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EL FUERTE DE ANDALGALÁ

Entre la historia y la definición territorial

24 de mayo de 2026 - 01:05

En reiteradas oportunidades he escuchado a mis conciudadanos referirse a los límites territoriales de Andalgalá, particularmente hacia el sector norte del departamento. En torno a esta cuestión circulan diversas conjeturas, aunque una de ellas adquiere mayor resonancia: ¿Santa María se extendió hacia el sur? ¿Cuáles son, en definitiva, sus límites reales? ¿Se encuentra Andalgalá perdiendo progresivamente parte de su territorio, del mismo modo en que fue perdiendo su antiguo topónimo?

En este sentido, resulta significativo recordar que el nombre “El Fuerte”, ampliamente utilizado por la comunidad durante más de 400 años, estuvo presente en documentos protocolares, cartografías e incluso en el sello institucional que rezaba. “Municipalidad del Fuerte de Andalgalá” hasta mediados del siglo XX. Su desplazamiento no responde a una evolución espontánea del lenguaje, sino que se vincula con la influencia de medios de comunicación gráficos y radiales que, desde aproximadamente 1950-1960, promovieron la expresión “Perla del Oeste”, una denominación carente de sustento histórico.

Este fenómeno pone en evidencia cómo la identidad de un pueblo puede verse debilitada cuando no existe una práctica cultural y discursiva sostenida que resguarde su memoria colectiva, permitiendo así la alteración progresiva de sus referencias históricas.

Cartografía e interpretaciones del espacio

La delimitación territorial de Andalgalá fue establecida por el Cabildo de San Fernando del valle el 1 de marzo de 1822, consignándose los siguientes límites: al Norte, el río Arenal; al Este, la Sierra del Ambato; al Sur, la provincia de La Rioja; y al Oeste, los campos del Moreno, Barreal Grande y la sierra de Belén.

La última delimitación formal fue impulsada en 1895 por el gobernador Julio Herrera, mediante un decreto que establecía que El Fuerte limitaba al norte con el extremo sur del campo del Arenal y el de Los Pozuelos en toda su extensión. Asimismo, advertía que numerosos límites departamentales no se encontraban claramente definidos ni suficientemente conocidos.

A partir de estos antecedentes, diversos cartógrafos y dibujantes elaboraron representaciones del territorio que, en muchos casos, omitían las divisiones departamentales. Tal es el caso del explorador Martín de Moussy, quien en 1863 confeccionó un mapa donde no se precisan dichos límites. Posteriormente, en 1888, Francisco Latzina publicó una cartografía en la que el territorio de Andalgalá hacia su norte, aparece notablemente reducido en relación con los registros documentales.

En este contexto, adquiere especial relevancia la figura de Gunnar Anfin Lange, agrimensor y topógrafo, quien en 1881 fue comisionado por el Estado nacional para intervenir en la delimitación entre Argentina y Chile, y en 1888 fue designado Jefe de la Comisión de Catastro General de Catamarca. Posteriormente, entre 1887 y 1893, elaboró junto a Enrique Delachaux un mapa integral de la provincia, publicado por el Museo de La Plata, el cual constituye una fuente fundamental para el análisis histórico-territorial.

Cabe destacar que este mapa presenta un notable acercamiento a los límites establecidos en 1822, por el Cabildo presumiblemente con conocimiento de los documentos y de las propiedades del General Luis Joseph Díaz de Peña.

En la actualidad, la revisión de escrituras, operaciones de compraventa y mensuras históricas se torna imprescindible para comprender la configuración territorial real. En este sentido, la intervención de la Legislatura provincial en el marco de la Constitución Provincial, art. 110, inc. 29 resulta fundamental para avanzar en la definición precisa y definitiva de los límites entre departamentos.

