literarias

Amalia Rizzardo de Vergara

En esta colaboración literaria, una hija agradecida le rinde homenaje a su madre contando su historia de superación en la Catamarca de antaño.
domingo, 9 de agosto de 2020 · 01:01

Amalia Rizzardo, mi madre, nació en la capital de Catamarca el 5 de diciembre de 1924, falleció el 5 de agosto de 1991 en la misma provincia. Es la cuarta hija de Antonio Rizzardo y María Doménica Sartor. En 1910, Antonio, junto a los otros integrantes de la familia, se instala en la propiedad adquirida por su padre Agustín Rizzardo, el Pater famila, a Adolfo Castellanos en el distrito Santa Rosa, departamento Valle Viejo, de la provincia de Catamarca. Tenía para su regadío el derecho de riego. 

“La Finca de abajo”, como se la nombraba, estaba alejada de la parte urbanizada y poblada de Valle Viejo. Este lugar y la comunidad de italianos inmigrantes nativos de Paderno del Grappa y sus descendencias marcaron su infancia.
Amalia, “la Gorda”, viajaba a caballo o en sulky, hasta la escuela primaria de Villa Dolores (actual, Precinto 10, calle Félix Pla s/n, Villa Dolores, Valle Viejo). Entre sus compañeros, estaba Mario Gerardo Denett, hijo del director. 

Mi madre nos contaba sus travesuras infantiles. Rescato una. Sucedió en un ardiente verano. Desde la orilla del estanque, miró hacia todos lados. No distinguió a nadie y se arrojó vestida a disfrutar del agua.

Sin estilos específicos, era una intrépida nadadora. Al cabo de un rato, cambió la velocidad del agua y, de repente, el sifón la succionó. Los peones la vieron y alertaron a los patrones. Entonces, los gritos y clamores desgarraron la siesta. La chiquilla empapada surgió de la acequia. Su padre llegaba dispuesto al castigo. En ese momento, el nono Agustín impuso su autoridad y lo sujetó, diciéndole en su dialecto: 
- ¡No lo hagas!, está asustada, puede quedar muda.
 
Adolescencia y juventud
Antonio Rizzardoprogresó en la agricultura y la lechería, invirtió sus ahorros en la compra de una finca, con derecho de riego, en el distrito Santa Rosa, departamento Valle Viejo ubicada en la actual calle pública Mardoqueo Molina s/n. Allí, forjaría su propio tambo.

Toda la familia Rizzardo Sartor se trasladó a la casa, amplia y confortable, que el padre hizo construir y aún perdura, también hay vestigios de los corrales para el ordeñe.
Con su padre, trabajaban los tres hijos varones y algunos parientes. Amalia, igualmente se ocupaba de las tareas en el tambo, era muy hábil en las rutinas de ordeño manual de las vacas holando-argentina. Así lo registran sus relatos orales, fotos, premios ganados como ordeñadora y publicaciones en los diarios de la época. Igualmente, sabía ensillar y montar a caballo, enganchar y conducir sulkys y jardineras. 

A los diecisiete años, encuentro a mi madre en una fotografía, parada al costado del Ford A propiedad de su padre. Ella habría sido la primera mujer de la Argentina en conducir un automóvil. Le apasionaba la velocidad, divertida, contaba cómo daba vuelta en dos ruedas en las curvas estrechas de los caminos. En placenteras conversaciones narraba que con su papá y su mamá viajaban a Chilecito, La Rioja, a visitar a Don Luis Sartor (hermano de su madre). Amalia conducía el automóvil por la enripiada Ruta Nacional 38, la distancia, el traqueteo del vehículo debido a los abundantes “costillares” era agotador, pero para la joven esta aventura era un esparcimiento. 
 
Vida de casada  
El 16 de octubre de 1942, con 17 años la atractiva joven contrajo matrimonio con Marcial Gregorio Vergara, el agricultor de ojos azules, vecino del lugar. Tuvieron ocho hijos, seis mujeres y dos varones: Elsa Isabel, Martha Emilia, Amalia del Tránsito, Inés Adelecia, Rosa Elena, Orlando Rubén, Néstor Reyes y Elvira Cecilia.

En los primeros tiempos los recién casados vivieron en la casa de la familia Vergara. Habían transcurrido diez o doce años de su vida de casada. La joven catamarqueña de vida holgada, también conoció las privaciones. El cultivo de la tierra por su cónyuge, era insuficiente para afrontar los gastos que demandaban la crianza de seis hijos. Pero, la tenaz y laboriosa madre no conocía la flojera, con fortaleza superaba los obstáculos. Aspiraba que sus hijas e hijos fueran independientes, ponía sus esfuerzos en la instrucción y el estudio de sus retoños. 

En 1941 fue creada la Corporación Argentina de la Tejeduría Doméstica. Alrededor de 1953, los operarios del organismo estatal trasladaron en la camioneta Mercedes Benz el telar casero manual, armaron la estructura de madera y la fijaron por las patas al suelo de tierra del pequeño galpón. También instalaron la devanadora. La Corporación suministraba la materia prima (bobinas de hilo de algodón) a las tejedoras y realizaba el pago quincenal por metro de tela. 
Ella por ese trabajo no tuvo cobertura médica, ni aportes jubilatorios. 

Amalia, quien jamás había realizado tejidos artesanales, en corto tiempo de instrucción aprendió el oficio y se convirtió en una diestra y prestigiosa tejedora. Mi madre, junto a las hijas mayores, se sumó a las mujeres que en la provincia hacían las telas para envases de azúcar y harina. Se caracterizó por administrar su propio dinero y tener bien ordenadas las cuentas. En lo que llamamos libros de Actas asentaba hasta las fechas de parición de las vacas.
Marcial Vergara, mi papá recibe la herencia de sus padres fallecidos y compra con Amalia otra parte a dos de sus hermanos, de la propiedad de la actual calle Mardoqueo Molina s/n. 

Alrededor del año 1957, la familia Vergara Rizzardo se traslada a esa vivienda, entonces, el telar es reinstalado en un galpón más amplio y cómodo. En aquella época, Amalia adosó al telar un motorcito que movía el pesado travesaño. De esta forma el trabajo fue más liviano y productivo.   

Luego de una penosa enfermedad, fallece Antonio Rizzardo. Amalia recibe, como herencia, tierra y vacas holando argentinas. Con su marido y los dos hijos varones, fundó su propio tambo. Después de obtener la extensión del tendido eléctrico, lo tecnificó. En ese mundo masculino, ella fue socia y accionista de la Cooperativa de Tamberos, cobró los cheques y concurrió a las reuniones del Consejo de Administración.

Amalia, gran visionaria, hizo los aportes como trabajadora autónoma, de este modo obtuvo su jubilación.
Su imprevista y temprana muerte impactó a la familia, parientes y vecinos. En el entierro recogí aspectos desconocidos de su vida.

Personas de su entorno me abrazaron y dijeron: Su mamá me regalaba la leche eso me permitió criar a los hijos. La sinceridad de aquellas palabras tuvo un efecto benéfico para mi dolor.
Amalia Rizzardo de Vergara no fue funcionaria, tampoco integró gobierno alguno; como tantas otras, fue una trabajadora y esforzada mujer de pueblo.  
  

“Fue una esforzada mujer de pueblo” (De su hija Martha)
 

Colaboración: Martha Emilia Vergara Rizzardo – D.N.I. 4.871.280