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Trapiche de los Molas

La cuna de la industria azucarera argentina, en ruinas

El historiador Mario Vera nos cuenta cómo y dónde se desarrollaron las primeras plantaciones de caña de azúcar en el actual departamento Fray Mamerto Esquiú.
23 de mayo de 2021 - 01:03 Por Redacción El Ancasti

Escondido en un callejón que otrora fue paso principal y obligado del Camino Real, subsisten de pie las arcadas de adobe de lo que fue el edificio que albergó al viejo trapiche iniciado por Antonio Molas Del Viso en 1807, mucho antes de que las primeras cañas de azúcar sean plantadas en Tucumán por el cura rector José Eusebio Colombres.
La construcción aún no ha caído definitivamente gracias a que gente interesada en la revalorización de varios hitos turísticos en la histórica traza precolombina y colonial, hizo construir contrafuertes al mismo estilo constructivo hace algunos años.
“Las ruinas están sobre el Camino Real, el camino que unía las dos capitales de Virreinatos de la colonia. Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata y Lima, capital del Virreinato del Perú. Atravesaba varias de las actuales provincias argentinas, especialmente las del Norte. En el caso de Catamarca, pasaba por los actuales departamentos de Capayán, Valle Viejo y el viejo departamento Piedra Blanca (hoy Fray Mamerto Esquiú). En este último, ingresa por la falda de Allpatauca pasa por La Callecita y a la altura de La Tercena sube las sierras del Gracián para salir hacia Paclín.
Es importante tener en cuenta que el sistema de rutas de antes no es el mismo que hoy, y el único camino para entrar a la ciudad de Catamarca por el Norte, era éste. Lo que significa que era muy transitado: comercial, productivo, también el sistema de correo con postas pasaba por aquí”, resalta Mario Vera.
“Piedra Blanca por entonces tenía una importancia muy grande, no solamente porque este departamento era el principal centro productivo sino porque aquí estaba la Aduana, la Cárcel, el lugar tenía comedor y posta de caballares en aquel siglo XIX. Una parte está en pie, en las ruinas de El Polvorín”, apunta el historiador.
El hombre fuerte de ese momento era don Antonio Laredo, el “rico del pueblo”, aunque también tenía importancia la familia Segura, propietarios de la parte Sur del pueblo. Pero fue un foráneo, el español oriundo de Galicia don Antonio Molas Del Viso (1775-1835), quien hacia 1807 llegó a afincarse a Piedra Blanca y se casó con doña Justa Segura, hija del hacendado patricio Francisco Antonio Segura.

Dato esclarecedor
Siguiendo con el relato, Vera trae a colación lo que es el primer vestigio de introducción del cultivo en las Provincias Unidas del Río de la Plata: “Luego llega a Piedra Blanca el primo hermano de Molas Del Viso, don Antonio Del Viso, quien en su viaje desde España pasa por Río de Janeiro, donde compra un gran rimero de caña de azúcar que trae consigo. Además, Del Viso compra un libro: el ‘Manual de Instrucciones para el Cultivo de la Caña y Fabricación del Azúcar’, editado en 1780 por Miguel Gerónimo Suárez”. No es difícil imaginar a este español llegando a Las Chacras por el Camino Real junto a una mula ataviada con las cañas y alguna maleta donde traería sus sueños de juventud y las instrucciones para el cultivo.
Es probable que la construcción que albergó al trapiche de los Molas sea de esa época –especula Vera- “ya que los Segura vivían más abajo (hacia el Sur) incluso allá en San Antonio, en casa de la poetisa Narváez Acuña quedan todavía cañas de azúcar, y dicen los viejos memoriosos que son de las mismas cepas que plantaron aquí”, explica el historiador a Express en el mismísimo solar donde se inició la producción.
“Lo que es el Norte de San Antonio y el Sur de Piedra Blanca era todo cultivos de vid, algodonales y también de caña de azúcar en aquella época. De ahí se sacaba la materia prima. Y, con sus trapiches rudimentarios, trabajaban. Más al Norte (actual Pomancillo y Collagasta) había cítricos e higuerales”, asegura el historiador.
Los rimeros fueron implantados por Molas del Viso y su primo, y se sabe que éstos prendieron rápidamente en las tierras de los Segura. “Trajeron artesanos carpinteros desde Buenos Aires para construir el primer trapiche, y lo pusieron en funcionamiento. Ya por 1808 se completaba el proceso de elaboración del azúcar”. Estos datos figuran en numerosos documentos y libros, incluso uno de la familia Molas Del Viso, “donde afirman que con las piedras y la tierra de estas lomas” levantaron el edificio para albergar al molino con el objetivo de extraer el jugo de la caña.

