OPINIÓN SOBRE LUIS FRANCO

“No lo leen porque no saben por dónde abordarlo”

A 32 años de la muerte del célebre literato belicho, el poeta Enrique Traverso analiza al genio y a su obra, a la que define de “poco leída”.
domingo, 7 de junio de 2020 · 01:05

En un imperdible reportaje radial, Traverso –confeso admirador de la obra del “Borges no reconocido”- aporta valiosos conceptos para quienes intenten comenzar a leer la obra de Franco. El diálogo fue el pasado 28 de mayo en el programa “Sintonizando literatura” de Radio Nacional Catamarca, conducido por la reconocida Celia Sarquís y la gestora cultural Laura García. Reproducimos aquí, la parte central del reportaje.

CS- ¿Cómo llega Luis Franco a vos?

ET- Yo leo Franco desde los 14 o 15. Desde muy jovencito tenía esta pulsión por abarcarlo. Escribió 57 libros y dejó poesía inédita escrita y dejó correcciones y apuntes, por ejemplo, sobre el psicoanálisis y otros temas, sobre la ecología. Tenía un diario ecológico que no está terminado. Despacito me fui metiendo. Es como adictivo Franco para mí.

Después, entablamos amistad con Arturo Herrera que es un estudioso de la obra de Franco. Él estudia, particularmente la relación de Franco con los griegos, con los estudios clásicos. La primera época de Franco tiene mucho que ver con los griegos. Incluso él versifica de la misma manera que Lucrecio, que Horacio, que Teócrito, pero no como epígono, para copiarles. Por ejemplo, de eso Arturo da cuenta muy bien en su libro: Franco habla de la cigarra, y ya los griegos hablaban de la cigarra. Entonces él le da el mismo valor. Se dice que Franco es un poeta panteísta, que ubica a la Naturaleza en el lugar de dios. Bueno, la cigarra tiene un valor especial porque es el coyuyo nuestro y es la cigarra europea. Durante esa primera etapa hay una suerte de poesía bucólica, campestre.

Toda la obra tiene una gran unidad. Desde “La flauta de caña”, “El trabajo y la unidad” hasta “Un nuevo mundo” Franco se da el lujo de pasear por los grandes temas de la poesía y luego lo toma al hombre en su condición –para mí más importante-. Él adhiere a la revolución social y a las ideas de León Trotski. Lo dice claramente “yo no soy ningún anarquista…” muchos por ahí están confundidos. Él dice “admiro a León Trotski y adhiero a su programa”.

¿Qué otros autores son influyentes en su vida? Henry Thoreau, el padre de la desobediencia civil que inspiró a Ghandi y Walt Whitman, por ejemplo.

CS- Tiene un libro que se llama Walt Whitman.

ET- Tiene un libro donde condensa cinco biografías y hace una versión propia de Whitman. Y después está “El presidente Illia, un libro de ocasión”, donde él usa los aforismos. Él es fanático de Nietzche, es un nietzchiano redomado, por lo que en ese libro tiene aforismos hermosos que le tapan la boca a otros: a Naroski, a Gagliardi.

Franco no competía, era único en su especie. No estaba en grupos. A pesar de que por ahí hay fotografías con el Cuchi Leguizamón, con Manuel J. Castilla, alguna vez con (Ricardo) Pedroni, pero él no pertenecía a ningún grupo. Era un hombre muy solo.

CS- Cuando hablabas de la lectura de Franco en tu adolescencia. ¿Qué pasaba con el nombre de Franco acá en Catamarca? ¿Quiénes lo leían? ¿Qué espacio tuvo en la cultura de Catamarca en esa primera época?

ET-De muy joven fue apadrinado por Leopoldo Lugones. Consigue ese trabajo en la Biblioteca del Maestro. Él después acepta el Premio Faja de Honor de la SADE, pero en el Gran Premio de Poesía Argentina él sale segundo. No se lo dan por una suerte de mezquindad y porque todavía resonaban en la Argentina las campanas de la vieja poesía: el influjo de Darío, del cual Franco también era cercano, pero tenía ya una voz propia que lo hacía diferente. Pero aquí a él lo silencia la Iglesia Católica. No nos olvidemos que el director de La Unión, el cura Melo decía, cuando él vino a dar una charla en Catamarca, que “vino el hijo de Lucifer”. Y el profesor Pais, que también era un escriba (sic) importante en La Unión, primero lo elogia cuando viene a dar esa charla, porque Franco miente cuando dice “voy a hablar de folclore de Catamarca” y termina hablando de la revolución socialista. Se enoja mucho Pais y dice: “(Franco) traicionó a la moral y a la familia catamarqueña” montado en un precepto cristiano. Y Franco le responde con una carta a la Tomsura que la editan los estudiantes del Colegio Nacional, que la dirigían (el “Coya”) Varela y también estaba uno de los Díaz Martínez. Ellos lo trajeron a Franco. Se armó una batahola… El profesor (Armando) Bazán encabezaba a los pibes que fueron a criticar a Franco, que iban a interrumpir la conferencia. Y otro grupo del Colegio Nacional salieron a pelear afuera. Entonces Franco siguió con la conferencia a salón lleno. Dio mucho de qué hablar esa conferencia porque lo acusaban de “rojo hijo del Kremlin”. Las dos “grandes firmas” que lo trajeron fueron los estudiantes del Colegio Nacional y yo.

CS- Lo conocían, lo respaldaban aunque no pertenecía a ningún grupo o “escuela” aunque ha marcado una línea, una búsqueda de voz y un espacio. A veces siento que la presencia fuerte de Franco acá en Catamarca vino por presión desde afuera hacia adentro. Su reconocimiento, porque la censura sobre su obra pesó. Entonces, este reconocimiento que venía teniendo a nivel nacional e internacional hizo que se vaya cambiando el rol y dándole su espacio. ¿Qué implica el nombre de Franco hoy en la cultura de Catamarca?

ET-No obstante los esfuerzos –y vos misma, Celia lo sabés porque has sido una gran batalladora para reeditar varios de sus títulos- la gente no lo lee a Franco. ¿Sabés por qué? ¿Por qué no se lo leyó después y por qué los profes de Letras no lo leen? Porque no saben por dónde abordarlo. Es complejo. La obra es medrosa. Franco es un autor que no usa 600 palabras sino 1.500, y siempre hay vocablos nuevos que aprendés leyéndolo. Abreva mucho en la Filosofía, estudió lo que hoy se denomina el Estudio de las Religiones Comparadas, estudió mucho las religiones. Y fijate lo que te voy a decir, voy a ser un detractor: se lo lee poco a Franco y más está en un pedestal y más tiene un valor simbólico su figura aunque todos nos amparamos bajo su paraguas, pero no se sabe por dónde encararlo. Arturo tiene la idea de dar cursos a docentes para decir por dónde se lo puede abordar.

CS- Es tan amplia su obra y tan meticulosa… con tantas obras es difícil…

ET- Para la escuela secundaria propongo tres libros: “El arca de Noé en el Plata”, “Pequeño diccionario de la desobediencia” y “Nuestro padre el árbol”. Sin entrar en el ensayo histórico.
 

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