Final inclusivo

Un trabajo como ninguno

En la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Catamarca, por primera vez se presentó un trabajo final redactado en Sistema Braille.
domingo, 28 de febrero de 2021 · 01:01

Erick Gamal Sosa disfruta de su flamante título de ingeniero agrónomo. Su trabajo final o NAFO (núcleo de actividades de formación optativa) contó con una particularidad: fue redactado en Sistema Braille. Para este trabajo, contó con la colaboración de su novia Daniela Aibar Bertazzo, una estudiante avanzada en la carrera de Profesorado en Educación Especial y de la docente Sandra Valeria Brizuela, del Instituto de Educación Superior “Profesor Juan Manuel Chavarría”. Su trabajo final estuvo bajo la dirección del ingeniero agrónomo Francisco Murúa y trató sobre la “Producción de semilla de zapallo redondo de tronco (Cucurbita máxima variedad zapallito), en el Valle Central de Catamarca”.
En una charla con Revista Express, Erick comentó que la idea de presentar el trabajo en Sistema Braille surgió de una charla con su Daniela, quien se forma como docente tanto para personas ciegas como para personas sordas. “Sus prácticas coincidieron con mi trabajo final. Le propuse a ella poner en práctica todo lo que sabía y que me ayude a cumplir esta idea de redactar mi trabajo en Braille. Con su ayuda y la de la profesora Sandra Valeria Brizuela nos pusimos en campaña para ver de qué manera se podía llevar a cabo. Me pusieron a estudiar todo lo que respecta el sistema de escritura Braille. Así comenzamos”, recordó.
El flamante ingeniero detalló que la iniciativa fue prácticamente para que toda la información o lo que concierne a esta parte de su carrera, se dé a conocer. Erick contó que en charlas con su novia y mientras le daba una mano en la práctica que corresponde a su carrera, los dos pudieron advertir que muchos puntos en común con respecto a la importancia que tiene la parte práctica en campo con todas las facilidades que tiene una persona no vidente, sea por el uso del tacto, del olfato o del oído.
“Me surgió la idea de plantearle este trabajo. Además, de lo importante que es para la sociedad que todas las personas tengan acceso al conocimiento. Nos pusimos en campaña para realizar el trabajo”, expresó.
Sobre el trabajo final, detalló que éste cuenta con el escrito propiamente dicho, igual al original y una cartilla de imágenes en relieve. A este trabajo, lo acompaña que un CD del formato audio de todo el escrito para brindar a la sociedad distintos recursos.
“Es la primera vez que se presenta un trabajo en Braille en mi Facultad y tengo entendido que en la Universidad en general. Al trabajo lo elaboramos primero con el original. Comenzamos redactando a pulso, con muchas ganas y esfuerzo; arrancamos con una regleta y punzón, hasta que pudimos hacer unos contactos. Nos contactamos con Natalia Carabajal, que tiene un hijo que es no vidente Alejandro Arévalo; ella con buena fe y generosidad nos prestó una máquina Perkins de escritura en Braille. Parte del trabajo lo hicimos manual y otra parte lo pudimos concretar con esta máquina. Así se nos hizo más fácil”, contó.

A pulso
Este ambicioso trabajo final comenzó a trabajarse a mediados de agosto y en septiembre empezaron a planificar cómo lo concretarían. Erick indicó que hubo que modificarlo levemente. Hubo cuadros que debieron adaptarse; hay imágenes que pasaron del trabajo original a la cartilla -que también hubo que adaptar-. “Mi novia me acompañó varias veces al campo porque a la hora de representar lo que hay y lo que se veía en el campo teníamos que buscar materiales que de alguna manera coincidan con las texturas de una hoja, un tallo, un fruto o de la semilla. Ella fue; hicimos el trabajo de campo y de ahí, a la librería a comprar materiales, ver qué elementos había en la casa para tratar de asimilar esas texturas y relieves. Redactamos desde mediados de septiembre y finalizamos en enero, con la cartilla. Fue lo último que se hizo. El trabajo fue a mano, con muchas ganas. Al comienzo, un poquito arduo y lento porque con la regleta y el punzón es un poquito más complicado; al Braille hay que escribirlo al revés. En cambio, con la máquina se escribe de la forma ‘tradicional’”, explicó.
Sobre el trabajo final, original e inclusivo, el ingeniero valoró que fue elaborado de manera muy casera, con los materiales que había a mano. Incluso lo trabajaron a escondidas; solo sabían sus hermanos y su papá que viven en casa. La idea era no comentar nada a nadie, que sea un secreto para que sea una sorpresa a la hora de presentarlo.
“Trabajamos, incluso cuando no había luz, cuando el panorama estaba un poco complicado con los tiempos. Al comienzo era redactarlo todo en regleta, pero se complicó por el tema de los tiempos. Para redactar con regleta, en una semana hicimos pocas páginas, a comparación de lo que se hace con una máquina. Cuando nos prestaron la máquina, se nos facilitó el trabajo. Aprendimos a usarla; mi novia tenía alguna referencia, pero yo no. Incluso, tuve que aprender a escribir todo lo que respecta al Braille, cómo escribir tanto con regleta como con máquina, todas las consideraciones del Braille estenográfico –con algunas palabras abreviadas-. Nos pusimos en campaña de escribir”, recordó. El resultado de tanto esfuerzo fue el título de ingeniero agrónomo.

Texto: Basi Velázquez
Fotos: Gentileza
 

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