¿Sabías que las dos palabras más poderosas que existen son SÍ y NO? Esto es así porque son dos expresiones que fijan límites. Para disfrutar de relaciones interpersonales sanas, necesitamos aprender a decir “sí” y “no”, cuando corresponda.
En toda casa debería haber un “semáforo” donde no todo es luz roja ni todo es luz verde. Hay ciertas cosas que están permitidas y otras cosas que no. Los límites consisten en guardar estas dos palabras tan cortas para después poder utilizarlas hacia adelante.
Si sos mamá o papá, tené presente que, cuando les decimos que sí y que no a nuestros hijos, les estamos enseñando a que ellos después usen estas dos palabras para decirle “sí” a lo bueno y “no” a lo malo. Cuando les doy una charla a los adolescentes, me gusta compartirles la metáfora del pizarrón y les comento que ellos pueden dibujar lo que quieran en un pizarrón, porque existe un límite.
¿Cómo te llevás con los límites? Contrario a lo que muchos creen, el límite nos permite ser “ilimitados” dentro del pizarrón de nuestra vida. El límite no nos limita, sino que nos libera y nos permite mejorar la relación con nosotros mismos y con los demás. Porque, cuando están claramente delimitados, sabemos a qué le diremos que sí y a qué le diremos que no.
Otro beneficio importante de los límites es que nos ayuda a tener una mejor autoestima. ¿Por qué? Porque ahora que contamos con el límite, que tenemos en claro dónde dibujar, siguiendo con la metáfora, podemos ser ilimitados. Cuando uno aprende a decirse que no a sí mismo, le será fácil decirle que no a otros.
Algunas personas tienen la fantasía de que, si le dicen “no” a otra persona, ese otro se va a enojar y no les va a hablar más. Si este es tu caso, deberías tener presente que, si el otro se ofende y no te dirige más la palabra, puede deberse a dos razones: que ese vínculo nunca fue muy sólido, o que esa persona no puede aceptar tu deseo.
Es por ello que es tan importante aprender a decirle “sí” a lo bueno y “no” a lo malo. ¿Cómo ayudamos a nuestros hijos adolescentes a hacerlo?, me suelen preguntar. El límite hacia un adolescente tiene que ver con su comportamiento social y básicamente podemos ayudarlos de estas tres formas:
1- Brindarles una explicación razonable: es altamente positivo explicarles un límite impuesto con lujo de detalles.
2- Guiarlos a descubrir de a poco su paso a la adultez: ellos suelen disputar dicha condición con los adultos. Es por ello que, aunque todavía son menores, podemos brindarles un espacio donde los tratemos de igual a igual.
3- Negociar: es fundamental que todo límite vaya acompañado con la negociación. Esta nos permite dialogar y acordar de modo que ambas partes queden conformes.
Para concluir, deberíamos recordar como padres que todo aquello que busquemos enseñarles a nuestros hijos, debemos moldeárselo primero con nuestras propias acciones.




