Cuando el delito se vuelve digital y sin fronteras
Sextorsión, criptomonedas inexistentes, robo de contenidos, encriptación de cuentas propias son parte de una metodología que pone en la mira a las criptomonedas. ¿Podrías ser víctima de un ciberdelito en este preciso momento?
En medio de la crisis del COVID-19 y cuando los funcionarios del Ministerio de Salud de la Nación recomendaran en conferencia de prensa a la población el Sexting como práctica sanitaria segura, sorprendió en las redes el caso de una afamada periodista (Fanny Mandelbaum), declarando ser víctima de extorsión por parte de delincuentes que aseguraban tener videos con contenido sexual y demandaban un pago en Bitcoins para no divulgarlo.
Nos encontramos con viejas modalidades delictivas llevadas al mundo virtual y pareciera que lo novedoso de estas estafas, robos y secuestros es que ahora se demanda pagos en Bitcoins.
El eje de la discusión mediática suele trasladarse de la acción de los criminales, o la reparación de las víctimas, al medio de cobro elegido por los delincuentes, quienes ponen a Bitcoin en el centro de la escena, instalando en el imaginario colectivo una asociación mental entre Bitcoin y lo ilícito, el anonimato y la delincuencia, lo no regulado y lo ilegal, la privacidad y el peligro.
Desde la ONG Bitcoin Argentina, organización civil sin fines de lucro que desde el año 2013 realiza capacitaciones sobre Bitcoin y tecnologías descentralizadas, habitualmente dictamos charlas y capacitaciones abiertas a la comunidad. Personalmente, acostumbro abrir esos espacios preguntando a la audiencia ¿cuál fue la primera vez que escucharon hablar de Bitcoin? Rápidamente la encuesta arroja un resultado contundente, dividiendo a la audiencia en dos grupos: los que escucharon por primera vez hablar del precio de la moneda en los medios y quienes vieron en una serie como Billions o Homeland el pago de un soborno o una extorsión en crypto activos.
De la ficción a la realidad hay un paso -casi nada- y durante las últimas semanas la realidad de miles de personas ha sido interpelada por este escenario ficcional.
¿Bitcoin es malo?
El protocolo de Bitcoin permite intercambio de valor entre personas de forma libre, segura y sin necesidad de intermediarios que autoricen, censuren o limiten la posibilidad de transaccionar. Ya no sólo podemos comunicarnos y comprar sin fronteras sino que además podemos transferir valor más allá de las monedas nacionales y límites jurisdiccionales de los gobiernos de turno.
Podemos pensar en Bitcoin como una moneda digital, global, funcional que no duerme, al igual que una sociedad que ha dejado de verse atada por los límites de la territorialidad, que vive más de 6 hs al día ante pantallas y consume desde un smartphone en la palma de su mano servicios prestados desde India, China, Estados Unidos o Luxemburgo.
En un mundo digital y sin fronteras, el delito se vuelve digital y sin fronteras. Pero las estafas y ataques no son novedad en internet: virus, falsas promesas y engaños de todo tipo llevan más de dos décadas llegando implacablemente a la bandeja de entrada de nuestro correo electrónico.
Hasta el surgimiento de Bitcoin estas modalidades delictivas se caracterizaban porque los rescates implicaban el uso de dinero efectivo, lo que limitaba en cierta forma las posibilidades de los delincuentes a su entorno geográfico. En algunos casos también se demandaban pagos con tarjetas de crédito, situación que eventualmente y luego de un largo periplo de reclamos reservaba la esperanza a los usuarios de direccionar los reclamos de las víctimas a través de una entidad determinada e inclusive anular o retrotraer los pagos realizados. Los delincuentes, al igual que todo el mundo, necesitaban a los bancos como infraestructura de pago internacional.
Como en los más tradicionales mitos, los poderes del superhéroe se convierten en su maldición y los mismos atributos que hicieron a Bitcoin una herramienta para empoderar a las personas, creando la infraestructura para la internet del valor; lo transformaron en el más famoso, pero no más utilizado medio de cobro para delincuentes en el ciberespacio.
La realidad de los hechos impera y pese a la tristemente célebre reputación adquirida por Bitcoin y los crypto activos en general, el método más utilizado para transaccionar en los mercados informales y la comisión de ilícitos sigue siendo el dólar billete, la divisa norteamericana altamente fungible y difícil de rastrear una vez puesta en circulación.
