Con 24 años y una espontaneidad y frescura que contagian, Franco Agustín Gutiérrez avanza por la vida llevando en una mochila casi invisible, el diagnóstico de retraso mental moderado y quiste aracnoideo inoperable en el cerebro.
Ejemplo de superación y trabajo en equipo
Con el acompañamiento incondicional y los cuidados de su madre Gloria Pachado, Franco es un ejemplo de perseverancia, esfuerzo y superación.
“Mi niño hoy es un hombrecito. Tiene 24 años y padece discapacidad motora y en el habla. Tiene un quiste en la cabeza que no es operable que habría salido por falta de oxígeno al momento de nacer”, explicó Gloria.
Recordó que cuando Franco cursó el jardín de cuatro años, “me dijeron que tenía un problema. Antes era muy difícil lograr la integración de un niño con discapacidad en las escuelas. En todos lados me cerraron las puertas. Repitió el jardín de cinco años porque no lo podían pasar a primariadebido a que no lograba establecer una comunicación con los demás. Fue entonces que comenzó un tratamiento con psicólogo, psicopedagoga y fonoaudióloga y psicomotricista, aún sin tener un diagnóstico”.
Remarcó que en reiteradas ocasiones le dijeron que en las escuelas le “dijeron que debía sacarlo de las escuelas comunes y enviarlo a una institución con niños que tuvieran discapacidad. En Valle viejo fui a una en la que me dijeron que no había cupo, y así fue que comencé a recorrer todas las escuelas y llegué a la escuela Montessori, donde me lo aceptaron”.
Pero esa incorporación no fue fácil porque “atravesamos por un período de adaptación en el que la escuela ponía a prueba o evaluaba su comportamiento y como éramos nosotros, los padres, con nuestra labor de ser responsables y de acompañarlo”, remarcó.
Con seis años Franco cursó primer grado y fue una experiencia “muy dura para mí porque era todo nuevo. Él no acataba las órdenes y en la escuela me decían que necesitaba de un acompañamiento terapéutico para poder continuar. Como no tenía por la obra social cada tres meses firmaba un contrato mediante el cual yo asumíaciertas responsabilidades. Sino el quedaba fuera de la escuela”, agregó y remarcó: “Fue en segundo grado cuando Franco comenzó a ser asistido por la licenciada en psicopedagogía Rosa Barrionuevo, como acompañante pedagógico escolar (APE) dentro del aula, hasta la actualidad”.
Indicó además que la dificultad para hablar surge cuando debe pronunciar palabras largas o con muchas consonantes, y como ejemplo de limitación motriz comentó que puede atarse los cordones de las zapatillas.
“Tenía 7 años, aún no contábamos con un diagnóstico y Rosita me envió a Córdoba. De allá volvimos con el diagnóstico de quiste aracnoideo en el cerebro que le causa retraso mental moderado. Por eso a ella le agradezco especialmente que nos haya acompañado desde un principio en la escuela, en el consultorio y en otras actividades. También agradecemos a la fonoaudióloga licenciada Cecilia Argañaraz, a la psicóloga: licenciada Noelia Ovejero y a todos los que nos vienen ayudando”, remarcó.
“Fue toda una cuestión que OSPECON nos cubra el acompañante terapéutico. Gracias a que la neuróloga que teníamos en Córdoba le mandó a la obra social un escrito extenso y completo de lo que mi hijo tiene y después de un proceso que realmente fue muy duro, logramos que cubran al acompañante terapéutico”, celebró la mujer.
“Gracias a Dios todo eso tuvo su fruto y mu hijo logró hacer la primaria y la secundaria en el Colegio María Montessori. Fue portador de la bandera institucional, siempre con el acompañamiento pedagógico y conmigo buscándole actividades permanentemente para que no se quede sin hacer nada”, remarcó.
Gloria explicó además que Franco puede escribir con letras mayúsculas de imprenta “porque la minúscula no le sale, al igual que la letra de carta”, y que puede leer la imprenta.
Entre bomberos y árbitros
Cuando Franco tenía cuatro años un ciclista lo chocó. Por la violencia de los impactos sufrió fractura de fémur, debió permanecer varias semanas con tracción y yeso en las dos piernas durante tres meses por lo que al finalizar el proceso tuvo que aprender a caminar nuevamente.
“Es un poco gordito y siempre le gustó mucho el fútbol. Como tenía problemas porque se caía, se fisuraba y se quebraba, así que decidimos no enviarlo más a que juegue a la pelota”, admitió Gloria.
“En el año 2017 lo llevé al cuartel de Bomberos Voluntarios de Valle Viejo, donde lo aceptaron. Iba los domingos. Ya tenía 18 años y lo querían mucho. Un día se cayó jugando a la pelota y se quebró un brazo. Entonces dejó de ir a Bomberos y suspendió las actividades fútbolísticas. Un día alguien me pregunto porque no lo inscribía en la escuela de árbitros y le pregunté que le parecía la idea. Me dijo que sí, que podía ser y hoy es árbitro”, subrayó.
Cuando comenzó las gestiones para pedir que lo incorporen en algún club, se inició la pandemia de COVID-19.
En el año 2020 fueron cerradas las instituciones deportivas y el trámite no pudo concretarse. En el 2021 cuando la Escuela de Árbitros Guillermo Marconi donde pudo ingresar, de la mano del árbitro nacional Federico Cano.
“Estudió dos años para ser árbitro. En primer año se le entregó un premio al mejor compañero. Las clases eran virtuales y la práctica se realizaba en el parque Adán Quiroga. Y como son las vueltas de la vida que los profes que le tocaron para las clases de educación física fueron los mismos que tuvo en la escuelita de fútbol. Fue muy lindo el ese reencuentro y una vez más que sorprendió las vueltas que da la vida”, manifestó.
En agosto del año pasado Franco comenzó a dirigir en las categorías infantiles. “Siempre habla con los chicos antes de ingresar al campo de juego. Les dice que tienen que jugar tranquilos y les pide que no se golpeen. Y si algún niño comienza a portarse mal, habla con los profesores para que lo saquen del campo hasta que se tranquilice. Sabe mucho de fútbol. Le encanta y conoce todos los equipos, los jugadores, de los reglamentos, todo”, aseguró.
Destacó que el principal referente de su hijo en la fase deportiva “es Fede Cano, porque lo tiene como su profesor favorito. Siempre lo sigue y trata de ver los partidos que él dirige, así sea que se jueguen en otras provincias”.
Gloria también es árbitro: “El referente mío para llegar a ser árbitro fue mi hijo. Él me llevó y hace dos meses comencé a arbitrar. A veces él tiene más designaciones porque yo tengo poco tiempo, así que él sale los viernes, sábados y domingos. Yo a veces arbitro un sábado o domingo y de vez en cuando nos toca juntos”.
Oficios
La capacidad de adaptación de aprender de Franco fue más allá del nivel secundario y el arbitraje.
Su madre lo inscribió en la Escuela de Formación Profesional N° 1, ubicada en calle Rioja y Avellaneda y Tula, donde realizó un curso de computación que duró un año. Después hizo cursos cuatrimestrales de electricidad domiciliaria, de refrigeración del automotor y de colocación de durlock.
“Son actividades que le gustan. Los compañeros lo quieren y ayudan muchísimo. Gracias a su empeño entró a trabajar en el Concejo Deliberante de la Capital con el concejal Francisco Sosa, quien lo llevó para que integre su equipo porque Franco es muy responsable. Tiene toda la energía y ganas de hacer”, recalcó.
Texto: Carlos Bulacio
Fotos: Ariel Pacheco y gentileza familia Gutiérrez