Traslado a Tucumán
“La riqueza de estos hombres chacareros los hizo participar en la vida política. La prueba es que de este departamento salieron catorce gobernadores de Catamarca: algunos elegidos constitucionalmente, otros como interventores, algunos sacerdotes que estuvieron muy poco tiempo”, advierte Vera. “Y también era éste un centro religioso muy importante”. Para la época en que se fabricaba el azúcar, el párroco de Piedra Blanca era Colombres, cura tucumano de gran empuje.
Tomando como fuente el libro de Vera “Hombres de fe. Obispos y sacerdotes de la Diócesis de Catamarca” (El Trébol, 2015), conocemos acerca del párroco que “nació el 6 de diciembre de 1778 y que sus padres fueron José Colombres y Thámez y María Ignacia Córdoba. Se ordenó sacerdote en 1803 y al año siguiente fue designado cura párroco de Piedra Blanca. En 1816, año decisivo para nuestra patria, es elegido representante de nuestra provincia para el Congreso de Tucumán, participando de los debates, la sanción y firmando el acta de la Independencia”
Una vez que termina el Congreso de Tucumán el presbítero Colombres regresa a Piedra Blanca, y a comienzos de 1817 se va de allí llevando su trapiche y rimeros de caña de azúcar para llegar a Tucumán, donde había sido designado rector de la Iglesia Matriz, es decir la principal parroquia de la ciudad de San Miguel en el único curato que existía por entonces y tenía algo más de 2.900 habitantes. En su ciudad natal, Colombres se dedicó “con gran éxito al cultivo y a la industrialización de la caña de azúcar. La industria azucarera nacida en el actual departamento Fray Mamerto Esquiú se extendió después por el Noroeste Argentino por acción del padre Colombres, quien llevó desde El Hospicio de San Antonio todo lo necesario para cultivar la caña azucarera e incluso la manera de construir un trapiche.
El historiador también relata que cuando se va de Piedra Blanca el señor diputado y cura Colombres a regir esa iglesia “también lleva un gran rimero de caña de azúcar que será el que va a sembrar en Tucumán. También compra a la familia Molas un trapiche, quizás otro, y lo lleva desarmado sobre las mulas. Se instala en el actual Parque 9 de Julio, ahí estaba su casa que aún está en pie, es un museo y ahí está el trapiche”.
El Papa Pío IX lo designó obispo de Salta, pero no recibió su consagración episcopal pues falleció el 11 de febrero de 1859, antes de que llegaran las bulas papales desde Roma”, aporta Vera.
Actualmente, una parte del edificio sigue en pie. Pero el olvido suele ser sindicado por todos cuando ya es tarde. Hay muchos vecinos chacareros que quisieran ver en el Camino Real el esplendor de aquellos años, y contar a la provincia y al país su hermosa historia. Al menos recuperando para el turismo monumentos de la talla del que albergó al viejo Trapiche de los Molas o poniendo en valor lo que queda del Polvorín y otros hitos del histórico derrotero. Antes de que avance el monte o el progreso sin memoria, o que se mueva el piso y los adobes, como los gobiernos, se disuelvan sin pena ni gloria. Como muchas veces pasó.

ASOCIACIÓN DE AMIGOS
El 20 de octubre del año 2016 nació la Asociación de Amigos del Camino Real con el objetivo de revalorizar, difundir y concientizar a toda la sociedad catamarqueña de la necesidad de proteger a este camino que refleja un grandioso pasado.

DIFERENCIA CON EL POLVORÍN
“Ahora estamos trabajando en el proyecto de recuperar el Polvorín, que se cayó allá por finales de los ‘90. La diferencia que tiene el Polvorín (con el Trapiche) es que hay un trabajo muy bueno de la arqueóloga María Eugenia Turus, con estratigrafía, planos y medidas de cada construcción, como las escaleras, los dinteles, las puertas y cómo estaban dispuestos los espacios. Así es que creemos que sobre esa base se puede reconstruir. Acá, el problema es que no sabemos cómo era (la construcción original). No tenemos ningún plano y no sé si habrá intenciones de poner plata para hacer ese estudio y recuperarlo”, aporta Vera, quien no obstante cita a anotaciones del investigador Romualdo Ardizzone, quien hizo algunas referencias al funcionamiento del trapiche.

Texto: Carlos Gallo
Fotos: Ariel Pacheco

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