La abuela “Piru” tuvo la idea de hacerse su primer tatuaje, a los 85 años. Sus tres hijas y sus nietos la acompañaron. Ahora, también los une el mismo tattoo.
Teresa Roncoroni, “Pirucha” o “Piru” para los amigos y “Mami” para sus hijas y nietos tenía un deseo y su familia se lo cumplió. Ella, con sus jóvenes 85 años, quería hacerse un tatuaje. Este tattoo representa mucho más que un deseo. Es un gesto de amor que unió aún más a su familia.
María Lourdes Cisterna López, una de sus nietas, en una charla con Express, comentó que “Piru” es “fan de Diario El Ancasti y de la Revista. Su canillita le lleva el diario, religiosamente, en la madrugada y ella lo primero que hace es levantarse, buscar el diario y se acuesta a leerlo. Lo mismo con la revista de los domingos. Se sienta a leer su revista”.
La abuela vive con tres nietos varones y siempre está bajo el cuidado de sus tres hijas. Oriunda de Chumbicha, Capayán, reside en la Capital. Aunque desde hace un tiempo es viuda, siempre está rodeada por sus nietos y bisnietos.
A los integrantes de su familia les gustan los tatuajes y los cactus. “Con mi tía varias veces nos hicimos tatuajes juntas. Entre mis hermanos surgió la idea pero no nos pusimos de acuerdo. Ella nos comentó que también quería hacerse un tatuaje pero todos los integrantes de la familia nos hiciéramos el mismo sus hijas, nietos y bisnietos –los más grandes, que pudiesen hacerse-. A ella le gustan los cactus. En la familia somos un poco fans de los cactus. En su casa tiene plantas; ama las plantas y tiene varias”, detalló.
Todos tienen tatuajes pero la abuela no tenía ninguno. Ella lo venía planteando y el año pasado tuvo la idea. Solamente quedaba ponerse de acuerdo el diseño, quién se lo iba a hacer y quién no. “Lo debatimos en un grupo de whatsapp de la familia. Mi sobrina hizo el diseño: un cactus con los tres bracitos, que representan a ella, la abuela, con sus tres hijas. Empezamos a hablar con los tatuadores. Necesitábamos a alguien que se animara y que la tatuaran a domicilio. Hablamos con José Abdo, hijo de un amigo de mi mamá. Hablamos con su médico porque ella toma anticoagulante. Se lo tenía que hacer a la mañana y ese día no tomar el remedio. Cuando se lo propusimos –al tatuador-, nos expresó que le encantaba la idea y tenía la mejor predisposición”, recordó.
La idea de la abuela movilizó a toda la familia. Quedaba pendiente otro detalle: coordinar día y hora. Finalmente, coincidieron y el tatuador se presentó en la casa de “Piru”. Ello estaba esperando. Había preparado todo para hacerse su primer tatto.
“Él la tatuó y después tatuó al resto de la familia. La abuela se la re bancó; dijo que era como un mosquito. Ella eligió el lugar, en el brazo, porque quería que se vea. No todos los coincidimos en el lugar para tatuarnos. Somos 14, con ella. Por cuestiones laborales, no podíamos tatuarnos todos en el mismo lugar.
Ella feliz con su primer tatuaje, a los 85 años. A todos nos encantó. Es un gesto súper lindo. Nuestra familia es bastante unida. Siempre juntos para todos lados, vamos y venimos, todos juntos. Ahora estamos unidos no solamente en sangre sino también en piel”, expresó.