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Batalla aérea de la Casa Rosada

El combate de los granaderos catamarqueños

Hace 69 años, 265 granaderos escoltas presidenciales cumplían con el Servicio Militar Obligatorio en el Regimiento de Granaderos a caballo Libertador General San Martín, Escolta Presidencial, Ceremonial y Protocolo. Entre ellos, tres catamarqueños.

16 de junio de 2024 - 02:05

El 16 de junio de 1955 realizaron la defensa armada ‘in situ’ de la Casa de Gobierno de la Nación, asiento natural del presidente de la República Argentina.

La sede del poder político fue atacada con bombardeos, ametrallamientos aéreos y terrestres con trescientos infantes de la fuerza aeronaval y de la aviación militar de guerra, destruyéndola considerablemente, llevando a la práctica un plan organizado de matanza y exterminio a gran escala de argentinos. También la clase obrera que concurrió a la Plaza de Mayo a respaldar a su líder en forma pacífica, fue muerta y lastimada con graves amputaciones en sus miembros, porque las bombas fueron lanzadas sobre cincuenta mil manifestantes reunidos, incinerándolos vivos. Los heridos de gravedad superan el millar en los alrededores del microcentro porteño y otros lugares de la ciudad. Intentaron concretar el magnicidio contra presidente, el Teniente General Juan Domingo Perón, para sustituir ilegalmente el estado de derecho por un gobierno dictatorial y de triunvirato.

Fue un caso único en el mundo y en la historia universal, donde una rama militar patriota se subleva contra el Jefe de Armas y Presidente de una Nación, ejecutando con pena de muerte a los ciudadanos a los que debían proteger. Fueron ataques bélicos realizados desde naves de propiedad del Estado Nacional con la participación de pilotos, militares argentinos como ejecutores profesionales en el arte de una conflagración, para atacar y fusilar desde el aire a civiles inocentes y desarmados.

Era la primera vez que nuestra fuerza aérea intervenía en un conflicto bélico y disparaba todo su poderío de fuego desde los cielos para disciplinar a los argentinos. Jamás peleó contra una invasión aérea extranjera hasta ese momento, convirtiendo a la plaza más importante de la Patria y alrededores en un campo de fusilamiento público a cielo abierto delante de las cámaras de filmación de periodistas extranjeros. Se instalaba y era el inicio del terrorismo de Estado con bombardeos y ametrallamientos aéreos en Argentina, contra el pueblo en plena vigencia de la democracia, que continuaría el día 16 de setiembre de 1955, y nuevamente el 24 de marzo del año 1974 al instaurarse otro gobierno de facto.

Sin embargo, enfrentaron mortalmente en lucha armada al Regimiento de Granaderos, agrediendo simultáneamente a la Policía Federal Argentina en su propia central sin mediar conflicto de beligerancia o declaración de la misma. Así fue como nueve mártires Granaderos murieron heroicamente en combate, dando la vida en resguardo de la Investidura Presidencial, el estado de derecho democrático, la Constitución Nacional, el pueblo argentino y la preservación de la integridad física del mandatario constitucional.

Los escoltas presidenciales no dejaron invadir el interior de la Presidencia por ningún insurgente o fanático con intenciones de asesinar a la primera autoridad, máximo orgulo de valor y coraje que cada granadero vive como una condecoración personal. Cumplieron con la primera orden que recibía todo granadero escolta al ingresar al servicio militar: "entregar su propia vida antes que la del Presidente de la Nación".

Así lo hicieron, siguiendo la victoriosa tradición del soldado Juan Bautista Cabral y Bautista Baigorria cuando interpusieron sus existencias entre la filosa bayoneta enemiga y el vulnerable General San Martín, quien yacía indefenso en el suelo apretado por el peso de su caballo muerto por un cañonazo. Creador del Regimiento de Granaderos a caballo, con el que daría la libertad a medio continente americano.

Los nueve granaderos héroes nacionales que perecieron en el campo del honor ofrendaron sus vidas como un sagrado acto de fidelidad a las instituciones, juramento que la marina aeronaval y la aviación militar violaron. Pusieron sus cuerpos como escudos para impedir el paso de las balas. Eran jóvenes de veintiún años de edad oriundos de tierra adentro de nuestro país, montes, valles, cerros, selvas.

Ellos fueron Baigorria (San Luis), Cárdenas y Córdoba (Catamarca), Díaz (Salta), Drasich (Chaco), Inchausti (Bs. As.), Mocca (La Pampa), Navarro (Jujuy), Paz (Santiago del Estero), y todos los heridos sobrevivientes.

El soldado granadero Pedro Teófilo Bustamante (catamarqueño), héroe nacional sobreviviente, integrante del Escuadrón Armas Pesadas Sección Ametralladora Antiaérea y Comunicación, puesto tirador de ametralladoras antiaérea, combatió en la terraza del palacio presidencial disuadiendo a los cazabombarderos y cazasinterceptores junto a los camaradas de su escuadrón.

Bustamante resultó con lesiones menores y fue enviado por el jefe del Regimiento, el coronel Guillermo Gutiérrez, integrando la comisión civil y militar para trasladar en tren hasta Catamarca los ataúdes que portaban los restos mortales de los dos gloriosos catamarqueños muertos en el combate. Ramón Antonio Cárdenas, del Escuadrón Abastecimiento y Servicios Sección Tracción mecanizada y blindada antiaérea, chofer de camiones y tirador; y Laudino Córdoba, tirador del 3er. Escuadrón. Ambos fueron cubiertos por banderas argentinas y los laureles de la gloria y libertad de nuestra Patria.

Fueron esperados por todo el arco político de la provincia, encabezado por el gobernador constitucional Armando Antonio Casas Nóblega, quien se mantenía fiel al estado de derecho y obediencia a la autoridad nacional.

Las exequias fúnebres fueron multitudinarias, tanto en los velatorios como en la ceremonia religiosa y en el cementerio municipal, donde también acompañaron todas las autoridades del Regimiento 17 de Infantería y el Distrito militar Nro. 53, honrándolos con el ceremonial de honores militares junto a granaderos del séquito castrense local y de Buenos Aires.

La inauguración de la estación ferroviaria, la bienvenida que se le hiciera a la señora María Eva Duarte de Perón y la recepción de los gloriosos restos mortales de nuestros Héroes Nacionales fueron los tres grandes actos convocantes y multitudinarios que se registraron en la estación terminal de trenes local, General Manuel Belgrano.

Catamarca tiene a estos tres granaderos como las únicas y primeras víctimas del terrorismo de Estado sin visibilizar y sin reconocerlos específicamente. Es tiempo de legislar e institucionalizar el “Día de las víctimas de los bombardeos con ametrallamientos aéreos”, efectuados por el terrorismo del Estado Nacional. Historia que con el paso del tiempo fue olvidada por la falta de transmisión oral, no valorada por la historia local.

La ley provincial N°5723, sancionada en noviembre de 2021, autoría del entonces senador Oscar Vera, propone la construcción de un monumento para homenajearlos. El expediente pasó al despacho del vicegobernador Rubén Dusso para llamar a concurso de escultores. Es justicia dar curso al trámite de construcción para reparar la historia y construir memoria en las nuevas generaciones.

El año próximo se conmemorarán los 70 años de la muerte de estos gauchos granaderos, de la defensa a la investidura presidencial y la Constitución Nacional. Catamarca se olvidó de ellos y es tiempo de reparar la historia.

Señor Gobernador Raúl Jalil: la historia y la democracia nos convocan para la construcción del memorial para conmemorar el 70 aniversario de los crímenes de lesa humanidad del 16 de junio de 1955.

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