jueves 2 de abril de 2026
El templo de los ingeniosos

Se cerró el boliche

El Bar La Colmena, ubicado en la nostálgica esquina de Ayacucho y Mota Botello, cerró sus puertas tras 40 primaveras.

Por Redacción El Ancasti

Tal vez no tenía el reconocimiento de Balderrama pero sí tenía la magia de Café La Humedad. El Bar La Colmena, en la esquina de Ayacucho y Mota Botello bajó las persianas hace unos meses. Algunos quedaron huérfanos de esta esquina de las 40 primaveras. 
Marita, hija de Víctor “Tati” De la Vega, el propietario de esta institución bohemia, compartió algunas de las memorias de su recordado padre. Víctor, el “Tati” o “Tatita”, entre sus parroquianos era más conocido como “Barrabás”. Nació en la Capital, un día de mayo de 1950. “Esposo, amado padre yabuelo. Dedicó su vida a su familia, trabajo, siempre envolviendo su sencillez y humildad. Gran concertista de acordeón y piano, brindó muchos años de su vida a la pasión que sentía por estos instrumentos y ofreció su enseñanza a gran cantidad de alumnos y amigos”, contó. 
Allá por 1980, abrió sus puertas Bar “La Colmena” de Tati De la Vega, un emprendimiento familiar que se convirtió con el paso de los años en un extraordinario lugar de encuentro de clientes, amigos y grandes personajes de nuestra provincia. Este lugar se convirtió en el refugio ideal donde se podía degustar de las clásicas empanadas picantonas, el locro y la buseca con un sello único de sabor, siempre acompañado con un “tintillo sodeao”.
“Cómo no recordar los fines de semana de eternas guitarreadas hasta el atardecer… Desde sus comienzos y a lo largo de sus 40 años, fue un incesante pasar de artistas nacionales, provinciales y cantores de barrio. Convirtiéndose en el antetelón de la Fiesta Nacional del Poncho, que en aquellos años se llevaba a cabo en la histórica Manzana de Turismo”, destacó.
En el íntimo escenario de La Colmena, marcaron presencia artistas del folclore nacional como Dúo Coplanacu, Cuti y Roberto Carabajal, Chango Nieto, Carlos Bazán y Trío San Javier, entre otros. A nivel provincial, dejaron su huella Naco Rueda y su bombito catamarqueño yLos de Catamarca, entre muchos otros, como las voces incomparables del 2x4 de grandes amigos como “Puyuyo” Sánchez, Román Reyes y “Guillo” Barrionuevo. Los boleros también dejaron su huella en la voz del recordado Víctor Pintos. Tampoco faltaron los momentos de humor que daban su chispa con Julio Quiroga y Ale Ayame, entre tantos.
“Sería interminable la lista de cantores, políticos, gremialistas y profesionales que pasaron por aquí. Lo más importante que dejó fue la amistad, esos grandes amigos de la infancia, de la vida, nuevos amigos, todos eran bienvenidos y Barrabás -como ellos le decían- los esperaba siempre listo, tensando los tientos de su bombo y haciendo soplar su acordeón. Todos llevan la marca de lo que fue Tati y su Colmena”, contó.

Para todos
La Colmena era un lugar de encuentro, entre personas de distintas clases sociales y edades. Era un sitio para compartir mucho más que un plato de comida o un vaso de vino. Allí las charlas eran amenas y dejaban mucho aprendizaje. Las mesas con sus jarritas individuales eran los pupitres de una suerte de escuela para la vida, con su filosofía de barrio. 
Al pasar caminando en ese monótono zumbido de la esquina, ya se lo escuchaba entonar, lo que en cada fin de semana sus amigos le pedían: “Tati, cante Gallo Calavera”. Él cantaba “te adivino en la noche cantor/ cuando el eco comienza a crecer/ y tu canto se mira en la estrella/ Gallo calavera del amanecer”. Frente al atento mirar de sus comensales, sorprendidos con tan inigualable voz, tan pausado, tan candente, tan Barrabás, él cantaba. Al son de la melodía de la Zamba de La Candelaria se emocionada. 
“Dios y la Virgen iluminen y bendigan a todos quienes pasaron por esta inolvidable esquina. Un agradecimiento especial a Damián ‘Pichuco’ Sánchez –hijo de ‘Puyuyo’-. Como dijo un gran amigo, ‘siempre será primavera en La Colmena. Gracias, Tati’”, expresó emocionada. 
“La Colmena” un emblema que nunca se olvidará, atendido por su creador y dueño Tati De la Vega, quedará en la memoria de muchos, en aquella esquina por donde alguna vez pasaron. Allí, Barrabás dejó un pedazo de vida y se marchó.


Zamba de La Colmena

Anda una copla cantando
Por el aire parece bailando
Ronda de voces carperas fue a la esquina
La viste de azar.

Es La Colmena un pañuelo, 
Tardecitas que atizan la vida
Una guitarra templada apenitas
Si llega un cantor,
Como si fuera una queja, una zamba, un amigo, una flor.

Mira qué hermosa poesía
La Colmena y los versos querían
Que cante mi alegría, 
Junto al vino que empieza a crecer.
Tati y su bombo cantando “Gallo calavera del amanecer”.

Cuántos palenques de sueños
Con el alma trepando los años.
Ya se ha metido en la rueda 
El Flaco Ibáñez para acompañar.
Mientras fortalecen las horas,
Los acordes parecen llorar. 

Mota Botello, Ayacucho
Es el templo de los ingeniosos.
Pepe Gallardo que pide un tres cuarto para deshojar.
Cuántos recuerdos que esta zamba la han de acompañar.

Letra y música: Lito Zalazar
 

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