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Renovación de fe

15 de agosto de 2021 - 01:00 Por Redacción El Ancasti

Un atrapante relato en primera persona acerca de los rezos a la Virgen del Carmen en el Oratorio de Palo Blanco, replantea cómo la fe cala en el espíritu de quien se inclina a pedir, agradecer o glorificar.

La inmensa fe, convertida en cultura popular, permite que, en los pueblos del interior, aquella Catamarca profunda que habita en soledades, alejada de asfalto y ruidos molestos del diario vivir, me sorprenda cuando de pronto escucho rezar una novena.

La voz juvenil se alza entre los mayores que responden, aunque también en medio de ellas, la voz de una niña, con firmeza responde a “la rezadora”.

“Este año por la pandemia, no vendrán los vecinos, hombres y mujeres de fe, de todos lados, como solía suceder cada año cuando llegaba el día de la Virgen del Carmen”, dice Marcelo Reyes, uno de los descendientes de los fundadores del ya tradicional Oratorio, en el pueblo de Palo Blanco, Tinogasta, jurisdicción municipal de Fiambalá.

“Seremos muy pocos, apenas la rezadora y la familia, pero no nos olvidaremos de Nuestra Madre del Carmen”, acota doña Paulina Reyes, hija de los creadores de este espacio de fe y continuadora de la tradición familiar.

Cuando ingreso al Oratorio, lugar donde se reza la novena, puedo observar que quien reza es una señorita muy joven. Lo hace con fe, con fuerzas y con cada palabra cargada de esperanzas.

Ya que es la primera vez que veo a una joven en ese rol, me sorprende. Por lo general es una mujer mayor la encargada de rezar, aunque también he visto a hombres mayores dando este testimonio de fe.

Cuando concluye con las preces, “la rezadora” me cuenta que las novenas son tantas como promesantes haya, de modo que cada celebración del día de la Virgen del Carmen, suelen sucederse varias, durando cada una no menos de cuarenta minutos. Este año solo habrá tres novenas, la pandemia impidió que haya presencia masiva como suele suceder cada año.

Testimonio juvenil

Florencia Reyes es el nombre de la rezadora; tiene quince años de edad, y aclara que rezar, al menos para ella, no es un oficio, sino un momento de fe, un momento que se habla con Dios en forma directa, generalmente para agradecerle o pedirle algún favor.

Dice que su observación le permite advertir que los jóvenes se alejan de Dios apenas cumplida la Primera Comunión. Que lo correcto sería continuar estudiando y cultivando la palabra del Señor a través de la Biblia, y que -en su caso- ha continuado concurriendo, estudiando y participando de actos de fe y muy pronto se convirtió en catequista auxiliar, pues su edad no le permitía ser titular.

“Rezar la novena es un momento sublime, pues estás ante Dios, hablando con él, manifestando agradecimientos por un favor recibido, pero también pidiéndole algo. Lo bueno es que en este momento lo haces en forma directa”, asegura.

Sofía, hermana de Florencia, es la que contesta a la rezadora. Ella tiene trece y también reza cuando su intervención es requerida. Participa de la charla con Florencia asintiendo con un movimiento de cabeza continuo.

Ambas dicen que rezar la novena es un momento muy fuerte. Que se dirigen al Señor y le cuentan de los agradecimientos y pedidos de los que concurren como devotos carmelitas.

La imagen de la Virgen del Carmen del Oratorio de la familia Reyes tiene una historia que empieza en 1939. En ese año, el matrimonio de doña Gabina Tito y Salateo Reyes residía en el distrito de Miraflores Atacama, República de Chile, por cuestiones de trabajo. Estaban acompañados de sus hijos y, de pronto, un mal aquejó a Mario del Tránsito, uno de ellos. La enfermedad les hacía perder toda esperanza, pero Dios -que todo lo puede- trajo la solución a los problemas. Llega desde cualquier lado y el portador, hasta puede ser un desconocido. Así, Dios permitió que llegara a la casa del matrimonio doña Artemia Salinas, quien les hizo entrega de una imagen muy pequeña de la Virgen del Carmen, patrona de lo imposible, abogada de las almas que piden llegar al cielo. Con su santo escapulario y su manto sagrado, le devolvió a Mario del Tránsito, la salud que había perdido.

En 1946, papá Salateo y mamá “Coca”, como los recuerdan sus descendientes, regresaron a afincarse en Palo Blanco, y siempre la Virgen los acompañó, sintiéndose protegidos con su presencia.

La sagrada imagen estuvo con los Reyes por el resto de sus vidas en un lugar privilegiado en la casa. Cada año, el Día de la Virgen rezaron novenas y salieron en procesión. Cada año se sumaron más y más fieles constituyendo aquella fiesta religiosa en una gran celebración popular a cuyo encuentro llegaron vecinos de los pueblos aledaños.

En 2019, cuando la Virgen del Carmen cumplió ochenta años junto a ellos, otro hijo de la familia, Sergio Reyes construyó el Oratorio al lado de la casa de sus padres. Así, la Virgen ya tiene su casa propia.

Cuando el 16 de julio pasado concurrí con mi familia a participar de esta novena acompañando a la Virgen, he podido observar que la renovación de fe ha iniciado su marcha. Estas dos señoritas rezando la novena, serán sin duda, el motivo para que otros jóvenes se sumen a recuperar la fe perdida.

Texto y Fotos: Colaboración de Oscar Hugo Alaniz

 

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