Recuerdo un episodio ocurrido en agosto de 2024, durante una exposición de objetos antiguos en la biblioteca Popular Domingo Faustino Sarmiento de Andalgalá, en el que un ex funcionario afirmó que el Ingenio o Molino del Arenal se encontraba bajo la jurisdicción de San José (Santa María). Esta apreciación, lejos de ser un caso aislado, refleja una creencia bastante extendida que, sin embargo, contrasta con la evidencia aportada por la documentación histórica y legalmente legislada en 1822 y 1895.

Orígenes mineros en un sector del Arenal

El 5 de enero de 1763, Juan Joseph Argumosa, Veedor de la Villa Imperial de Potosí, informó al gobernador Joaquín Espinosa y Dávalos sobre el hallazgo de oro en los cerros de Anselpoca o Anconquija, descubierto por el peón peruano Esteban Argota. Este hallazgo dio origen a una serie de transacciones: Argota vendió sus derechos a Francisco Rengel, y posteriormente estos pasaron a manos del General Luis Joseph Díaz de Peña, según consta en su testamento.

Entre las propiedades adquiridas se encontraba el ingenio “San Antonio de Padua” hoy conocido como “Molino”, cuya extensión estaba delimitada por el Río Potrerillos al norte, el Río Las Conchas al sur, las cumbres limítrofes con Tucumán al este y el Camino Real de Andalgalá a Santa María al oeste. Este mismo límite se ratifica en las ventas de la familia Figueroa en 1915 libro de protocolo de Gabriel Blanco, serie N°859. El ingenio del Arenal era una de las tantas pertenencias del mayorazgo.

Según Martín de Moussy (1860), en 1825 un descendiente del mayorazgo de Huasán reactivó la actividad minera en el Arenal mediante la incorporación de 28 mineros ingleses. Este protagonista habría sido Miguel Díaz de Peña, figura destacada tanto en el ámbito minero como en la vida política. Sin embargo, tras el conflicto bélico de 1830, las explotaciones quedaron nuevamente abandonadas.

La herencia Figueroa y la consolidación de Ponce de León

Tras casi seis décadas, los descendientes del mayorazgo de Huasán decidieron vender sus propiedades en Ingenio del Arenal. El 1 de octubre de 1890, Emilia Figueroa de Figueroa y su hijo Cristino Figueroa firmaron un compromiso de venta a favor del andalgalense Ramón Gil Ponce de León. El proceso de escrituración fue complejo y se extendió durante varios años, incluyendo la intervención de Javier Iturralde (1891), el registro ante el escribano Telesforo Ruiz y la continuidad de trámites tras el fallecimiento de Emilia Figueroa el 26 de diciembre de 1894 en la Cébila. Entre 1898 y 1899, Mercedes y su hermana Rosario Figueroa completaron la transferencia de derechos, consolidando así una extensa propiedad en manos de Ponce de León.

Conflictos, mensuras y superposición de tierras

En 1901, Ponce de León intentó reactivar el ingenio junto a la sociedad Tabernier y Cía. Más tarde, estableció una sociedad minera con el italiano Conrado Radi, residente en Santa María. Las relaciones se deterioraron, derivando en un protesto formal el 2 de mayo de 1921, ante el juez de paz Augusto Gonzales. Estas no fueron las únicas adquisiciones de territorial de Ponce de León en Andalgalá poseía; El Matico con acceso a aguas del río Arias. Las Conchas con derechos sobre el río homónimo, anteriormente propiedad de Ángel Manuel Díaz. En Santa María; Los Cerrillos (1892) comprado a Exaltación Zerpa, El Zarzo comprado en 1895 a Carmen Villagra y Yapes (1917) adquirido a Rafael Gutiérrez.

La configuración territorial del campo El Cazadero se fue definiendo a partir de antecedentes hereditarios y sucesivas operaciones de compraventa.