Bitcoin en cambio, y pese a la narrativa popular, no es necesariamente anónimo, sino que es altamente trazable y el funcionamiento de la red es públicamente auditable por cualquier interesado.
Estafas multi nivel, Esquemas piramidales, el telar de la abundancia y otras mentiras
¿Querés ser tu propio jefe? ¿Asegurar ganancias con una pequeña inversión? ¿Querés trabajar desde tu casa y alcanzar tu emancipación financiera?
Malas noticias, ni Bitcoin, ni ninguna Criptomoneda pueden hacer esto por vos. La economía digital es un terreno que combina los riesgos y la complejidad de dos mundos sobre los que reina un alto grado de desconocimiento: la tecnología y las finanzas.
Hace un par de semanas los medios hicieron eco de la participación de famosas en esquemas como NEW SKIN, HERBALIFE y otros que, jugando con la necesidad y la expectativa de progreso, tientan a gente desprevenida con la promesa de alcanzar la libertad financiera, invitándolos a desembolsar cuantiosas sumas para “invertir en productos” o “participar de su red”. Una vez que la adquisición inicial fue hecha, la única forma de obtener un reintegro o “recuperar la inversión” es invitando más gente que al ingresar, continúa reproduciendo involuntariamente el esquema de estafas.
Existen delincuentes que aprovechándose del desconocimiento popular en el campo de las criptomonedas prometen ganancias y riquezas a quienes inviertan en sus plataformas. Los esquemas más conocidos en Argentina y Latinoamérica quizás sean ONE COIN, ONE LIFE, AIR BIT y BITCOIN DIAMONT.
Estos esquemas se caracterizan por:
a) Pedir un monto mínimo de ingreso.
b) Penalizar la salida del sistema, básicamente no se puede retirar el dinero que “invertiste” y si esto se intenta, habrá una suerte de penalidad por intereses.
c) Prometer una renta o ganancia.
d) Ofrecer ganancias relativas a la gente que se sume o invite.
f) Prometer una cotización futura de la moneda o (token) que ofrecen.
Estos grupos tienen condenas penales en algunos países como India y sus fundadores están listados en las órdenes de captura internacional por Interpol.
Tienen un modus operandi bastante aceitado, suelen mostrar fotos de famosos o de personas que exhiben y ostentan lujosos viajes, joyas y ropas. Se intensifican en determinados períodos del año relacionadas al pago de aguinaldos o épocas festivas. Lamentablemente tienden a aprovecharse de trabajadores con ingresos fijos y amplia red de contactos o con gran reputación en su comunidad como policías, docentes y empleados bancarios.
Si alguien cercano a nosotros está participando de estos esquemas, o te invita a participar, probablemente también sea una víctima, estafada en su buena voluntad y en sus ilusiones de un futuro mejor. Es bueno siempre informar que está siendo parte de una estafa y que más allá de las consecuencias penales, va a perjudicar a sus seres queridos y a todo aquel que sume a ese esquema.
Cuando la agenda mediática pone de manifiesto estos modelos es ocasión para prevenir e informar. Bitcoin no es una empresa, Bitcoin no es una fundación o una institución, como explicamos antes, se trata de una tecnología descentralizada de la que cualquiera, sin premios ni castigos, puede participar libremente. Bitcoin busca afianzarse como la infraestructura de intercambio acorde a nuestro momento histórico.
Es aquí precisamente donde reside el gran desafío de la comunidad Bitcoin y de la sociedad en su conjunto, corrernos de las promesas de riqueza y centrarnos en el verdadero valor de la tecnología como una herramienta para el cambio social que nos permita construir sistemas de intercambio de valor, libres y seguros adaptados a la realidad de nuestro tiempo. No se trata sólo de los sistemas que hoy tenemos, sino del sistema que queremos para nuestros hijos y las generaciones futuras.
Sobre la autora
Profesional del ámbito jurídico, realiza sus estudios en Universidad Nacional de Córdoba. Se desempeñó durante 6 años en la Coordinación de Diseño de Simulaciones y Proyectos de Capacitación. Cuenta con más de 15 años de experiencias, principalmente en ONGs de América Latina. Durante los últimos años se ha desarrollado en proyectos relacionados con el blockchain y otras nuevas tecnologías digitales como la inteligencia artificial. Actualmente es miembro del equipo legal de Signatura, un startup legaltech. A su vez, forma parte de la organización de LABITCONF, la conferencia más prestigiosa de Bitcoin & Blockchain de Latinoamérica.