Hay mucha gente que acostumbra tener ciertos rituales en su vida diaria. La mayoría de nosotros asociamos el término ritual con la religión, pero nada más lejos de la realidad. ¿Qué es entonces un ritual? Desde la psicología nos explican que se trata de un comportamiento de carácter compulsivo que uno no es capaz de evitar porque, en realidad, se necesita para soltar las tensiones acumuladas.
Nota: En la presente nota nos referiremos a ritual como esa acción especial que se realiza casi de memoria (distinta de lo que hacemos cada día), que uno repite con cierta frecuencia y que forma parte de la rutina personal. No nos referimos aquí a rituales religiosos ni obsesivos.
Pero, además de ayudarnos a liberarnos de tensiones, ¿qué finalidad específica tiene el ritual? Básicamente brindarnos “estabilidad”. Un elemento que quizás hoy más que nunca, en las circunstancias que atravesamos a nivel mundial, todos precisamos en nuestra vida. Es por ello que, cuando uno atraviesa épocas difíciles, suele rememorar otros tiempos cuando todo marchaba sobre rieles.
¿Es bueno desarrollar rituales? Sí, porque estos provocan que nos sintamos firmes y sepamos qué vamos a hacer a continuación. Aunque, demasiados rituales pueden terminar por ahogar la creatividad. Todos sabemos que demasiada monotonía, hacer todo siempre de la misma forma, conduce al aburrimiento. Entonces, lo ideal es lograr un equilibrio entre rutina-rituales y novedad-creatividad.
Lo explico mejor: no todo debe ser creativo o nuevo, como así tampoco no todo debe ser ritualístico o rutinario. Se requieren ambos elementos para construir una nueva perspectiva que nos permita descubrirnos y conocernos a nosotros mismos. Y este es, a pesar de todo lo negativo que presenciamos, el momento ideal para mirar hacia adentro y perseguir este balance.
¿Pero cómo logro el equilibrio?, tal vez te estés preguntando. Una herramienta fundamental para lograr y mantener el balance entre lo conocido (los rituales, la rutina) y lo novedoso es la creatividad. Es algo que jamás debería faltar en nuestras vidas. Aun, o mejor dicho en especial, en tiempos de crisis.
Una persona, para vivir en plenitud y llegar a ser todo lo que es capaz de llegar a ser, debería experimentar tanto la estabilidad como los cambios. Todos somos una conjunción de ambas cosas. Pero concentrémonos en la estabilidad tan necesaria por estos días. ¿Cómo podemos aumentarla? De dos maneras:
- A través de rituales en casa que repetimos con frecuencia y pueden ser actividades placenteras solos o en familia.
- A través de buenos recuerdos de momentos ya vividos que disfrutamos grandemente.
Estas dos acciones nos otorgan estabilidad (sensación de seguridad) en el área de nuestras emociones. Y tienen la capacidad de ayudarnos a salir de una situación negativa que nos agobia y traernos “a casa”, ese lugar donde nos sentimos cómodos y a salvo que no es necesariamente físico. El cambio constante, como lo estamos viendo ahora mismo, nos suele volver inseguros e inestables.




