Cultura

El “milagro” de la Misa Criolla de 1991

domingo, 2 de mayo de 2021 · 01:07

A treinta años de uno de los hechos culturales más icónicos de la historia provincial, un anónimo -y fundamental- protagonista nos relata los entretelones de aquella velada en el Poli.

Cuando Ariel Ramírez, Domingo Cura, “Zamba”Quipildor y el cuarteto Los Andes arribaron a la ciudad, en aquel abril en que los catamarqueños ya trancaban sus puertas con llave y olisqueaban todo con la desconfianza propia del miedo, el obispo Elmer Miani y su segundo, el padre Mario Cargnello, respiraron aliviados, se santiguaron y elevaron su mirada a la Virgen del Valle, en agradecimiento.

El encargo que le habían hecho a Carlos Rafael Robledo, un catamarqueño de 48 años radicado en Buenos Aires dedicado a la producción espectáculos, estaba comenzando a concretarse.“Ellos sabían que yo estaba con Ariel Ramírez y la Misa Criolla; me llaman y me piden que la organice, haga la coordinación general y la traiga a Catamarca porque eran los cien años de la Coronación de la Virgen (del Valle). Acepto, pero con la condición de que tenía que hacerme responsable yo solo, es decir, sin la intervención de ninguna entidad o institución; solo integrando el programa oficial del Obispado. El que era director del Coro de Catamarca en ese momento, (Jorge Gabriel) Fontenla, vivía en Martínez. Regresó a Buenos Aires, lo ubico en casa de su familia y lo convoco al Bar El Mapa, por Lavalle a mitad de cuadra de donde queda SADAIC. Ahí le propongo a Fontenla que prepare el coro para hacer la Misa Criolla con Ariel Ramírez”, cuenta Robledo a Express.

La pieza artística ya tenía por entonces una prestigiosa fama mundial por su excelencia, luego de haber recorrido decenas de países por los mejores escenarios. Por ello, para cualquier director de coro, semejante propuesta importaba un enorme desafío.

Así lo tomó seguramente Fontenla, quien luego habría de enamorarse de la Misa Criolla y de este trabajo con el coro catamarqueño. No obstante, le significó un mar de dudas antes de aceptar.

“En principio Fontenla no estaba convencido de hacerla. Entonces me voy al fondo del bar, donde había un teléfono público y llamó a la oficina de Juan Carlos Anello, el representante oficial de Ramírez. Anello me dice que lo lleve a la oficina, pero tampoco logra convencerlo. Ello fue gracias a la intervención del padre Segade,sacerdote de Mendoza, quien había sido compañero del papá de Fontenla y también era director de coro. “Es él quien lo termina convenciendo”, apunta.

Ahí empieza la preparación del coro. Las prácticas se hacían en el Colegio del Huerto (hoy FASTA),todo con gente de Catamarca.

“De esos ensayos sale un coro maravilloso(ver aparte ‘Los coreutas’) y el día 12 de abril se hace la Misa Criolla con un éxito tremendo en el Polideportivo con la presencia de todos los obispos que estaban visitando a Catamarca en ese momento”, agrega el mentor de aquel magno evento cultural.
 
Tensión y disfrute
“Al día siguiente algunos medios decían ‘el milagro de la Misa Criolla’ porque esa noche se juntaron todas las partes enfrentadas: los papás de María Soledad (a quienes) después llevé detrás del escenario y se sacaron fotos con Ariel Ramírez; también estuvieron los papás de algunos de los imputados e incluso (el juez) Ventimiglia”.

En un momento, ya con el espectáculo a punto de dar inicio, una parcialidad comienza a abuchear. Pero, oportuno y “cabeza fría”, la mayoría del público reprueba con un chistido generalizado que pedía silencio y sobre todo respeto por quienes iban a actuar.

Silencio y respeto. Con esos dos valores fue disfrutada en plenitud aquella gesta cultural organizada desde el anonimato con el profesionalismo de un grande de la trastienda de los escenarios: Robledo.

Al día siguiente fue la famosa misa en La Alameda donde pusieron esa enorme corona a la Virgen que aún admiramos los catamarqueños. En esa misa cantó Quipildor, como algo que no estaba previsto. El artista accedió teniendo en cuenta que era todo muy emocionante y se brindó para ello.
 
El hacedor
No había otro. Era el hombre necesario para el momento. Guiado por sus convicciones, logró mover las piezas de ese ajedrez trabado al mediojuego, en un momento cumbre de la historia religiosa y cultural. Sin su intervención comprometida, y sin la cautela y perseverancia que desplegó en su andar, difícilmente se hubiese producido el milagro. ¿Iluminado por la Virgen? En lo profundo, él cree que sí. ¿Si recibió presiones o lo hablaron para politizar el acontecimiento? Prefiere guardar para él mismo lo vivido en aquellas jornadas que le valieron intensos días de trabajo coordinando cada detalle: viajes, cachet de artistas, acompañamientos, exigencias, pruebas, ensayos, luces, sonido, seguridad, autorizaciones, reuniones, llamadas para concretar y para verificar que cada cosa esté en orden. Presencia de cuerpo y maldormir de varias noches.¿Si valió la pena el esfuerzo? Hoy, el haber traído la Misa Criolla a Catamarca, hace ya treinta años es, para ‘Rafa’ Robledo, un motivo de merecido orgullo.

Aquella velada cultural de la trascendente semana de abril de 1991, estuvieron todos en el Polideportivo Capital. Quienes reclamaban Justicia, los jueves en las calles alrededor de la Plaza de la Vida. Quienes buscaban la libertad de los imputados en los pasillos de los Juzgados. Y más de siete mil almas de un pueblo con el corazón partido: a la vez machacado de incertidumbre que reconfortado de fe mariana. Ante ellos, la cúpula de la Iglesia Argentina rindiendo tributo a la Virgen. Las lentes y el lápiz filoso de la prensa.

Esa noche, en que los principales artistas se complementaron de maravillas con el coro más numeroso y trabajado que haya actuado entre el Ambato y el Ancasti, se produjo el milagro. La velada cultural propuesta y solventada por la curia y hecha realidad por las ingentes gestiones del “hombre indicado” para hacerlo, se hizo realidad. Y se recuerda como uno de los hechos más salientes de nuestra historia cultural.

Luego, por el enorme éxito, la Misa Criolla Volvió a emocionar a los catamarqueños en el Anfiteatro de Valle Viejo, y más adelante, en el Cine Teatro Catamarca. Siempre, con la actuación de un coro angelical de catamarqueños que brilló en el firmamento de la más notable pieza del folclore religioso nacional.

Texto: Carlos Gallo