El 24 de junio de 1912, ante el escribano público Augusto Correa, se solicita elevar a escritura pública la venta realizada por Dominga Reinoso de Arias y sus hijos Ercilia, Remigio, Salvador Espíritu y Moisés Arias, descendientes de María Ventura León o Chacana (extinta), a favor de Eduardo Luraschi, de una propiedad ubicada en el Distrito Minas de Andalgalá. A los pocos días, el comprador encarga al perito Adolfo García Velázquez la mensura y deslinde de una superficie de 37.500 hectáreas, cuyos límites eran: al Norte, el potrero “Pie del Médano” de Asencio Córdoba; al Este, el potrero adquirido por Martina Tarifa a los herederos de Retamoso, lindero al camino carril a las minas; al Sur, la propiedad de María Feliciana Villagra, en proximidad al portezuelo situado al sur de la Aguada de Pacta o Pasta; y al Oeste, tierras a deslindar con Hualfín (Belén).

Este campo, denominado “El Cazadero”, aparece en una escritura con fecha 9 de junio de 1826, otorgada ante el Juez Partidario de Santa María Eugenio Soria Medrano, mediante la cual María Feliciana Villagra vende la propiedad a Pedro Antonio León. La revisión de este título se extiende a otros documentos. El 1 de mayo de 1838, ante el alcalde partidario de Andalgalá, los apoderados Dionisio Córdoba y Tula y Toribio Borja Zúñiga hijo y yerno de María del Tránsito Tula y Varela por pedido de la propietaria, otorgan en venta una estancia denominada “El Arenal”, ubicada según ellos, en el departamento Santa María, a favor de Marta Ventura León. Sus linderos eran: al Norte, el arroyo de los Chiqueritos; al Sur, el río Blanco; al Este, el cerro Nevado; y al Oeste, tierras de la misma vendedora, denominadas “El Cazadero”. Según registros parroquiales la adquiriente Marta León falleció en Choya (Andalgalá) el 14 de septiembre de 1862.

Cabe señalar que los límites consignados por los apoderados Córdoba y Zúñiga particularmente las cuencas del arroyo Chiqueritos y del río Blanco se ubican al sureste de las Lomas Redondas y de La Salamanca, sector que corresponde inequívocamente a jurisdicción andalgalense. Estos límites se encuentran comprendidos dentro de la extensión territorial de la familia Figueroa, según la escritura N.º 202 del 1 de julio de 1915, registrada en el protocolo de Andalgalá, la cual consigna una superficie aproximada de 10 km de frente por 25 km de fondo, inicia en rio Potrerillo y termina en rio las conchas.

En cuanto a los títulos de Los Pozuelos y El Arenal, el 20 de octubre de 1888, en Santa María (distrito San José), Cirilo Soria y otros ocho hermanos venden dichas propiedades a Gilberto Lerena, oriundo de Buenos Aires. Los límites establecidos eran: al Norte, lo reservado por los vendedores y el potrero Corral Viejo; al Sur, “El Cazadero” y el Cerro Negro; y en sentido este-oeste, desde el Alto de los Nacimientos hasta encontrar el camino de Andalgalá por el pie del Cerro Negro y las lomas denominadas Salamanca”. Estas tierras fueron posteriormente mensuradas por Hilarión Furque, observándose en su trabajo un avance sobre territorio andalgalense y la omisión de otros títulos existentes en la región. Veamos este territorio: Tras un remate público, Justo Espeche adquiere estos campos y posteriormente ante el escribano Noé Quiroga de Capital, según escritura N° 127 del 5 de diciembre de 1906, los vende al abogado Deodoro Maza, Fabio Carranza, David E. Arce y Ezequiel Figueroa.

