El historiador Enrique Mayochi explica en “La Argentina en el siglo XX” (La Nación, 2000), que “se lo nombra como Ramón S. Castillo, sin precisar a qué corresponde la inicial S. No corresponde a nada, ya que su segundo nombre era Antonio. Para evitar el malentendido que pudiera ocasionar su firma (Ramón A. Castillo “como Ramona Castillo”) en su juventud fue deformando la A por una S”.
El comprovinciano que cubrió la vacante de presidente
Los hacendados ancasteños enviaban a sus hijos a seguir estudios superiores en provincias más “doctas”. Así, el joven Ramón S. se graduó como abogado y luego logró una ascendente carrera en la docencia, alcanzando un decanato en la Universidad de Buenos Aires. Conoció a María Delia Luzuriaga, con quien se casó a los treinta años y formó una familia de cuantiosa descendencia. También impartió justicia en el fuero penal y fue camarista de apelaciones y de comercio.
En política, fue administrador de Impuestos Internos de la presidencia de Alvear y, en 1930, el régimen de facto del general Uriburu lo designó gobernador interventor de Tucumán hasta su asunción como senador nacional por Catamarca. Como ministro del Interior se vio envuelto en un caso de corrupción en la concesión del servicio eléctrico de la ciudad de Buenos Aires.
Castillo supo ganar sobrados laureles en el Partido Demócrata Nacional, pivote de la raíz más conservadora de la política post-yrigoyenista. El país transitaba la “Década Infame”, dominada por la oligarquía de la que Castillo fue un eslabón aceitado. Siendo ministro de Justicia e Instrucción del gobierno de Agustín P. Justo, por su iniciativa se creó el Liceo de Señoritas anexo al Colegio Nacional de Catamarca, idea concretada mediante un decreto del presidente el 12 de febrero de 1936.
Más adelante integró la fórmula que llevó a Roberto M. Ortíz a la presidencia. Ejerció la vicepresidencia de la Nación, donde se le achaca otra maniobra oscura en la compra de tierras para el Ejército. Pero al presidente se le agravó la diabetes y murió en 1942, por lo cual Castillo asumió la presidencia el 27 de junio para completar el mandato. De esta manera es considerado el 23er. presidente de la República, y el segundo catamarqueño –después del Dr. Antonio Del Pino, que lo hizo interinamente en 1923- aunque los historiadores en general ponen en duda la legitimidad de su acceso al poder, por las sospechas de fraude en la elección de 1938.
Mantuvo en estado neutral a la República Argentina durante la Segunda Guerra Mundial, desencadenada durante su mandato. Creó la Flota Mercante del Estado, intervino a la provincia de Tucumán e intentó cortar con la política de lucha contra el fraude comenzada por su antecesor, disolviendo a la fracción de su partido que había acordado una concertación con el arco opositor.
Antes de cumplir un año en el cargo, lo derrocó una revolución político-militar. El golpe se concretó el 4 de junio por las huestes de su propio exministro de Guerra Pedro P. Ramírez quien impuso al general Arturo Rawson como presidente de facto. Castillo huyó en el buque Drummond hacia el interior del Río de la Plata, pero semanas después acordó su regreso, ya sin el poder. Falleció 16 meses más tarde “teniendo en su cuenta corriente únicamente 47 pesos con 25 centavos. El costo del sepelio ascendía a 290 pesos. Sus amigos tuvieron que pagarlo”.