“El 16 de junio de 1955 tiene una lectura en común para muchos peronistas y antiperonistas. Más allá de las diferencias en cuanto a los motivos y las causas del bombardeo a la Plaza de Mayo. En clave de lectura del pasado reciente, implica un cambio de época en la dimensión de la violencia política en la República Argentina.
Por primera vez en América Latina se produce un bombardeo a la población civil en una ciudad abierta, pero, además, para muchos, es una de las marcas iniciales de lo que luego será el terrorismo de Estado en el país. De manera explícita un sector de las Fuerzas Armadas decide atacar al cuerpo de la sociedad, convierte en un enemigo a eliminar a un otro que es considerado peligroso, bestial y aborrecible, que es el Peronismo; y para eso decide realizar un acto en contra de la sociedad en su conjunto”, explica Jorge Perea, autor de los ensayos “Los aviones negros catamarqueños” y “El Chango Macor y las JP Regionales. Fantasmas en el Pueblo Chico” que abordan integralmente los acontecimientos de esta época.
“Los que bombardeaban Buenos Aires sabían que Perón no estaba allí. Es evidente que la intención fue generar un acto aleccionador en contra de una parte importante de la sociedad que intentaba socorrer a Perón o estaba poniendo su cuerpo para defender sus ideas”, profundiza.
Los aviones llevaban en su fuselaje la inscripción “Cristo vence”. Un centenar de argentinos, incluso catamarqueños, mueren bajo fuego y metralla. Perón presidente promete castigo a los culpables, intenta dialogar con la oposición, pero las condiciones ya no están dadas. La oligarquía tradicional aliada con parte de la Marina y la Fuerza Aérea le juega en contra, junto con la Iglesia Católica enojada por la promoción de leyes como la del divorcio vincular y la separación de Iglesia y Estado. “Fue un sector conservador de la sociedad argentina el que reaccionó contra los derechos de segunda y tercera generación” que impulsaba el Peronismo. En venganza, “enfervorizados peronistas” queman y saquean trece iglesias en Capital Federal y Buenos Aires.
Tres meses después, se consuma el golpe militar; el líder deja el país vía Paraguay y se exilia –con sabiduría o con cobardía, según las diferentes ópticas- sin ofrecer resistencia. Del mismo modo, en las provincias, el Peronismo orgánico toma la misma actitud y se agazapa. El país entró entonces bajo el control del general Eduardo Lonardi, proclamado de facto como presidente de la Nación.
Efectos colaterales del bombardeo a Plaza de Mayo
Lejos de lo idílico
¿Qué pasó en Catamarca? Gobernaba Casas Nóblega, el obispo era monseñor Carlos Hanlon, e interactuaban otros actores sociales como el periodismo, los sindicatos, los partidos políticos y el Regimiento 17. “En el cambio de tono de los editoriales del diario La Unión se puede hacer una lectura del progresivo alejamiento del Peronismo con la Iglesia”, analiza Perea. Pero la beligerancia no alcanza el grado de virulencia que hubo en otros puntos del país. “Sin embargo, posterior al golpe del ’55 también hubo violencia política en Catamarca; también hubo enfrentamiento entre peronistas y antiperonistas, y también hubo comandos civiles que se organizan antes de junio y salieron desbordadamente a la calle después del golpe a cobrar revancha en contra de los sectores peronistas de la sociedad catamarqueña. Esto ayuda a derruir la imagen de una Catamarca idílica en la cual el gobierno provincial, la iglesia y los antiperonistas logran una especie de equilibrio de convivencia en paz. Esto no ocurre en Catamarca. Hay acciones violentas y de revancha en contra del Peronismo”, agrega.
Hechos y derechos
Después del bombardeo y la quema de iglesias, los jóvenes de la Acción Católica se organizan como custodios de los templos locales. También hay manifestaciones, “vivas” al obispo, se canta el himno frente al Hotel Ancasti –donde iban los habitués de la política-, es arrancada la placa “Presidente Perón” de la actual calle República, son incinerados los archivos de la CGT, en la sede de ATEP son apedreados dos bustos, se cierran Colonias de Vacaciones, se reforma el Hogar Escuela y el Colegio Quintana –bastión de la educación católica- es devuelto a los franciscanos. “Alma tutelar” y otros libros de adoctrinaban hacia el peronismo son retirados de las aulas.
