El héroe anónimo

domingo, 7 de junio de 2020 · 01:00

Última Parte


Recordemos que el 16 de septiembre de 1955, el general Perón es derrocado, derrocamiento que también afectaría al general Hernán Pujato, pues cuando regresó de la Antártida no hubo recibimiento oficial y posteriormente despojado de las condecoraciones que recibiera de Perón por sus acciones. Después fue pasado a situación de retiro y apartado de sus cargos. Sin embargo, en el medio de este final, hay un hecho que merece ser contado: el joven oficial recién egresado de la Escuela Militar, el Teniente de Navío D. Luis Tamborini, sería el indicado por el destino para cumplir una orden quizá inesperada, pues recibía una misión realmente muy difícil, esposar y trasladar detenido al general Hernán Pujato, desde la Antártida, ante las nuevas autoridades de la Nación.

Con Perón derrocado, la República Argentina atraviesa una difícil situación, que se hará extensiva al General Hernán Pujato y al mismo recientemente egresado Luis Tamborini, protagonistas de la historia.

El militar Luis Tamborini -así relata estos momentos en la Revista Marina- de la Liga Naval Argentina, N° 580, Año 67, de septiembre de 2003: “…Describir la Antártida se me hace imposible. Su belleza supera lo imaginable. El día de luz permanente nos hacía perder la noción de las horas. Al mismo tiempo, tenía que realizar tareas y observaciones en forma permanente. La emoción que sentíamos cuando el buque penetraba en el mar helado, es inolvidable. Para el comandante era la primera vez que lo hacía. El Wedell  en su inmensidad nos esperaba.

El rompehielos se abría paso subiendo con su rampa de proa y luego con su peso los iba rompiendo. Cuando la dureza le presentaba dificultad se lo hacía rolar pasando líquidos de una banda a la otra o también largando vapor caliente al exterior para poder debilitar el hielo.

…Días antes el comandante me había informado que sería yo y el teniente Ayala Torales quienes iríamos a detener al General Pujato. Dispondríamos de dos trineos con perros conducidos por suboficiales del ejército. Nos dieron las coordenadas donde estaba el destacamento Belgrano. Nos iríamos situando con rectas del sol. Poseíamos sextantes, brújulas y tablas de cálculos; víveres secos y carne enlatada. Así partimos del buque sabiendo que el punto obtenido con las rectas del sol no era exacto. La luz era permanente, anduvimos semis perdidos durante dos días buscando con los prismáticos en todo el horizonte la estructura que representaría la Base. No se veía nada más que estepa blanca. De pronto apareció un punto oscuro que sobresalía de la superficie helada. El primer pensamiento que tuve fue que sería un pingüino emperador, ya que esos animales se paraban en forma parecida. Decidimos acercarnos y se mantenía en el mismo lugar. Al aproximarnos nos dimos cuenta de que era un hombre. Nos acercamos y por el uniforme que vestía era el General Pujato. Estaba erguido, bien parado, de más o menos 1,80 m de altura y nos miraba firmemente. Estructura a su alrededor no se veía ninguna.

Me acerque a él y me presente dando mi grado. Me expresé así:
-Vengo a cumplir una desagradable misión. Detenerlo y conducirlo al rompehielos General San Martin.
- Ninguna misión que se cumple es desagradable…

Y la conversación siguió así:
- ¿Ustedes saben cómo me llaman?
-Sí-contesté- el “Loco Pujato”
- ¿Saben por qué?
- Por algunas normas que usted mantuvo.
- Efectivamente. No dejo fumar porque en este encierro el humo se absorbe y es peor que la nicotina. Respiramos a través de las paredes que son de hielo. Tampoco tenemos intimidad…

Después de haber descansado dos días y conversado con el General, algunos hechos que me contó me impactaron mucho, por ejemplo.

-¿De qué me pueden acusar? Hace casi cinco años que estoy en la Antártida mientras los generales que están en el Continente reciben autos y otras prebendas. ¿Qué podrían decir de mí? ¿Qué importé víveres? ¿Qué importe perros para los trineos? ¿Qué convencí a la Señora Eva Perón para la compra del rompehielos con el que ustedes vinieron hasta aquí? Después de haber querido llegar hace unos diez años con el Santa Micaela (un BDT como los que usó la marina norteamericana para llegar a las costas de Normandía). Casi nos hundimos en el mar de Drake por su falta de capacidad marinera. Realmente, fue una verdadera locura”.

Sigue contando D. Luis Tamborini, dándole la razón al General Pujato, ya que ha pasado los últimos años de su vida en la Antártida. Reflexionó que era un momento muy difícil ya que se había prohibido mencionar la palabra Perón.

Cuando D. Luis Tamborini y su comitiva regresaron al buque acompañados del detenido General Hernán Pujato, a este se le asigna un camarote que estaba sobre las hélices, un lugar muy feo para cualquiera más aun para el General. Entonces, Tamborini le cedió su camarote. Cuando el general Pujato entró al camarote advirtió que era el de Tamborini, reaccionando de inmediato, preguntando donde dormiría este.

Después de un largo viaje, regresaron al puerto. Allí lo detuvieron al General, quien después de cumplir su condena, vivió en la provincia de Entre Ríos.

“Pasaron muchos años, sigue relatando Tamborini, y aproximadamente por el año 1990, se publicó un artículo sobre el General y al pie de este, mencionaba que se encontraba en el Hospital Militar de Campo de Mayo, de inmediato realicé los diligenciamientos necesarios para poder verlo, cosa que logró concretar.

Cuando llego al hospital, pregunto por él y una oficial médica me informa que el General estaba ciego y sordo. Luego me condujo a su habitación. Estaba sentado en un rincón, con un jogging muy humilde, como toda su habitación. Este es el dialogo que siguió:

- Señor, viene a visitarlo el señor Tamborini.
-¿Constantini?
- ¡Tamborini! Reiteró la oficial con voz más alta.
- Ah, Pistarini – respondió.
-Doctora -intervine-, deje que yo me presenté. Casi a los gritos le informé. Tamborini, soy el oficial de marina que lo llevó detenido de la Base Belgrano al rompehielos San Martin.
- ¡El que me dio su cama!
- Sí señor – respondí. Me abrazó fuerte.
- Si me viniste a ver, seguís queriendo a la Antártida ¿Te das cuenta? Antes nadie la quería, ahora la quieren todos.

Luego seguimos charlando pero era muy difícil conversar ya que había que hablar a los gritos, luego le di un abrazo y me retiré con mucha tristeza. Había abrazado a un héroe argentino contemporáneo. Murió pocos meses después”.

El General Hernán Pujato recibió muchos reconocimientos a lo largo de su vida, como por ejemplo Ciudadano Ilustre en su ciudad natal, Diamante en la provincia de Entre Ríos; nombrado Comandante Honorario del Comando Antártico del Ejército; homenajeado por la Cámara de Diputados de la Nación Argentina, en 1991.

No hay dudas que este hombre es uno de los grandes héroes de nuestro país, desconocido para la gran mayoría, pero alabado y seguido como ejemplo, por los que lo conocieron, especialmente por militares jóvenes que ven en la trayectoria del General Hernán Pujato, el camino a seguir para recuperar la palabra Patria y poner en valor todo lo que ella significa e indica.

El General Hernán Pujato falleció a la edad de 99 años, en Buenos Aires, República Argentina, el 7 de septiembre de 2003.

 Texto: Colaboración de Oscar Hugo Alaniz
 

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