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Necesito que me validen

domingo, 28 de junio de 2020 · 01:00

Todos los seres humanos, sin distinción alguna, necesitamos validación. ¿Qué significa esto? Que tenemos la necesidad de ser afirmados, reconocidos, respaldados. Y en épocas de crisis como la que estamos atravesando, mucho más. Cuenta el primer libro de La Biblia que, después de crear al varón y la mujer, Dios exclamó: “¡Esto es muy bueno!”. De esa manera, los autorizó a que en todo lo que hicieran les fuera bien. 

Esto no se refiere solo a lo económico y a épocas de bonanza, sino a todas las áreas de nuestra vida y en todo tiempo. Pero muchos enfrentan dificultades porque no han sido validados desde la infancia. Se criaron en ambientes donde sus familiares más cercanos solo les brindaron maltrato y descalificación. Cuando uno no recibe validación, no escucha el siguiente mensaje: “Yo voy a ayudarte a liberar tu potencial interior que es ilimitado”. 

Aquellos que crean problemas con los demás, que pelean, que maltratan, en realidad están pidiendo a gritos ser validados. Por eso, cuando te encuentres con alguien que reaccione así, en lugar de “engancharte” en la batalla en la que te quiere introducir, decile algo que lo descoloque y te sorprenderás de los resultados. 

¿De qué forma podemos validar a los demás, sobre todo, en tiempos de dificultades?
-Dándole protagonismo al otro. Es decir, permitiendo que el otro hable, haga, tenga éxito. Cuando dejamos a los demás ser todo lo bueno que pueden ser, los estamos llenando de fuerza y brindándole el abrazo (simbólico) que necesitan. 
-Prestándole cuidadosa atención al otro. Esto significa escuchar sin interrumpir, mirar a los ojos (aunque sea por medio de una pantalla), interesarse por lo que le sucede. Esto le brinda a la persona un espacio de intimidad donde sentirá que puede ser ella misma. Hoy más que nunca muchísimas personas se sienten invisibles y necesitan que los demás “los vean”. 

¿Por qué algunos precisan ser validados con desesperación?
Porque mucha gente crece con baja estima, producto de padres que no los pudieron afirmar. La autoestima es la manera en la que yo me veo a mí mismo, y esto depende enteramente de la manera en la que mamá y papá, o al menos uno de ellos, me vio y me valoró de chico. Si tengo la estima dañada, eso implica que no me valoro a mí mismo y buscaré que los demás lo hagan.

Por eso, cuando soy adulto, la validación pasa a depender de mí mismo. ¿Y cómo me valido si no lo he hecho hasta ahora? Puedo comenzar por reconocer mis recursos interiores (todos los tenemos). Esto quiere decir, ver y apreciar mis fortalezas aceptando también mis debilidades. Todos somos luces y sombras, pero, para sentirnos bien con nosotros mismos, debemos enfocarnos en aquello que hacemos bien. 
Mucha gente está acostumbrada a castigarse por sus errores, pero, si queremos una estima a prueba de balas para superar esta y cualquier otra crisis, necesitamos pararnos en nuestros aciertos, capacidades y rasgos positivos que nos destacan del resto. 
 

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