Las bibliotecas “Monseñor Bernabé Piedrabuena” y “Vicario José F. Segura” fueron reunidas en el mismo espacio físico, el actual edificio del Centro Cultural Diocesano (CECULD) “Nuestra Señora del Valle”.
Las bibliotecas “Monseñor Bernabé Piedrabuena” y “Vicario José F. Segura” fueron reunidas en el mismo espacio físico, el actual edificio del Centro Cultural Diocesano (CECULD) “Nuestra Señora del Valle”.
En esta nota, el director del CECULD, Rvdo. Padre Oscar Tapia, muestra cómo la institución trabaja en la adaptación de su funcionamiento a los actuales tiempos de vértigo en el acceso a la información, y hace un poco de historia para dimensionar la importancia del vasto reservorio cultural que contiene.
“Actualmente son dos bibliotecas en una que, lógicamente tienen su fortaleza en los textos humanísticos, pero tenemos muchísimo más que eso”, comenta el director a Revista Express.
“Monseñor Piedrabuena y Vicario Segura”, o al revés, si quiere invertir el orden. Es una Biblioteca antiquísima; es de 1914. Cuando se funda el Seminario en 1891 vienen los Padres Lourdistas y en ese tiempo Catamarca todavía no era diócesis. Cuando Catamarca es erigida como tal, en 1910, el primer obispo fue Bernabé Piedrabuena. Él fue quien, ya siendo obispo en 1914, conformó una comisión para celebrar el centenario del nacimiento del padre y vicario José Facundo Segura, que había nacido el 8 de noviembre de 1814.
Entre los distintos eventos en su homenaje, se funda la biblioteca. El obispo dona una suma de dinero para adquirir libros para la biblioteca y le ponen el nombre del vicario. Entre otras cosas confeccionan un mueble labrado en madera que actualmente se conserva su colección. Todo esto porque el vicario fue el gran hacedor de Catamarca en el orden civil y también eclesial. El vicario dejó a Catamarca la Catedral en 1875, trabajando con (Luis) Caravati, y varias otras iglesias. Dejan esta inmensa obra en el siglo XX y para conmemorarlo se hacen todos estos homenajes por una cuestión de justicia. (La biblioteca) funcionó acá, “caminando” con la historia del Seminario, que siempre fue abierto a la cultura catamarqueña desde la época de los lourdistas. Después, en 1918, se fundan una academia literaria con el nombre de Fray Mamerto Esquiú, para promover las letras y una congregación mariana para promover todo sobre la virgen.
Se van los padres lourdistas en 1922 y sigue la historia del Seminario. Llegan los Padres del Verbo Divino, por un lapso de treinta años. Catamarca se constituye en el Seminario Regional del Noroeste Argentino.
“Lo eligen por dos razones: primero, por la Virgen del Valle; y segundo, por el edificio que tenía. Hay que ponerse a pensar lo visionarios que fueron Caravati y el vicario Segura”, reflexiona el padre Tapia. “Cuando ellos hacen este edificio en el siglo XIX Catamarca era una aldea. Ellos ya lo hicieron pensando que podía ser una diócesis, que la Virgen necesitaba sus sacerdotes”.
A partir de ahí el Seminario adquiere esplendor en el NOA y a nivel nacional. Tenía, por ejemplo, un coro de un gran nivel que fue invitado al Congreso Eucarístico Nacional. Excelencia en la cultura, en las Letras, en todo. El Seminario fue muy importante para la cultura de Catamarca, teniendo en cuenta que aún no estaba la Universidad. Profesores como (Federico) Pais u (Horacio) Monayar fueron formados culturalmente acá por esos padres extranjeros del Verbo Divino con una amplia cultura. La biblioteca tuvo ese crecimiento; fue engrosando en volúmenes.
Los daños del sismo
También tuvo una etapa, por así decirlo, de decadencia, hacia finales del siglo XX. El Seminario se cierra como Seminario Mayor en 1963. Y la biblioteca, que siempre se quiso ampliar, al menos se mantuvo. Luego del cierre del Seminario Menor, el 2004 vino con el sismo de septiembre de ese año.
