Alfonso Alaniz

Meteorólogo de profesión

domingo, 11 de abril de 2021 · 01:00

Alfonso Gerardo Alaniz nació el 20 de octubre de 1930, en la localidad de Londres, departamento Belén, provincia de Catamarca. El hombre, siendo muy joven, empieza a decidir su futuro, y en charlas con el hermano mayor Einar Alaniz, que estudiaba en la ciudad Capital de la provincia de Catamarca, se va a estudiar a la ciudad de Andalgalá, departamento que también pertenece a la provincia de Catamarca.
Las hermanas que eran tres, estudiaron y han sido docentes. Después, Alfonso Gerardo Alaniz recuerda: “Me fui directamente a Buenos Aires y la decisión de viajar a estudiar se debía, primero a la búsqueda de un futuro mejor, y segundo porque mi padre, no podía, económicamente, que todos los hermanos, sus hijos, estudiaran”.
Levanta la mirada y recuerda don Alaniz: “Estando en Andalgalá, observo una propaganda en la agencia Ford, que era de propiedad de su tío Amayo, esa propaganda hablaba del estudio en las Fuerzas Armadas, de inmediato me he visto o imaginado con el traje militar cumpliendo funciones en defensa de la Patria. Por eso tomé esa publicidad y cuando volví a Belén se la enseñé a mi señora madre, quien de inmediato me sugirió viajar hacia Buenos Aires a estudiar”.
Realizaron algunos sacrificios, especialmente económicos, tanto el muchacho de 15 años como su familia y se decidió su partida. Viaje que estaba precedido por la preparación, ya que había conseguido un programa de lo que debía rendir. De modo que aseguraría su ingreso, porque había estudiado lo necesario.
En el año 1949 en el Palomar hicieron el curso de meteorología y recuerda que en ese entonces hubo tres cursos de meteorologista, que una vez concluidos los mismos, los recibidos y preparados, fueron distribuidos a distintos lugares del país, Salta, Córdoba y Chubut, entre otros.
Todo estaba dirigido por militares y el año 2010, sacaron a todos los militares y desde ese entonces es manejado por civiles y cambia de denominación, pasando a llamarse Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), y todos los militares fueron destinados a las bases a las que pertenecían. Pero los comienzos fueron duros, ya que las disposiciones nuevas causaron malestar en algunos y hubo movimientos sociales de los empleados. Pero la presidente recibió el correcto asesoramiento de Estados Unidos, que la parte operativa de la aviación, la debían manejar los militares y los civiles quedan a cargo de la Administración Nacional de Aviación Civil, es decir, la administración del aeropuerto. Y así se determinó, quedando de esa manera.
Alaniz fue trasladado a Reconquista, provincia de Chaco, a hacer un relevo laboral y a su regreso a Palomar, toma conocimiento que en ese entonces el servicio meteorológico nacional pasó a depender de la Fuerza Aérea.
A partir de ese momento al nacionalizarse el servicio, ya podía venir a Catamarca, disposición que es tomada por ser el único catamarqueño que había estudiado meteorología. Este traslado ocurrió en el año 1951.
De ese momento, don Alaniz evoca: “Cuando llegué a Catamarca me encuentro que en el interior de la provincia como Tinogasta, había servicio meteorológico que era ejercido por un señor de apellido Lostao. Me contacto con él de inmediato y después de varias reuniones nos pusimos de acuerdo en varias cosas referente al funcionamiento y también se arregla su situación económica laboral. Después del fallecimiento del señor Lostao, sigue con el servicio su hijo Gabriel, manejando y difundiendo esta información”.
Don Alaniz sostiene que “la meteorología es tenida en cuenta y generalmente se la recuerda, cuando desgraciadamente, hay algún accidente. La información del tiempo es muy valiosa para el piloto porque en base a ella, tomará las decisiones de maniobras, ascensos y descensos especialmente. Cuando ocurren estas desgracias, recién empiezan a preguntar de los vientos, tanto de la dirección como de la velocidad y demás factores climáticos, pero lamentablemente ya es tarde”.
Baja su mirada, suspira y como viviendo aquel momento, sigue: “Cuando yo llegué a Catamarca, lo hice al aeródromo de Choya, que recuerdo contaba con una casilla de madera, donde funcionaba la torre, meteorología y plan de vuelo.
El primer jefe del aeródromo vino de la provincia de Salta, era de apellido Oyos y permaneció en Catamarca hasta el año 1946, y se dedicó a dar las comodidades necesarias, terminó la casilla para que el servicio sea el mejor, entre otras mejoras realizadas. Nicholson, lo reemplazó y venía procedente de La Matanza. Y a partir de 1950 pasamos a depender de Córdoba que administraba todos los aeródromos, como antes lo hacía Salta.
La pista era de tierra hasta el año 1940. Es precisamente este año que se produce el primer accidente aéreo, donde muere Marquetti, que venía de Santiago del Estero con destino a Andalgalá, que había sido enviado para buscar unos cazadores extraviados, porque hacía varios días que no regresaban. Cumplida la misión, el avión regresó, se reabasteció de combustible y partió hacia su lugar de origen. Despegó el piloto, Marquetti y otro pasajero que era funcionario de gobierno. A la altura de cerro Ancasti, tuvo una falla mecánica, según creo fue en la hélice que en ese entonces era de madera.
El testigo de ese accidente fue un pastor y al correr a ver el accidente, se encontró con un empleado de vialidad nacional, D. Clemente Bolecich. Ambos fueron citados para ser interrogados sobre el accidente.
Choya tenía una pista direccionada norte sur, que pasaba a diez metros de altura sobre la ciudad, cosa que era regular, y con una mínima velocidad, y cuando faltaba 50 metros reducía al máximo la velocidad y descendía en esa pista de 800 metros. Constituía una maniobra peligrosa para los habitantes de San Fernando del Valle de Catamarca. En el año 1953 vino una comisión de Buenos Aires, una pequeña empresa de la Fuerza Aérea, el Grupo Uno del Palomar. Y entonces se construyó la nueva pista en la dirección Noroeste. Sureste, tal como corre actualmente la avenida choya, y desde entonces ya contaba con 1.800 metros de longitud.
El cambio de pista, especialmente en cuanto a la longitud, fue un gran progreso para Catamarca y representó una gran seguridad para los habitantes de la ciudad, porque los aviones que descendían pasaban a una altura importante de la ciudad, dejando atrás la peligrosidad de la primera pista.
El Aero Club Catamarca tenía un Piper PA 11, que es con el cual empiezan las maniobras de vuelo los nuevos pilotos. En la presidencia del Ing. Kaibur, que los adquirieron con la realización de festivales aéreos que se realizaban en distintos lugares de la provincia.

Don Gerardo Alaniz después de cumplir una excelente labor, tal como se había preparado desde muy temprana edad, se retiró del servicio activo en el año 1993, cuando ya estaba en funcionamiento el nuevo aeropuerto General Felipe Varela, en el nuevo espacio destinado para tal fin, el departamento Valle Viejo.

Texto: Colaboración de Oscar Hugo Alaniz
 

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