En los últimos años escuchar hablar del Chaku o la esquila de vicuñas se ha vuelto más habitual, especialmente, en el marco de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho o en exposiciones de tejidos, donde se exhiben y se premian prendas elaboradas a partir de la preciada fibra.
Sin embargo, no muchos conocen la historia detrás de esta práctica que heredamos de nuestros ancestros, ni tampoco que gracias a ella se pudo salvar a estos camélidos, que hace sesenta años atrás estaban a punto de desaparecer por la caza furtiva.
Por eso, Revista Express se contactó con la Dirección Provincial de Biodiversidad y Áreas Naturales Protegidas –que depende de la Secretaría de Medio Ambiente del Ministerio de Agua, Energía y Medio Ambiente de la provincia– y con el Departamento de Manejo de Vicuña, que funciona bajo su órbita, para conocer a fondo este tema tan cercano a nuestros artesanos y tradiciones textiles.
Chaku: Tradición ancestral que protege a las vicuñas
Herencia Inca
Básicamente el Chaku o Chaccu –vocablo quechua que significa captura de vicuñas– es una técnica de tiempos incaicos que sigue vigente y consiste en la captura y esquila de vicuñas.
“El Incaico fue el imperio prehispánico más extenso, abarcaba desde Ecuador hasta el norte de Argentina y Chile. Este Imperio realizaba “Chakus”, los cuales tenían un significado político, religioso y cultural”, explica Carlos Barrionuevo, director provincial de Biodiversidad y Áreas Naturales Protegidas, y añade que “era el Inca quien planificaba y coordinaba esta ceremonia, que se realizaba cada 4 años, pues creían que ese era el tiempo que la “lana criaba lo que ha de criar”.
De este modo, en los “chakus” las vicuñas eran capturadas, esquiladas y, posteriormente, se liberaba a la mayoría a su hábitat natural. Mientras que con la fibra obtenida se confeccionaban prendas de prestigio que solo lucía la elite.
Concretamente esta técnica consistía en generar una barrera de personas sosteniendo sogas con “chimpas” de colores, que arreaban a las vicuñas hacia un embudo hecho de pircas, el cual finalizaba en un corral. Para realizar esta actividad se requería la participación de aproximadamente un centenar de personas.
“Hoy en día, la técnica es similar, pero se ha ido mejorando en el aspecto técnico. Si bien, el manejo se ajusta a cada situación, debido a la fisonomía de nuestra puna, en general se realiza el encierro en aguadas, con entrada voluntaria de animales”, señala Barrionuevo.
Módulos de captura
En este sentido, explica que para ello se utilizan los “Módulos de captura” que son corrales construidos alrededor de las vegas, lagunas o aguadas, con portones que permanecen abiertos durante todo el año y permiten la libre circulación con acceso al alimento y al agua.
“Se ha observado la habituación de las vicuñas con estas estructuras, ya que los accesos se ubican en los senderos naturales por donde suelen circular hasta llegar a la fuente de alimento. Cabe aclarar que el módulo de captura debe ser construido con al menos tres o cuatro meses de anticipación a la esquila, para lograr ese “acostumbramiento” de los animales”, destaca.
De esta manera, para la captura de vicuñas se realiza un operativo que consiste en el cierre de los portones, y el momento óptimo dependerá del número de animales que se encuentre dentro del módulo. Según el caso, la cantidad de personas involucradas puede variar entre 12 a 60 operarios.
Barrionuevo explica que la tarea de encierre puede durar de uno a tres días, y una vez finalizada, comenzará el proceso de esquila, donde primero se clasificarán aquellos no aptos para esquila: “No se esquilan a las hembras con avanzado estado de preñez, crías de tamaño muy pequeño, juveniles y adultos con muy mala condición corporal como tampoco aquellos que presenten un largo de mecha menor a 3 cm”.
Esquila y control
Los animales aptos para la esquila son inmovilizados con maneas de lana y se les coloca una capucha para reducir al mínimo su estrés. Posteriormente son esquilados, y luego de un control veterinario, liberados a su hábitat natural.