Por su parte, “el Regimiento de Catamarca salió en septiembre del ’55 (hacia Córdoba) supuestamente a intentar evitar el golpe; sale legalista y vuelve como un elemento más de la Revolución Libertadora, y esto es muy claro en término de la construcción de los bandos”, explica el historiador.
Con el golpe consumado el Ejército y la Policía ordenaron a la población civil que entreguen las armas que tuviesen en su poder, sin embargo, en algunos casos las unidades básicas son asaltadas por civiles armados. “Se produce una depuración de la Administración Pública Provincial y de la Justicia, terminan echando a militantes que eran considerados peronistas. El clima de depuración alcanza especialmente al Sistema Educativo provincial, a directivos de escuelas públicas. Una parte importante del estudiantado actúa a favor de ellos y, a diferencia de lo que esperaban los golpistas, el Peronismo no se considera definitivamente derrotado. Los estudiantes secundarios son los primeros que resisten”, apunta Perea.
Genealogía de la violencia
A lo largo de sus investigaciones, el historiador advierte que varios de sus entrevistados testimonian “que son hijos de padres peronistas echados de la Administración Pública en 1955, ellos a su vez fueron echados por Peronistas luego del Golpe de Estado del ’76 y sus hijos fueron echados de la Administración Pública Provincial por peronistas con la Intervención Federal durante el gobierno de Menem. Vemos una especie de genealogía en términos de quiénes sufren las intervenciones e interrupciones institucionales en Catamarca y cómo esto se puede rastrear”.
La violencia política que atravesó a toda la Argentina también lo hizo, con sus características particulares, en Catamarca.
Negros y catamarqueños
Los “aviones negros” fue una de las células más activas de la “Resistencia Peronista”, encarnada principalmente por jóvenes dispuestos a luchar por sus ideales. Parte de la vieja militancia peronista se burlaban de ellos diciendo que el regreso del líder iba a ser en un “avión negro”. Lo que inicialmente fue un elemento de burla, se convirtió para ellos en un elemento identificatorio. Así, los “aviones negros catamarqueños” fueron un pequeño grupo de militantes, varones y mujeres de no más de 30 años de edad que no tenían cargos de relevancia dentro del peronismo ni eran dirigentes reconocidos –en su mayoría- y que luego del golpe del ’55 “se peronizaron a palos” según contaron ellos mismos. Son quienes por el grado de brutalidad que sufren defienden su identidad política –el peronismo- pero también las conquistas sociales conseguidas por este movimiento. Y a nivel local y nacional fueron reconocidos parte importante de la Resistencia Peronista.
Entrega “a la catamarqueña”
El 21, en la radio LW7 se escucha un comunicado que expresa: "Al pueblo de toda Catamarca: la Revolución triunfa en todo el territorio de la República. Invito al señor Gobernador a que haga entrega inmediata del gobierno. Haga llegar su resolución a la Delegación de la Policía Federal, Teniente Primero Campitelli. Entregue el mando de las fuerzas del Regimiento 17 de Infantería al Teniente Andrade. Firmado: Oscar Osvaldo Fantón, Jefe de la Guarnición Militar Catamarca".
Cuando este comunicado es irradiado, la policía provincial, todavía fiel al peronismo, detiene al administrador de la radio LW 7, José Joaquín Lara, (...) Casas Nóblega no se defiende, renuncia y dice: "Continúo con mi lealtad a Perón como simple ciudadano. He puesto en mi acción todos mis propósitos de bien público a favor del progreso de nuestra tierra, como lo revela la grande obra pública que se ha realizado". (Fragmento reproducido de “Los aviones negros catamarqueños”)
Fotos: Ariel Pacheco y archivo del Prof. Perea