Señores Papis

La paternidad del Siglo XXI

Los tiempos actuales exigen a los hombres otras maneras de ejercer su rol de padres. Hoy te contamos cómo lo hacen cinco papás.
domingo, 21 de junio de 2020 · 01:05

Así como la construcción de la familia fue variando en los últimos años y se pueden encontrar familias monoparentales, con dos mamás o dos papás o ensambladas, la paternidad también tuvo sus transformaciones: algunos adoptaron sus hijos y otros son papás de crianza o del corazón. De a poco, los hombres tienen una participación más activa en la crianza. Revista Express, en este Día del Padre, te cuenta cómo viven algunos hombres los gajes de su paternidad.

Héctor, papá que lucha
En calle 9 de Julio al 400 funciona el taller de Héctor Narváez, un electricista y bobinador. Se casó a los 18 años y por cuestiones de la vida, se separó de su pareja y madre de sus cinco hijos pero no se separó de ellos. Mantuvieron una buena relación y los hijos se quedaron con él. “Lo que hice es lo correcto, lo que hay que hacer como padre. No es para un laurel”, expresó.
Con un espíritu muy trabajador, Héctor es un luchador. “La luché y trabajé mucho”, dijo y hoy sus hijos, que tienen entre 23 y 35 años son casi todos profesionales. “La más grande es profesora de Inglés; otro hijo es abogado y escribano; otro es técnico en reparación y mantenimiento de PC y está cursando la Tecnicatura en Informática; otro hijo es casi médico, se iba a recibir en agosto pero por la pandemia pasó para diciembre y tengo otro hijo que es profesor en Educación Física que está cursando la licenciatura”, contó con orgullo. 
Con hijos con títulos, este papá advierte que lo más paradójico es que solamente cursó hasta séptimo grado pero porque no quiso seguir en la escuela. Entonces, aprendió un oficio y siguió para adelante. “Perdí a mi papá a los ocho años y hasta entonces tenía una vida de príncipe. Mi papá era muy emprendedor. También tuve suerte. Mi mamá Benigna del Carmen “Nina” es una bellísima persona; se volvió a casar y tuve un buen padrastro, que prácticamente me crió, me educó. Cuando hablo de él con otra persona digo ‘mi viejo’. Mi papá y mi padrastro tienen de sobrenombre “Chichí”; mi papá se llamaba José Héctor y mi padrastro es Ramón Antonio Garribia”, comentó. 
Héctor no puede disimular el orgullo que siente por sus hijos, algunos de ellos ya casados y con hijos. “Los hijos es lo más grande que uno tiene. Hice lo que me salió pero siempre quise que fueran bien educados, respetuosos. La luché, trabajé mucho para salir adelante y poderles dar una educación mejor y una buena contención para que puedan estudiar. Al ser varones, les enseñé a todos el oficio del taller pero preferí que estudien. Les pedí mucho a Dios y a la Virgen que me ayuden a que sean personas de bien. Dios me ha bendecido tengo unos hijos maravillosos”, aseguró.

Pablo, papá por dos
“Hoy vengo más tarde porque tengo que cuidar a los mellis”, suele decir, a veces, Pablo a sus compañeros de trabajo. Él es un papá ‘full time’ del Siglo XXI. A veces coordina –y otras, hace malabares- para cumplir con sus hijos y su trabajo. Sus mellizos tienen siete años y aunque está separado de la mamá, ambos comparten la crianza. “Lo bueno es que a esta edad juegan juntos, aunque tienen sus momentos de pelea y comparten sus cosas. Con la mamá de los mellis compartimos las tareas, desde el cuidado hasta los deberes. Durante la cuarentena tuvimos que hacer una reestructuración de las horas que estamos con ellos. Me gustó porque pasé con ellos más tiempo, durante la siesta y la tarde. Pude ser partícipe más tiempo de las tareas de ellos, de sus juegos”, contó. 
Los mellis viven con su madre y pasan más tiempo con ella, reconoció Pablo pero él hace todo lo posible para estar el mayor tiempo posible con sus niños. “Hacemos cosas juntos y ya salimos de vacaciones los tres solos. El hecho de pasar tiempo con ellos, hizo que algún que otra vez los llevara a mi lugar de trabajo. Me gusta que ellos conozcan qué hace su papá, de qué trabaja, dónde está y de sus compañeros. Siempre participé en todas las actividades del jardín y ahora, en la escuela. Estoy presente en los actos y estoy presente en otras actividades de la familia. Es algo que disfruto mucho y sé que ellos les hace mucha ilusión”, confesó. 

