Tal vez no tenía el reconocimiento de Balderrama pero sí tenía la magia de Café La Humedad. El Bar La Colmena, en la esquina de Ayacucho y Mota Botello bajó las persianas hace unos meses. Algunos quedaron huérfanos de esta esquina de las 40 primaveras.
Marita, hija de Víctor “Tati” De la Vega, el propietario de esta institución bohemia, compartió algunas de las memorias de su recordado padre. Víctor, el “Tati” o “Tatita”, entre sus parroquianos era más conocido como “Barrabás”. Nació en la Capital, un día de mayo de 1950. “Esposo, amado padre yabuelo. Dedicó su vida a su familia, trabajo, siempre envolviendo su sencillez y humildad. Gran concertista de acordeón y piano, brindó muchos años de su vida a la pasión que sentía por estos instrumentos y ofreció su enseñanza a gran cantidad de alumnos y amigos”, contó.
Allá por 1980, abrió sus puertas Bar “La Colmena” de Tati De la Vega, un emprendimiento familiar que se convirtió con el paso de los años en un extraordinario lugar de encuentro de clientes, amigos y grandes personajes de nuestra provincia. Este lugar se convirtió en el refugio ideal donde se podía degustar de las clásicas empanadas picantonas, el locro y la buseca con un sello único de sabor, siempre acompañado con un “tintillo sodeao”.
“Cómo no recordar los fines de semana de eternas guitarreadas hasta el atardecer… Desde sus comienzos y a lo largo de sus 40 años, fue un incesante pasar de artistas nacionales, provinciales y cantores de barrio. Convirtiéndose en el antetelón de la Fiesta Nacional del Poncho, que en aquellos años se llevaba a cabo en la histórica Manzana de Turismo”, destacó.
En el íntimo escenario de La Colmena, marcaron presencia artistas del folclore nacional como Dúo Coplanacu, Cuti y Roberto Carabajal, Chango Nieto, Carlos Bazán y Trío San Javier, entre otros. A nivel provincial, dejaron su huella Naco Rueda y su bombito catamarqueño yLos de Catamarca, entre muchos otros, como las voces incomparables del 2x4 de grandes amigos como “Puyuyo” Sánchez, Román Reyes y “Guillo” Barrionuevo. Los boleros también dejaron su huella en la voz del recordado Víctor Pintos. Tampoco faltaron los momentos de humor que daban su chispa con Julio Quiroga y Ale Ayame, entre tantos.
“Sería interminable la lista de cantores, políticos, gremialistas y profesionales que pasaron por aquí. Lo más importante que dejó fue la amistad, esos grandes amigos de la infancia, de la vida, nuevos amigos, todos eran bienvenidos y Barrabás -como ellos le decían- los esperaba siempre listo, tensando los tientos de su bombo y haciendo soplar su acordeón. Todos llevan la marca de lo que fue Tati y su Colmena”, contó.



