desvían de la ruta principal a Palo Blanco a 2 ½ kilómetros, y los internos han sido hechos del peculio personal de su propietario. El camino más largo que se desvía del principal va sobre serranías de los médanos asentados y al bajar al valle donde se encuentra la propiedad en un trecho de un km. Ha realizado un camino de cuesta. Esto también habla a las claras del gran tesón del gestor y ejecutor de estos bienes.
Este emporio de trabajo que es el “Establecimiento Istataco” es considerado y debidamente meritorio al formársele en una de las regiones más apartadas y se le debe exclusivamente al gran esfuerzo y capacidad personal de su propietario señor Humberto C. Cuello, quien lo ha llegado a constituir así, luego de 15 años de constante trabajo y sacrificios, iniciándolo desde lo primero, dado que al instalarse él, era un campo raso.
Visionario y de gran espíritu emprendedor, fue lo que lo indujo a Don Humberto a poblar este lugar desierto, basado como única guía la extensión amplia de campo que iba a disponer y el agua en cantidad suficiente para emprender su aventura, solo con estas perspectivas, primordiales que es la tierra y el agua para animarse a emprender esta clase de empresa.
Arriesgó y resolvió instalarse precariamente en el lugar, esto fue a principios del año 1.937, contando con su único capital, que era su juventud y sus fuertes brazos y su inquebrantable fuerza de voluntad, debido a esta gran decisión y al tratarse de una persona perteneciente a un hogar de prestigio y arraigo del Departamento Tinogasta, contó con el crédito más bien moral que el material. Pues el Sr. Cuello es oriundo de Tinogasta, curso los estudios secundarios en Buenos Aires y parte de los de Agronomía en Córdoba sin terminar una profesión regresó a sus pagos natales dispuesto a llegar al punto que se había fijado en sus años de mocedad, que era, llegar a ser un hombre de bien y con el fruto de su trabajo constituir un ejemplar y bien montado establecimiento. Su familia, Sres. Padres, son de las familias fundadoras en su origen de Tinogasta, quienes eran descendientes del Virreinato del Alto Perú.
Don Humberto Cuello cuenta en la actualidad 50 años de edad, en la plenitud de la vida y si bien, ha llegado a coronar sus aspiraciones, aún no ha terminado su meta de luchador progresista, como buen argentino de entereza y capacidad productiva, siendo de los factores tan necesarios en las regiones más apartadas de nuestra patria para contribuir al adelanto y progreso en lugares inhóspitos y lejanos. Tiene en proyecto y los llevará a ejecución dentro de un tiempo prudencial, convertir el total del campo de que se dispone que son 700 hectáreas, en una gran viña rural, al contar con las tierras excelentes para la agricultura y las aguas para su regadío.
Subdividirá la tierra en forma proporcional, para que se formen fincas de prosperidad positiva. Donde podrán encontrar muchas familias el bienestar hasta para las futuras generaciones. Además, esta organización contará con el asesoramiento de la capacidad y experiencia de él sin ningún interés.
Solo Don Humberto se desprende de sus intereses como buen argentino para bien de la Patria, dentro de su espíritu generoso y amante de su pueblo rural pre-cordillerano que cobije a muchas familias que beneficie a éstas, a la provincia al poblarse más y dar mayor producción y por consiguiente a La Nación.
Muy digno destacar en párrafo aparte que Don Humberto ha llegado al triunfo de esta meta, habiéndose iniciado sin capital; sirviendo de ejemplo como él lo expresa, lo que es la voluntad y el trabajo constante.
Es un respetable jefe de hogar, con dos hijos varones que le ha dado su señora esposa, Doña Aurora Roca, abnegada compañera quien lo ha alentado y ayudado en todos los momentos, dejando también todo el confort de la ciudad para acompañar a su esposo del primer momento;
Los dos vástagos llevan de nombre: Enrique Luís y Cesar Alberto”.
En la actualidad, el ingeniero César Cuello Roca continua con el legado familiar, ostentando con orgullo la continuidad del trabajo y exhibiendo orgullosamente el producto elaborado, los afamados vinos Cuello Roca y demás productos provenientes de esa gran Finca de Istataco.
Texto: Colaboración de Oscar Hugo Alaniz
Fotos: Propiedad del Ingeniero Cesar Cuello Roca