Arqueología

Postales en piedra de tiempos remotos

domingo, 26 de julio de 2020 · 01:15

Rodeado por el bosque de las serranías, el arte rupestre en el interior de cientos de cuevas es un fenómeno estético cronológicamente extenso que todavía desvela a los investigadores. Academia y supersticiones locales se superponen en estos sitios, que hoy tienen la posibilidad de desarrollar su faceta turística.

“Las sierras de El Alto - Ancasti es uno de los reservorios más importantes de arte rupestre prehispánico de todo el país, y uno de los más importantes de Sudamérica junto a todo el conjunto de sitios del Río Pinturas en Santa Cruz y Cerro Colorado en Córdoba por la cantidad de cuevas, la diversidad de los motivos, colores, diseños y tamaños”, asegura Lucas Gheco, arqueólogo y parte del equipo técnico que investiga hace diez años los sitios emplazados en las sierras del Este catamarqueño.
El año pasado Lucas formó parte de una investigación en Luxor, Egipto, para develar los misterios de una milenaria tumba en la antigua Tebas; y a pesar de contar a los medios que lo entrevistaron su experiencia profesional en el continente africano, nunca dejó de destacar el asombroso tesoro arqueológico que posee nuestra Catamarca.
Hoy, viviendo una nueva normalidad a causa de un virus que tiene paralizado al mundo y que impide moverse a otras latitudes, se presenta una oportunidad única para descubrir y conocer lo nuestro. En este contexto, se avizora la posibilidad de poner en valor los yacimientos de esta región, para protegerlos y al mismo tiempo promoverlos turísticamente. En septiembre de 2019 fue el turno del Parque La Tunita, inaugurado en Ancasti, y ahora se prevé continuar con otros sitios del Este de nuestra provincia.
Sin embargo, ¿cómo podemos valorar algo que la mayoría desconoce? Por eso Revista Express entrevistó al arqueólogo, especializado en Arte Rupestre, para que en esta oportunidad nos cuente sobre este tesoro de nuestra historia, escondido en cuevas ancestrales. 

RE: ¿Cuándo hablamos de las cuevas del Este específicamente a qué se hace referencia?
LG: Al día de hoy sabemos de aproximadamente cien cuevas y aleros. Esas cuevas se organizan en veintiséis sitios arqueológicos que son conjuntos de cuevas, como por ejemplo La Tunita donde hay veintiún, u Oyola, donde tenemos treinta y ocho cuevas.
Todas las cuevas vienen siendo estudiadas desde mediados del siglo pasado. En la última década se radicaron nuevos equipos de investigaciones y uno de ellos es el nuestro que es el equipo de El Alto-Ancasti, dirigido por el arqueólogo Marcos Quesada. Si bien empezamos a trabajar en varios sitios con arte rupestre, nos concentramos en Oyola. 

RE: ¿A qué población o cultura pertenecen originariamente estos sitios?
LG: En términos generales el arte rupestre de las sierras se lo vinculó a la cultura de La Aguada con una cronología aproximada entre 600 y 900 años d. C. Y además se lo vinculó con presuntos rituales desarrollados en estas cuevas, muchas de las cuales están en medio del bosque serrano que es el que tapiza toda la ladera oriental del Ancasti. Sin embargo, durante mucho tiempo no sabíamos bien qué es lo que se hacía concretamente en el interior de estas cuevas, y tampoco quiénes eran los que iban allí. Con las últimas investigaciones, sabemos que había poblaciones que tenían asiento permanente en la zona, entonces había mucha gente viviendo cerca de las cuevas, probablemente autores de las pinturas, y quizás grupos llegados de otras zonas participaban de esas actividades

RE: ¿Actualmente cómo continúa la investigación?
LG: Ahora nos encontramos abocados para tratar de saber qué era lo que hacían concretamente ya que el problema del concepto de rituales es que en sí no dice nada. Entonces estamos haciendo excavaciones, nuevos relevamientos, prospecciones para encontrar otras cuevas, así por ejemplo se han hallado muchas cuevas de las cuales la ciencia y la academia no tenían noticias.

De arqueología, salamancas y rituales 
Hablando específicamente del arte rupestre de la región, Lucas destaca que “es un fenómeno de extensión cronológica mayor a La Aguada, es decir, hay pinturas que probablemente son anteriores y otras posteriores. Por ejemplo, algo no tan conocido es que hay muchos sitios que tienen pinturas de caballos con jinetes y esos necesariamente son posteriores a la invasión española. Entonces hay todo un arte rupestre colonial que es quizás de fines de 1500 o 1700. En otras, tenemos marcas de ganado y remontándonos con los pocos datos históricos que tenemos muchas son de 1930 y 1940. Y esto es muy interesante porque tenemos evidencia de usos continuos de las cuevas”. 

RE: Comentabas que en algunos casos las cuevas están cercanas a los pueblos, y que en torno a ellas hay una cierta mitología…
LG: Las cuevas de Oyola están prácticamente en el patio trasero de las casas. Son ámbitos frecuentados por muchas personas, y es probable por generaciones. Y si charlás con la gente del lugar, muchas veces son entendidas como espacios potentes, peligrosos, donde se hacen pactos con el demonio ya que consideran que son salamancas. 
Por ejemplo, hay un par de cuevas cerca de Frías (Santiago del Estero) que incluso parecen salamancas muy activas, tienen pinturas prehispánicas, y al lado hay restos de velas y nombres escritos que son actuales. Incluso hay una frase pintada que dice “Escriba su nombre y entregue su alma”. Entonces conviven en tensión al menos dos narrativas, una como sitio arqueológico que es la perspectiva oficial, y otras como espacios, a veces peligrosos, como las salamancas.