Gustavo, papá múltiple
Tal vez el destino de Gustavo Medina sea estar rodeado de niños. Es médico pediatra y tiene cinco hijos con tres mujeres distintas. Sus tres hijas –con dos mujeres distintas- tienen entre 19 y 16 años y una de ellas vive en Tucumán. También tiene dos varones, de nueve y cinco años, con otra mujer. Pese a las distancias y las particularidades que presenta su situación, Gustavo se las arregla para cumplir con su rol más importante.  
“Tengo un régimen de comunicación amplio. Los veo durante la semana y los fines de semana, más a los varones, que son más chicos. Me hago cargo de una cuota alimentaria importante. Estoy presente en todos sus eventos. Tengo mi casa y vivo solo pero ellos vienen cuando quieren y pueden”, contó.
A modo de anécdota, recordó que cuando su hija de Tucumán cumplió los 15 años, tuvo su fiesta y con sus hermanos viajaron a Disney. “Me fui con mis cinco hijos, solo a Estados Unidos, 25 días. La pasamos re bien. Somos súper unidos y entre los hermanos se aman. Formamos un núcleo en el que me considero el centro porque soy el punto de unión entre ellos. Se adoran; están siempre comunicados y tienen su grupo de hermanos”, explicó. 
Entre sus tareas, Gustavo busca a los chicos del colegio, “los llevo y los traigo”. Como pediatra, suele tener trato con madres que afrontan solas la crianza de sus hijos. “Considero extremadamente importante el vínculo con el padre, por la salud mental de los chicos. Me considero un padre presente. Hay que aggionarse a las nuevas cuestiones. Las mujeres tuvieron un empoderamiento en los últimos años. También cambiaron su rol, estado y expectativas. Las parejas se rompen pero los vínculos con los hijos no deben romperse”, sostuvo.
La paternidad de Gustavo, con un rol activo, lo pone nexo entre los cinco hermanos. Evidentemente, de a poco hay una transformación en las paternidades. La crianza no es solo educar y alimentar también es formar y reforzar vínculos. 
“El rol del padre también cambió. Hoy el padre tiene que tener autoridad sin ser autoritario; tiene que poner límites sin humillar, sin castigar y sin castigos físicos. Nuestros hijos no te escuchan, te ven. Hay que ser ejemplo de vivencia y no de palabra. Es fácil decir ‘usted tiene que comer verduras’ mientras me como milanesas con papas fritas. Hay que ser ejemplo, desde no pasar un semáforo en rojo a no descalificar a nadie y desde los chistes misóginos y machistas, antes institucionalizados, que no hoy se pueden decir por la aceptación de los roles y diversidades. No permitamos que el machismo y la misoginia se formen desde la infancia. Es importante que se junten con la nueva generación de hermanos porque la vida es corta y los traumas acarrean de por vida y hay hijos que quedan. No hay que abandonar a los hijos aunque uno tenga otra pareja”, reflexionó. 

