cultura

Paolantonio según sus pares

Más vivo que nunca, el ya célebre poeta, narrador y dramaturgo es recordado por tres autores comprovincianos, a un año de su partida física.
domingo, 28 de junio de 2020 · 01:00

LA NOVELA DE JORGE
Por Hilda Angélica García (con FOTO)

 
Jorge Paolantonio es una figura incontenible que se renueva en el legado de su obra literaria. Sus novelas son espejos de nuestra vida provinciana y por ellas transitan hombres y mujeres entrañables, protagonistas de historias ligadas a la memoria de Catamarca. Ha publicado seis obras en este género y en todas destaca su estilo: el de la novela coral. En “Ceniza de Orquídeas” como en “Algo en el Aire”, sus libros multipremiados, el autor aborda una narración con infinidad de tipos, biotipos y personajes que giran alrededor de un eje temático, rodeado de situaciones convergentes en el punto central. De este modo logra un ritmo sostenido y una sensación panorámica similar al ojo de una cámara, capaz de acercamientos, tomas inesperadas y colores únicos, personalísimos.

Se agregan las dosis de ironía y los guiños de humor que Jorge usa para ciertas situaciones; exhibe siempre su ingenio para diluir el patetismo innecesario, para no caer en sentimentalismos ni solemnidad trágica y derribar el melodrama. Pone la nota justa, sin obviedades ni clichés. Frases resueltamente ingeniosas, situaciones llevadas al extremo y construcción de personajes reconocibles –“Algo en el Aire”, por ejemplo-ingresan al lector a un libro donde halla el placer de su narrativa, de un conjunto de historias maravillosamente contadas, no exentas de poesía y teatralidad, ágiles, que conservan gran precisión al momento de resolver sus tramas. 

En general, sus personajes transitan las calles de nuestra ciudad y algunos se desplazan de una novela a otra, dejando su impronta provinciana.
Ha pasado un año desde que nuestro Jorge partiera y es una presencia viva, un cauce que desborda sus creaciones- Sentimos que su adiós es sólo otra ficción de las que se valió para sorprendernos, para “desterrar la muerte/ para plantar un beso”, como él dijera, para entregarnos una nueva novela “que sea el ascua de la memoria/para encender la escarcha de su ausencia”.
 
 
CUARTO MENGUANTE
Por María del Rosario Andrada (con FOTO)

 
En cuarto menguante los gnomos ascienden por una escalera imaginaria,
trepan para encender laudes hasta que la luna despliegue su basta luz. En el
asombro las palabras trazan figuras, esconden el llanto, fabulan y entretejen
los tiempos.
Es el ciclo donde perdura el sueño, la voz del poeta silabea Delfos, abraza los
veranos moribundos, reza las plegarias más profundas para no olvidar las
siestas, los personajes y las calles de su ciudad. Impregnado de un lirismo
anclado en el canto desnudo, Jorge Paolantonio nos da la llave para
introducirnos en su poesía con “Claves para abrir las pajareras”- su primer
libro-, “…Empecé por tragarme las estrellas/ a decir a vivir con la palabra/ que
pesaba en mis rodillas./ Lamiendo las llagas caminé un febrero/Busqué mi
antigua voz bajo las viñas/ La encontré enredada a la sombra de mi gente…”, o
en el poemario “Extraña manera de asomarse”; “Para tomar agua de una tinaja/
queme la urgencia de la sed/ donde comienza el incendio…oiga caer duraznos
priscos/gota de la sombra helada/ donde la cara de la luz/ derrota umucutis
siesteros…”
Los bendecidos, los que sueñan con trapecios colgados en el fin del mundo o
despliegan alas en el fuego, los obsesiona el pasado como a Jorge
Paolantonio, donde la infancia y sus protagonistas se repiten de distintas
maneras y, no importa la temática y el señalamiento rítmico o estilístico, su
preocupación será la misma, beber de lo perdido para construir estampas
únicas, relieves donde la vida cobra sentido en una ciudad de la cual partió
para radicarse en Buenos Aires hasta el día de su muerte.
Paolantonio nos enseñó que la palabra es barca hacia la luz hendiendo la
niebla, nos mostró a Doña Nieves con sus manitas rugosas enjuagando la vida;
a la Flaquita Orellana que tuvo una máquina de coser, que la Fundación le hizo
llegar, pero no tenía hilo ni instrucciones para usarla; a la Ludovica que
perfumaba Guayamba con coplitas de pura picardía, pero dejaba en casa el
corazón sangrando. Su resonancia lírica marca un hito en la literatura
argentina, su lenguaje pintoresco lo llevó a componer la obra más emblemática:
“Rosas de Sal” posesionándose así del místico paisaje del norte. Bendito seas
poeta!, que te refugias en el cuarto menguante, donde se inmortalizan los
sueños.
 
 
PAOLANTONIO EN LA “BARRICADA” TEATRAL
Por Mgter. Víctor Russo (con FOTO)

 
Hoy –en tiempos de crisis pandémica-se habla de una nueva normalidad. Bertolt Brecht, dramaturgo y poeta alemán (uno de los más brillantes literatos del S. XX) decía que “Las crisis se producen cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer” Sabias palabras que aluden al inexorable paso de los años y a un incipiente e inexplicable nuevo orden por venir. A su vez, señalaba, que” El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma.”

Este breve introito obedece al hecho de que, Paolantonio, era un ferviente admirador de la obra de Brecht quien, lógicamente, influyó en su estética literaria/teatral -plasmada en el enorme escenario de la vida cotidiana- donde el hombre cumple distintos roles y emplea diversas máscaras, según los papeles que elige hacer o se le asignan por orden de reparto.

Jorge, recreador indetenible de personajes mundanos e historias todoterreno, pone en movimiento su enorme capacidad creativa, para llevarnos a desandar variados caminos reconocibles de su amada Catamarca u otros; siempre argumentando -desde su barricada teatral-la defensa de marginales y excluidos. De ese modo se convierte en un pionero en las cuestiones de género.Sus imperdibles monólogos son duros vallados contra la injusticia social donde, con la palabra, tropiezan la intolerancia y el “machismo” en la difícil lucha anónima de la mujer excluida (caso Julia Brandán) o contra el temple y el coraje indomable (caso Eulalia Ares de Vildoza) donde “la resistencia” se convierte en el eje temático que campea y late en sus escritos, como escollo difícil de sortear, dada la fortaleza argumentativa que desacredita y deja en falsa escuadra a lo hegemónico. 
Razones de espacio, hacen imposible analizar su extensa e imperdible creación dramática donde, su razón de ser, es la búsqueda permanente de la identidad; huella perceptible al indagar y rastrear su vasta producción teatral: “Rosas de Sal” (seis monólogos y un colofón lírico) su pieza emblemática, representada en casi todos los escenarios del país y del extranjero. “Reinas del Plata”,

“Las Llanistas”, “La Payana”, “Mueca del Ángel”, “La Carta”, “El Cartonero”, “La Astróloga”, “Mujer en un Anden”, “Lopecito”, “La enfermera Sara Chanampa”:Reunidas en Teatro I (2003) y Teatro II (2009). Ambas publicadas por Edit. Sarquís. Dan cuenta de su empatía con el pago, con el terruño, el lugar que lo vio nacer, del cual bebe su ritmo, estilo y fuerza significante.
En una charla de café recordaba, con pasión, palabras de Brecht: “El regalo más grande que le puedes dar a los demás es el ejemplo de tu propia vida” A lo que agrego: Gracias, Jorge, por habernos legado tu vida abrazada a tu valiosa e imperecedera obra literaria/ teatral.
 
 

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