“Fue muy crítico para este edificio, para su estructura. Resquebrajó todo. Estuvo casi abandonado porque hubo que hacer un estudio profundo que hizo una Universidad de Tucumán, para determinar su era habitable. Toda la remodelación se hizo en base a ese estudio tecnológico de ingeniería. Con ese proyecto el equipo que trabajó ganó un premio en Japón”, cuenta el sacerdote.
Del 2004 en adelante
Pero el Obispado tenía una biblioteca en una planta alta que necesitaba reubicar. Para ello firma un convenio monseñor Elmer Miani con el intendente de la Capital y la trasladan. Así se funda la biblioteca “Bernabé Piedrabuena” en el edificio que le decían el Obispado Viejo (donde hoy funciona el Museo de la Virgen del Valle), que fuese la primera sede episcopal. La reinauguración fue en octubre de 2007. Mientras tanto, la “Vicario Segura” estaba inaccesible entre las paredes dañadas del viejo Seminario. Pero el convenio con el intendente hablaba de la permanencia de la biblioteca Piedrabuena “hasta que se restaure el edificio del Seminario”.
“De tal manera, cuando se restaura el edificio del Seminario, gracias a una gran gestión del padre Héctor Salas que llevó varios años y se hizo con fondos nacionales y provinciales. Lamentablemente la última etapa que está analizada, presupuestada, y licitada, por estos vaivenes de la economía argentina, no se hizo. Cuando en 2012 volvió al Seminario, ya se tenía el proyecto del Museo de la Virgen en la Casa Bernabé Piedrabuena. Entonces se saca la biblioteca y va al ex Seminario a fines de 2013. Allí se juntaron las dos bibliotecas.
Proyecto de restauración
Al comienzo estuvo el arquitecto Luis Maubecín, el obispo eligió este lugar, que había sido el comedor del Seminario y comenzaron una serie de proyectos que al final lo trabajaron el arquitecto “Meco” Álvarez con Luis Monferrán. Recupera el cielorraso, tuvieron que reemplazar casi todo el piso, conservando parte del piso original para aguantar el peso.
“Entonces la biblioteca sumó lo que tenía el Obispado, lo que en ese trayecto del 2007 al 2012 había adquirido el Municipio por donaciones, y lo que teníamos nosotros. Los muebles que tenía el Obispado, lo que tenía la biblioteca “Piedrabuena” y los mejores muebles originales de la “Vicario Segura”, recuperados. Se reinauguró el 13 de abril de 2015. Así recuperamos los dos nombres: el de monseñor Piedrabuena y el del vicario Segura”, relata el padre Tapia, quien resume: “Hemos juntado a dos grandes próceres”.
Textos: Carlos Gallo
Fotos: Ariel Pacheco
Los libros están muy bien cuidados. Aproximadamente estamos en los 30 mil volúmenes con posibilidades de crecimiento y en etapa de clasificación. “En los últimos años nos donaron los valiosos libros del ex ministro (Luis) Varela Dalla Lasta, recuperamos la biblioteca de don Rubén Bergés, hombre valioso del interior provincial, libros del Padre Elio Fernández, hombre muy culto”.
En este traspaso ha tenido una tarea muy importante la señora Claudia Acosta, cuidando los libros. Actualmente la encargada es Alejandra Gramajo, que es bibliotecaria de profesión. El CECULD tiene un convenio con la Municipalidad por lo que cuentan con empleados becados y los bibliotecarios propios que tiene la institución.
Alejandra Gramajo, la bibliotecaria, explicó a Express que “hasta ahora los volúmenes estaban separados por donante y ordenada cada colección de una manera particular; la idea es unir todo para que sea una sola, utilizando las reglas de bibliotecología para facilitar las consultas”.
Para ello “hemos instalado la base de datos, con un software que nos brindó la Biblioteca Nacional del Maestro, nos van mandando las actualizaciones, y es fácil migrarla en caso que sea necesario. Buscamos varias alternativas, pero elegimos manejarnos con esa porque es la que consideramos más conveniente para luego ponerla a disposición de los usuarios. Es un software accesible y versátil para ellos. La idea es ésa, que sea abierta al público y de fácil consulta”.