Cabe destacar que durante todas las jornadas de captura y esquila, deben estar presentes dos agentes de certificación, un médico veterinario y un biólogo, estos últimos del Departamento de Manejo de Vicuña de la provincia.
“Todo el proceso se realiza velando por el bienestar animal y tratando de reducir al máximo el estrés provocado por la captura. El manejo se fue perfeccionando con el tiempo y esto se ve evidenciado en la producción de fibra, la cantidad de animales capturados, el porcentaje de esquila y en la tasa de mortalidad, que actualmente es inferior al 0,2%”, sostiene Barrionuevo.
Actualmente, en nuestra provincia la única forma de obtención de fibra legal es por medio de las esquilas de animales vivos en silvestría, con posterior liberación. Los “Permisionarios” autorizados a realizarlas pueden ser pueblos originarios reconocidos como comunidad, cooperativas andinas, propietarios de campos, empresas privadas y el Estado Provincial.
Época del Chaku
Desde el área explican que las esquilas en silvestría se realizan desde el mes de octubre hasta mediados de diciembre, ya que es una época seca, donde empiezan a subir las temperaturas y se ven brotes tiernos cerca de las vegas, lo que propicia que las vicuñas se reúnan en esos lugares para beber agua y alimentarse.
El Chaku no se puede realizar antes por las inclemencias climáticas ni tampoco más allá de la primera quincena de diciembre puesto que hay preñeces muy avanzadas, comienza la época de lluvias y los animales necesitan mínimamente dos meses para recuperar algo de fibra y afrontar el descenso de temperaturas.
En cuanto a la ubicación de los módulos de captura, la Dirección informó que la provincia cuenta con un total de 23 módulos (12 son comunitarios y 11 pertenecen a empresas privadas y/o particulares), y están distribuidos en sitios como la Reserva de la Biósfera de Laguna Blanca, Campo de Pasto Ventura, El Peñón, Los Nacimientos, Salar del Hombre Muerto, Antofalla, y en la zona cordillerana de Fiambalá, llegando hasta el Paso San Francisco. El de menor altura se encuentra a unos 3.200 msnm, mientras que el más elevado está emplazado a unos 4.700 msnm.
Especie amenazada
Las vicuñas fueron presa de los cazadores desde su arribo a América hace unos 12.000 años atrás. Además de consumirlas como alimento, usaban los cueros y las fibras, pero las prácticas indígenas estaban condicionadas por sus limitados medios de caza.
La historia cambió con la llegada de los colonizadores y la introducción de armas de fuego. La fibra de vicuña fue identificada por su calidad, y la demanda desde Europa desató una matanza indiscriminada. Se estima que antes de la llegada de los colonizadores existían entre 2 a 3 millones de vicuñas distribuidas desde el sur de Ecuador hasta el norte de Argentina y Chile.
Mantenida durante siglos, esta actividad generó que a mediados del siglo XX solo quedaran unas 5 mil a 10 mil vicuñas en Perú, y menos de 2 mil repartidas entre Argentina, Chile y Bolivia.
Esta situación generó una gran preocupación internacional y provocó que se implementaran fuertes políticas para evitar que la especie desapareciera.
Algunas de ellas fueron el “Convenio para la Conservación y Manejo de la Vicuña” de 1979, que Argentina se sumó en 1988 con la Ley 23.582; el “Programa de Reserva Hombre y Biosfera” de la UNESCO, por el cual en Catamarca se creó la “Reserva de la Biósfera de Laguna Blanca” en 1982; la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres; concertado en 1963 entre 150 países; entre otros acuerdos.
Todos los esfuerzos tuvieron éxito y con el apoyo de los pobladores locales, la especie se recuperó considerablemente. El último censo nacional de vicuñas realizado en 2006 arrojó unos 39.968 ejemplares en Catamarca, y se estiman unos 440.000 individuos en toda América.
Si bien las poblaciones de vicuñas son silvestres y su supervivencia se rige por las leyes de la naturaleza, su principal amenaza continúa siendo los cazadores furtivos, quienes comercializan sus cueros y desechan gran parte de la carne.