Paralelamente, Dolores Mercado de Agüero manifiesta interés en deslindar la estancia “Pie del Médano”, con fines de venta. Según la documentación, los límites generales consignados eran: al Norte, Punta de Balasto; al Este, el camino a Andalgalá; al Sur, las minas; y al Oeste, Corral Blanco y Corral de Barranca. Como vemos, hacia el sur no se precisan mayores detalles dice “las minas” que podría ser el ingenio del Arenal y no las minas del Atajo. En el expediente Hilarión Furque señala que sigue las sugerencias de los interesados “sus representados convinieron en que la división del campo se hiciera trazando una línea al sur hasta el cerro el Atajo que divida este campo en dos partes” al Este Dolores Agüero y al oeste el Dr. Deodoro Maza y socios es demasiado evidente que no se buscó saber los antecedentes territoriales que ya planteamos en este escrito, sino más bien extenderse hasta las bases del cerro el Atajo tomando las tierras del Cazadero y del Arenal de Ponce de León. Cuando se efectuó el edicto el 7 de abril de 1907 los propietarios de Andalgalá posiblemente ni se enteraron, ya que los periódicos de esa época no eran de masiva circulación y todavía el tren no llegaba a la población del Fuerte y si se enteraron, la reunión y presentación de títulos era en Punta de Balasto. Cuando se inició la mensura sólo tres de Santa María pudieron hacer un protesto Carmen Villagra, Ángel Soria e Ismael Vargas.

Otro título que revisó el agrimensor Adolfo García Velázquez, fue la propiedad de Samuel A. Lafone Quevedo que estaba en la parte sur del Cazadero, llamado “Tampa-Tampa” donde el 20 de mayo de 1865, ante el escribano público Belisario Ahumada, en la ciudad de Catamarca, doña Leocadia Perdiguero, le vende a Lafone. La propiedad lindaba al este con el cerro del Pasto; al oeste, con el cerro Ampujaco y el Vallecito; al norte, con el campo de Tampa-Tampa.

Adolfo García Velázquez observó irregularidades técnicas en la efectuada por Hilarión Furque en 1908 y otra por Isauro Baigorri en 1912. En efecto, Furque, en las mensuras de “Los Pozuelos” y “El Arenal”, había incorporado indebidamente parte del campo “El Cazadero”. Por su parte, la mensura realizada por Isauro Baigorri también resultaba superpuesta sobre sectores previamente mensurados por Furque, tomando áreas correspondientes tanto a “El Arenal” como al campo “El Cazadero”.

Una cuarta mensura fue impulsada por Ramón Ponce de León, cuyo trámite se inició en diciembre de 1919. El área a mensurar comprendía los fundos denominados “El Arenal”, “El Zarzo”, “Los Cerrillos” y “El Espinillo”. El trabajo fue encomendado al agrimensor Adolfo García Velázquez. Si bien los edictos correspondientes fueron publicados en 1920, el perito no pudo concluir la mensura debido a una grave enfermedad que lo afectó entre mayo y noviembre de ese año. Por tal motivo, solicitó la reanudación de las tareas, lo que fue autorizado por el Juez de Letras el 27 de mayo de 1921.

En definitiva, los expedientes vinculados a cada uno de estos sectores son extensos y complejos, y es probable que en el futuro nuevas revisiones permitan el hallazgo de documentación adicional. Resulta, por ello, fundamental la intervención de las instituciones legislativas que tengan a su cargo la organización y eventual redefinición de los límites establecidos en 1822 por el Cabildo de Catamarca.

Desde entonces han transcurrido 204 años, lo que plantea un interrogante aún vigente: ¿cuánto tiempo más deberá pasar para que la provincia decida invertir en el estudio y la delimitación precisa de sus límites internos?

Texto y Fotos: colaboración Investigador Benjamín Balsa

Fuentes:

AHC, Sucesorio, Caja 24 Año 1809, Testamento de Luis Joseph Díaz de Peña

AHC, sucesorios año 1802-1805 Caja N°21

AHC, Mensura caja bis 2

Mensura elaborada por el Ing. Adolfo García Velázquez, se ve las interposiciones de Furque (azul) y Baigorri (rojo).

Lange y Delachaux 1887-1893 norte de El Fuerte, mapa solicitado por el Museo de La Plata.

Mapa de Martín de Moussy 1864 puede verse el topónimo de “El Fuerte”.

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