jueves 2 de abril de 2026

¿Cuál es el objetivo del que se victimiza?

Por Redacción El Ancasti

“Yo sufrí mucho… a mí me lastimaron… la vida ha sido muy dura conmigo” son algunas frases típicas de las personas que se colocan en el lugar de víctima, porque así es como se ven a sí mismas. Pero una cosa es contar un dolor, compartirlo; y otra muy diferente es victimizarse.
Quien se victimiza se para en un lugar de impotencia. Sin darse cuenta, ha armado una “encerrona mental” de la que no logra salir. ¿Por qué? Porque, con sus palabras y acciones, declara su propia derrota. Quedó atrapado en esa actitud derrotista que no le permite ver más allá de su dolor.
En realidad, la persona que usa su dolor como carta de presentación, con su postura, manipula a aquellos que están a su alrededor. Dicha manipulación, que en ocasiones hasta puede generar risa, se produce por esa voz interior que le dice: “El otro me está lastimando, yo no tengo absolutamente nada que ver”.
La victimización siempre busca el reconocimiento externo. Al principio, la gente escucha a quien actúa de este modo. Pero, con el tiempo, los demás ya se empiezan a sentir incómodos, al punto de que algunos optan por alejarse. Lo cierto es que a nadie le agrada estar cerca de alguien negativo que vive para quejarse de “lo que el mundo entero le hace porque está en su contra”.
Todos atravesamos por circunstancias duras, como el año que acabamos de pasar que ha sido tan difícil. Pero todos deberíamos pararnos siempre en el lugar de responsabilidad. Y jamás usar nuestras vivencias tristes para obtener algún beneficio o lograr algo. Y mucho menos, para intentar manejar a otros a nuestro antojo.

¿Cómo evitar caer en la posición de víctima?
Fundamentalmente recordando que el dolor es normal y universal y nos iguala a todos. Pero, de uno mismo depende que ese dolor que experimentamos se transforme en sufrimiento, lo cual no es lo mismo. Lo que convierte el dolor en sufrimiento (inútil) no es otra cosa que nuestros propios pensamientos. Es por ello que dos personas, frente a una misma situación negativa, pueden reaccionar de distinta forma.
Te invito a considerar cuatro actitudes que nos pueden llevar a sufrir innecesariamente: 
a. Preocuparnos por algo o alguien en demasía.
b. Angustiarnos por lo que sucede a nuestro alrededor.
c. Maltratarnos mentalmente a nosotros mismos por nuestros errores.
d. Mantenernos en un estado de sufrimiento por años o, incluso, la vida entera.

Preocuparse demasiado por otra persona, aunque se trate de alguien cercano, es enredarse en el dolor ajeno. Y cada uno es 100% responsable de su propia vida. Está bien mostrar empatía frente al dolor ajeno, pero quien sufre no necesita mi lástima, sino mi comprensión y, si es un conocido, mi acompañamiento. 
Recordemos también que nadie es perfecto y todos nos equivocamos, pero la actitud ideal, cuando eso ocurre, es aprender del error, repararlo y seguir adelante. Solo la acción nos saca del sufrimiento innecesario y evita que lo perpetuemos. Y siempre es posible hacer algo para superar una dificultad. 
¡No seamos la clase de personas que sufren por todo y por todos!

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