Edu, papá bendecido
“Ser el papá de Bauti es genial, es una bendición. Bauti es hijo único y se aprende a amarlo cada día más. Somos muy unidos”, contó Eduardo Fernández Tempesta. Edu es preceptor y dicta clases de cocina; está casado con Gabi y los dos son los papás de Bautista. Como sucedió en todas las familias, la cuarentena modificó un poco algunos hábitos. 
“Estamos más tiempo juntos y compartimos más cosas. Todas las tardes la pasamos juntos. A veces, estamos jugando y me dice ‘estoy aburrido’. Buscamos juguetes, autitos o maderitas”, comentó pero el tiempo vuelva y Bauti puede aburrirse rápido… Hasta que le dice “¡Tengo una idea genial!”. Entonces, Bauti va y busca un papel y le dice a su papá que hagan un avión o una pelota. “La vez pasada me dijo que quería un tobogán para sus autos y lo empezaron a hacer con cartón”, dijo.
Como preceptor, Edu formó un grupo de WhatsApp con los padres de sus alumnos y otro grupo con sus alumnos para pasar las actividades y códigos de acceso. Tiene la experiencia de las consultas a deshora, “24/7”, como dicen los adolescentes –es decir, de lunes a domingo, las 24 horas-. Al mismo tiempo, él integra el grupo de WhatsApp “de mamis” del jardín. En ese grupo hay casi 20 integrantes pero solo hay dos papás y uno de ellos es él. 
“Siempre estoy cocinando y Bauti me ve y me pregunta. A veces, cuando hago pan, me ayuda. Hacemos todo un acting, nos ponemos el delantal, el gorrito, la chaquetilla y nos preparamos. Eso le encanta. Hicimos pan, alfajores, medialunas y sorrentinos. Le regalaron unos moldes para hacer bombones y huevitos y nos pusimos a hacer bombones. Estuvo fascinado”, aseguró.
 Cuando la mandan tarea, entre la mamá y el papá lo ayudan. Gabi lo ayuda en la mañana y Edu por la tarde, mientras Gabi está en su trabajo. Bauti tiene mucha imaginación y los dibujitos de la tele también le dan ideas. Hace poco, vio en un dibujito que armaban un campamento y quería tener su propia experiencia. “Buscamos la carpa y armamos el campamento. Quería dormir ahí y ambientamos todo para que duerma ahí. Eso me sirvió para una actividad del jardín porque una de las tareas era armar un campamento con nuestros hijos. Otra actividad era cocinar con papá”, recordó y para las dos tareas ya tenían las fotos hechas, como si se hubiesen anticipado a los hechos. 
“La cuarentena nos obligó a compartir más con familia pero ya lo venía haciendo. No fue tan difícil. Siempre sorprende con cosas y juegos nuevos. Cada cosa nueva que va haciendo es una emoción muy grande”, expresó. 

Daniel, papá a la distancia
Pía tiene cinco años y desde hace un año y medio vive en La Rioja con su mamá. Daniel, su papá vive en Catamarca. La pandemia encontró a Pía y a su mamá de visita en Fiambalá y desde entonces están en la provincia. Para Daniel fue algo bueno porque era la oportunidad para estar más cerca de su hija aunque no fue fácil. En la primera etapa de la cuarentena no pudieron verse por un mes, hasta que él consiguió un permiso y pudo ir a buscarlas. “Ese viaje fue eterno”, recordó pero fue al rescate y volvió con toda la alegría.
“Antes de la pandemia, ella estaba en La Rioja con su mamá –donde ella estudia-. Cada 10 días, cuando estaba de franco, iba a verla, me quedaba hasta el fin de semana y la traía para que estuviera con los abuelos. Los domingos a la noche viajaba de vuelta para llevarla con su mamá”, explicó. “Después, era esperar los 10 días para volver a verla. Si los domingos suele ser un bajón, para mí era mucho más difícil porque ninguno quería despegarse. Ella no se quería volver y yo no quería que se vaya”, contó.
Mientras tanto, en esos 10 días de espera Daniel y Pía se comunican por teléfono, con audios de WhatsApp y videollamados “pero no es lo mismo. No se compara. Me dice que no quiere hablar porque me extraña y se pone mal”. Sin embargo, aprendieron a vivir en la distancia, aunque cuesta. Daniel no pierde las esperanzas y cree que el año que viene podría tener a su hija nuevamente cerca porque la mamá termina la cursa y regresaría a la provincia. 
“La paternidad me cambió la vida. Empecé a entender muchas cosas y es un nivel de amor que no se compara con nada. Siempre busco la manera de estar cerca y tengo la esperanza de que el día de mañana pueda estar viviendo en Catamarca”, confesó. 

Responsabilidad compartida
Los tiempos modernos conllevaron a que en la modificación del Código Civil y Comercial. La Patria Potestad pasó a llamarse Responsabilidad Parental Compartida. De esta manera, se entiende que la responsabilidad parental es el conjunto de deberes y derechos que corresponden a los progenitores sobre la persona y bienes del hijo, para su protección, desarrollo y formación integral mientras sea menor de edad y no se haya emancipado. Es decir, el cuidado no recae en un progenitor, mientras que otro sólo se encarga del aporte económico. Ahora, entre los dos deben cumplir con la crianza. 
También se puso fin a una terminología popular con un aire peyorativo. “Padrastro” y “Madrastra” pasaron a ser “progenitor afín al cónyuge o conviviente con quien tiene a su cargo el cuidado personal del niño o adolescente”. Además, los progenitores afines también tienen sus deberes, como cooperar en la crianza y educación de los hijos de su pareja, realizar todos los actos cotidianos relativos a su formación en el ámbito doméstico y adoptar decisiones en casos de urgencia. 

Texto: Basi Velázquez
Fotos: Gentileza