Debido a esto, existe un marco legal por el que las vicuñas están protegidas en el ámbito Internacional (CITES -Convención Internacional sobre el Comercio de Especies Amenazadas de Fauna y Flora- y Convenio para la Conservación y Manejo de la Vicuña); Nacional (Ley Nacional de Fauna Silvestre Nº 22.421/81) y Provincial (Ley Provincial de Fauna Silvestre Nº 4.855/94 y decreto reglamentario, y Resolución de Esquilas en Silvestría Nº 241/16).
En Catamarca, la Secretaría de Medio Ambiente es el órgano de aplicación de la Ley Provincial, mientras que el Departamento de Manejo de Vicuña se encarga de las esquilas comunitarias y fiscaliza las privadas, certifica los movimientos de fibra en bruto, entre otras acciones.
Redistribución de fibra
Sobre esta etapa, desde el área explican que, una vez finalizado el proceso en silvestría, el Estado retiene entre un 10% a un 30% del total de fibra obtenida, correspondiente a la tasa por uso del recurso. Este porcentaje va destinado al fondo de conservación de fauna silvestre, a la mejora y construcción de nuevos módulos y al “Programa de Redistribución de Fibra”.
Además, el Departamento de Manejo de Vicuña posee un sistema de trazabilidad, por el cual se emite un COLT (Certificado de Origen y Legítima Tenencia) para cada movimiento de fibra de vicuña, desde la esquila hasta el producto final.
En el caso de los artesanos que no son esquiladores, el área creó el “Registro de Artesanos de Vicuña” de la provincia, que cuenta con 315 artesanos inscriptos hasta la fecha, quienes pueden acceder a beneficios como el “Programa de Redistribución de Fibra”, subsidios, proyectos productivos, capacitaciones, etc.
De esta manera, mediante el programa se vende fibra de vicuña a artesanos registrados a un precio subsidiado, con la única condición de que deben transformarla en prendas. El precio de la fibra en bruto oscila los 400 dólares en el mercado internacional, mientras que el precio subsidiado es de $7.000 el kilogramo. Así, teniendo en cuenta el cambio oficial, se subsidia cerca del 82% del valor internacional.
Como resultado, el programa compite directamente con la caza furtiva, ya que cada vez son más los artesanos que se vuelcan a la compra subsidiada para confeccionar sus prendas con material 100% legal y certificado. Algo similar ocurre con los pobladores andinos que son esquiladores, muchos de ellos eran cazadores, y se han convertido en protectores del recurso, puesto que ven que no es necesario realizar una matanza para conseguir la tan preciada fibra.
Luego de elaborada la prenda, el artesano debe certificarla en las oficinas del Departamento de Manejo de Vicuña (CAPE - Pabellón 22 o Delegación en Belén). Allí recibirá un nuevo COLT, un Certificado de Transformación, y una etiqueta que reza “Vicuña Argentina Artesanía” y otra con un código QR para la trazabilidad del producto, las cuales deben ir cosidas a la prenda para acreditar su legalidad.
Texto: Lidia Coria
Fotos: Ariel Pacheco
Gentileza Carlos Barrionuevo,
Dirección Provincial de Biodiversidad y Áreas Naturales Protegidas,
Ing. Miguel Pacheco, Departamento de Manejo de Vicuña
Secretaría de Medio Ambiente,
Ministerio de Agua, Energía y Medio Ambiente de la Provincia.
Vicuña en Catamarca
La vicuña (del quechua wik’uña) se distribuye en los Altos Andes y la Puna, entre los 3.000 y 5.600 msnm, específicamente en Antofagasta de la Sierra, oeste de Tinogasta, norte de Santa María y norte de Belén.
Recomendaciones al turista
En caso de encontrarse en la Puna durante un Chaku, lo mejor es hablar con los delegados comunales o persona a cargo de la esquila, con el fin de que los guíen para poder observar el proceso sin causar ningún sobresalto a las vicuñas.