jueves 2 de abril de 2026
salud

La incertidumbre y los pensamientos obsesivos

Por Redacción El Ancasti

Una emoción que predomina en la mayoría de la gente en este momento es la incertidumbre. No soportamos “no saber” lo que ocurrirá después. Entonces, reaccionamos arrojando hipótesis. Aquí debemos aclarar que existe una diferencia importante entre ansiedad y miedo. 
El miedo siempre es focalizado, mientras que la ansiedad es ambigua (“no sé bien por qué razón, pero estoy preocupado”). Esta última emoción es un circuito de preocupación donde se formulan “preguntas hipotéticas” y se brindan “respuestas catastróficas”.

Dicho circuito se establece como una idea que, por lo general, tortura a la persona que la tiene, pues es incapaz de reflexionar.
Entonces podemos decir que la angustia es el pensamiento circular. Tanto análisis mental trae como consecuencia parálisis y, sobre todo, mucha angustia. ¿Qué podemos hacer con las ideas obsesivas que tenemos? Comparto la siguiente técnica que suelo recomendar en estos casos:

Imaginate un tablero de ajedrez. Las piezas blancas son tus pensamientos positivos y las piezas negras son tus pensamientos negativos. ¿Quién sos vos? El tablero. Esto nos demuestra que cada uno de nosotros es más que sus propios pensamientos. Es por ello que podemos desarrollar el hábito de observar qué estamos pensando. Por ejemplo, si vos decís: “Soy un desastre”, vas a notar que sentís esas palabras con fuerza. Pero si, en cambio, decís: “Estoy teniendo el pensamiento de que soy un desastre”, vas a notar que tomaste distancia de ese pensamiento. 

Recordá: ¡vos no sos tus pensamientos! Por ende, sos capaz de observarlos desde tu “yo profundo”. Vos y yo podemos observar qué estamos pensando. La mayoría de la gente piensa cosas tales como: “soy un depresivo”, “soy un fracasado”; etc. Lo ideal es comenzar a pensar de otro modo: “Estoy teniendo el pensamiento de que soy un fracasado o un depresivo”. La distancia producida permite que la ansiedad disminuya.

Nunca deberíamos intentar luchar contra nuestros pensamientos obsesivos. Es normal tenerlos, pero si no salimos de ese circuito incesante, del hábito de analizar una situación negativa o un problema todo el tiempo, sentiremos una gran angustia que no lograremos resolver. Lo recomendable es tomar distancia del pensamiento porque nosotros somos más de lo que pensamos. ¿Cómo? Observándolo tal como observamos un cuadro o una foto. Hay que dejarlo y, así como vino, se irá. 

También podemos fijar un horario cada día para pensar nuestros problemas. Por ejemplo, entre las 2 y las 4 de la tarde me voy a sentar (con papel y lápiz) a pensar qué puedo hacer frente a mis dificultades; y voy a anotar posibles soluciones, comenzando con la más fácil. Un pequeño cambio es lo máximo porque, si me quedo en el pensamiento obsesivo, sufriré “parálisis por análisis” y ahí la angustia y la incertidumbre me habrán ganado. 
Esta es la diferencia entre aceptación y resignación. Resignación es: “Tengo problemas económicos, ya está”. Aceptación es: “Tengo esta situación; ¿qué puedo hacer para salir de ella?”. 
 

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