RE: ¿Qué características tienen las pinturas?
LG: Se destacan las figuras antropomorfas, es decir, que tienen similitudes a personas; y zoomorfas que tienen rasgos animales; y en algunos casos se mezclan y son antropozoomorfos como las pinturas de mitad hombre mitad jaguar, quizás vinculadas a los procesos de transformación shamánica que son descriptos en la transformación del shamán en jaguar. Muchas son de La Tunita o La Candelaria y son figuras increíbles. 
Pero también hay otras menos conocidas como las figuras geométricas, que para nosotros son abstractas, pero quizás para estas poblaciones tenían su significado. También hay figuras de jinetes, escenas de danzas que son impresionantes, y hay una diversidad en cuanto a los colores y al estado de conservación. Pensemos que es tal la extensión temporal, no solamente de la cultura La Aguada que estamos hablando de 1200 años, sino algunas que son anteriores incluso.

Pinturas que esconden otras pinturas

RE: ¿Con qué tipo de pigmentos están realizadas?
LG: Conocer qué tipo de materiales utilizaban nos sirve para, por un lado, saber cómo se realizaban las pinturas, pero también nos sirve para esbozar estrategias de comprobación adecuada. Si no conocemos con qué están hechas no podemos saber qué problemas de deterioro tienen y tampoco podemos saber cómo protegerlas. Entonces aplicamos análisis químicos con distintas técnicas de micro muestras de un milímetro cuadrado, como un granito de azúcar, y con eso podemos tener mucha información.
En términos generales lo que se utilizó son tierras de colores de la zona. En el caso de los colores rojos son óxidos de hierro, en los colores negros tenemos carbón vegetal y óxido de manganeso, y en los blancos tenemos yeso y carbonatos de calcio. Además, a la pintura se le agrega un ligante que muchas veces es alguna grasa, generalmente animal, o aceite; y alguna carga que le da volumen a la mezcla. Las cargas pueden ser de yeso, cuarzo o arcilla.

RE: ¿Dónde se realiza esta parte de la investigación?
LG: Una parte se hace en Catamarca y muchos de los estudios los hacemos en Buenos Aires, en la Universidad de San Martín. Allí tenemos laboratorios y a veces hay convenios con la Comisión Nacional de Energía Atómica porque hay algunos equipos que son muy específicos. Lo interesante es que a través de estos estudios pudimos encontrar pinturas que están ocultas, es decir, que están en las cuevas, pero que fueron tapadas por otra pintura o por una capa de hollín de un pequeño fogón. Y ahora estamos tratando de lograr, sin retirar la capa que está arriba, de poder saber las formas. 

Con perspectiva turística 
Lucas cuenta que por la pandemia lo único que no pueden hacer actualmente es trabajo de campo, pero que en realidad siguen trabajando “igual o más que antes”. En este sentido, explicó que el equipo tiene una estructura en red con tres núcleos grandes: “El de Catamarca, en el Centro de Investigaciones y Transferencia Catamarca (CONICET-UNCa) y la Escuela de Arqueología, la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad Nacional de San Martín, en Buenos Aires. En total somos alrededor de treinta personas”. 

RE: ¿Qué opinas de la posibilidad de apertura al turismo de estos sitios?
LG: Todas las respuestas a estos procesos de apertura al público de sitios arqueológicos siempre son complejas, no hay respuestas fáciles. Y con el tema del arte rupestre es especialmente relevante porque todo tiene su pro y su contra, y en el equipo entendemos que para que sea patrimonio tiene que poder ser visitado. Ahora bien, esa apertura tiene que ser controlada y bajo parámetros que aseguren que este sitio que estamos abriendo puedan visitarlo las próximas generaciones; y al mismo tiempo tienen que ser consensuado con los intereses de las comunidades próximas. Por eso tiene que haber una relación muy importante entre tres grupos: las comunidades locales, los gobiernos provinciales y municipales y el mundo académico. Mientras exista un dialogo fluido y se perpetúe en el tiempo, va andar bien, pero cuando uno de esos tres se empieza a separar va a haber dificultades.

RE: ¿Puede trasladarse a las cuevas el modelo del Shincal, en el que los guías turísticos son los propios pobladores de la zona?
LG: Si, es nuestra intención como equipo que si existe la posibilidad que se produzca algún tipo de beneficio a partir de esta apertura, que ese beneficio quede en los actores inmediatos a las cuevas, y que no se lo lleve una empresa nacional radicada en Buenos Aires. Por eso, el tema de las comunidades locales tiene que ser central en la toma de decisiones, y tratar de llegar a un plan consensuado y a largo plazo.

Al finalizar la entrevista, el arqueólogo resume que la apertura al turismo de los sitios “tiene que ofrecer un recorrido enriquecedor para el visitante, provechoso para la comunidad local y que todo el mundo se vaya con una sonrisa –y agrega – Hay cuevas donde se puede llegar sin guía porque están al lado del camino, pero es una experiencia a medias porque no tenés a nadie que te cuente. Entonces sería muy provechoso incluir en el relato las perspectivas arqueológicas y las locales que ya conviven en las cuevas”.
 
Texto: Lidia Coria
Fotos: Gentileza Equipo Interdisciplinario de El Alto- Ancasti