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Rafael Toledo, artista y promotor cultural

“La identidad es el eje y Catamarca es mi tema”

1 de agosto de 2021 - 08:24 Por Redacción El Ancasti

Entre la música, el canto y su profesión de ingeniero civil ha logrado construir un universo en el que la identidad catamarqueña aparece como un desvelo permanente a la vez que un horizonte concreto y posible.

Cualquier catamarqueño que se ubique frente al escenario de la Fiesta del Poncho -o de otro festival del país- podría cerrar los ojos y reconocerla vibración, la cadencia y el color de la voz de Rafael Toledo al cantar. O al recitar una copla o al contar un sucedido. Aún si no lo hiciere, prestando atención al contenido de la expresión, a la pasión que le imprime al entonar, a lo testimonial de su comunicación, con seguridad llegaría a revelar su identidad. Porque es en ese rasgo en el que se reconocen quienes llevan adentro del corazón las miradas de las cosas simples que les pertenecen, los sonidos que les son propios, las relaciones que se han compartido desde que hay conciencia de la vida.

Rafael Toledo es ese. Un hijo de Catamarca que le canta a viva voz con el compromiso y la firmeza de tener conciencia propia. Muchísimo más que el dueño de un inconfundible –y notablemente cuidado- registro de tenor que le canta a Catamarca desde que tiene noción de la vida. El niño inquieto y orgulloso que interpretaba el Himno Nacional Argentino con el instrumento que lo acompañó siempre, desde “el primer o el segundo Poncho de la historia” junto con otros pupilos de la orquesta del conjunto de guitarras (más de 70) dirigidas por el profesor Héctor del Valle Aparicio. El convocado a cada acto patrio de la añorada Escuela Moreno, el que llamó la atención en el aire de la recordada LW7, ese gran semillero de artistas.

“Después empecé a cantar como solista en la Fiesta del Poncho, previas selecciones. A mí siempre me gustó el rescate de la música de Catamarca, siempre tuve esa intención. Ya sentía que había todo un mundo subyacente que valía la pena descubrir. Soy melómano por naturaleza, siempre escuché música. De niño escuchabaradio hasta tarde, me sentaba en la vereda y captaba las AM de Buenos Aires, las radios chilenas. Esa música… Por eso, lo mío siempre fue la música”, recuerda.

“Cuando miro para atrás, a veces digo, ‘Cuántas cosas, cómo se ha ido diversificando todo lo que hice’ siempre con un eje que es la identidad, la cultura, la defensa del patrimonio, no solamente musical sino también histórico, arquitectónico. Ese eje siempre es el que me mantuvo y siempre Catamarca es el tema”, expresa con poder de síntesis.

Su etapa de crecimiento en La Plata, cuando eltiempo se dividía entre la universidady las actuaciones, lo llevaron a ganarse un reconocimiento y a vivir experiencias increíbles, como la vez que fue contratado para cantar en estancias bonaerenses luego de funciones de cine móvil o cuando, al cabo de una entrevista radial, oyó la voz trémula y agónica de una anónima anciana que le agradecía el haberla llevado con su canto a trasladarse hasta su pago añorado: la inconfundible voz de Margarita Palacios.

 

Misa criolla
Sin embargo, el cariz más profesional de la carrera artística de Toledo inicia con su incorporación al Coro Polifónico de la Provincia dirigido por el profesor Jorge G. Fontenla. “Ese coro alcanzó un nivel altísimo. Interpretó con el maestro Ariel Ramírez en piano, Domingo Cura en percusión y el Cuarteto Los Andes en los vientos, la Misa Criolla. Ramírez me elige como solista. Para mí fue una responsabilidad absoluta cantar delante suyo esa obra que dio la vuelta al mundo. Hace poco vi a un coro de Holanda cantándola en español”, comenta.

En ese 1991, se recordaba el centenario de la Coronación de la Virgen del Valle con un importante acto. “La Iglesia de Catamarca le encarga al maestro Ariel Ramírez la composición de un Ave María. Ramírez lo compone para un cuarteto de voces, coro polifónico y nuevamente canto como tenor en ese cuarteto junto con otros tres cantantes venidos de Buenos Aires. Fue maravilloso”, asegura. Junto con Ramírez cantó luego La Misa por la Paz y la Justicia en distintos puntos del país. Fue entonces que se presenta la oportunidad de mostrarse entre las nuevas voces para subir al escenario de la Plaza Próspero Molina, en Cosquín.

“Gané la preselección en Catamarca, viajé con la delegación y me tocó cantar el mismo día que llegamos. Pero salí elegido como ganador de esa noche. Ese año había muchísimos competidores. Al final de todas las noches, el jurado no podía decidir cuál era el ganador porque había muy buen nivel. Éramos cinco finalistas muy parejos. Entonces una noche el jurado convocó a los cinco a un salón cultural para cantar solos, sin micrófono y con guitarra. Y ahí quedó. A las seis de la mañana del día siguiente la locutora oficial anunció que el ganador era de la provincia de Catamarca”, cuenta con orgullo.

 

La vidriera de Cosquín
Fue una elección suya quedarse en nuestra provincia o regresar a ella cuando se le presentaron las invitaciones para seguir otros caminos. “Sobre todo después de aquel 1993 cuando gané como Mejor Solista Vocal en el Festival Nacional de Folclore de Cosquín. Tuve allí ofertas concretas de ir a Buenos Aires con un representante. Muchos me preguntan por qué con la potencialidad que tenía por qué no elegí otro camino y bueno, mi elección fue esta. Somos catamarqueños”.
Más allá de esto, pesó en la decisión de aquel joven Rafael, el haber estudiado Ingeniería. “Fue con muchísimo sacrificio. Me parecía que dejar todo eso para dedicarme solamente al canto era como una falta de respeto al esfuerzo de mis padres y a mi propio esfuerzo”.

 

Cargos
Como si fuera poco todo lo que hemos contado de este cantante emblema de la música contemporánea, rescatista de saberes y haceres de nuestros antepasados,por la calidad de sus trabajos hace dos años fue designado asesor honorario de la Comisión Nacional de Monumentos y también es representante de Catamarca ante la Comisión Episcopal Argentina en un grupo de trabajo que tiene que ver con el patrimonio y los bienes culturales de la Iglesia. Es que no ha pasado desapercibido la enorme tarea de este estudioso de la ingeniería que ha intervenido en diversos proyectos de rescate del patrimonio, tales como la Ruta del Adobe –en la que fue un fuerte impulsor y ejecutor-y la recopilación denominada Rituales Andinos de la Puna Catamarqueña que tiene como premisa “evitar que se pierdan en el olvido”.

Entre otros quehaceres del hoy, habla de escribir un libro y espera lograr decidirse entre el cúmulo de sus interpretaciones para seleccionar apenas las doce canciones que integrarán el próximo compacto.
Como suele pasar con las personas que saben vivir, con quienes se despojan de sí mismos para entregarse con plenitud a sus grandes amores, este repaso de unas pocas páginas no resulta suficiente para reflejar la intensidad de una vida dedicada con pasión a su gran querencia.

Por suerte,y como muchos artistas de nuestro pago, Rafael Toledo ha vuelto, igual que cada año, al Poncho. Es cierto que a un Poncho virtual, pero Poncho nuestro al fin. Ese festival que sentimos tan propio, como el patrimonio inestimable de su canto.

Textos: Carlos Gallo
 

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