A fines de febrero, Alan llegó a Tokio, la capital de Japón. En aquel momento, sacaba sus vacaciones y viajó con un amigo. La aventura duraría aproximadamente un mes. Sin embargo, sus planes no se cumplieron.
Cuando sus vacaciones estaban finalizando, las medidas de prevención por el COVID-19 estaban comenzando. De esta manera, el camino a casa del joven se hizo más largo de lo esperado.
Relatos de un regreso a casa
Unos días antes del 20 de marzo, fecha que iniciaron los cierres de frontera en el país, Alan inició su viaje de regreso. En el que quedó varado en México, debido a que los vuelos internacionales quedaron prohibidos.
Por esos días, la situación de México no era muy positiva en cuanto a la cantidad de casos de COVID-19 que se registraron y el orden social tampoco ayudaba al país. Por esto, tanto Alan como su amigo, se trasladan a la zona turística, en donde permanecieron 47 días. “Estuve por lo menos en cuatro lugares distintos, por las medidas que iban tomando allá. Estuve en dos hoteles, en un hostel y una casa”, comentó en diálogo con Revista Express. En el último lugar, fue en donde más tiempo permaneció. “En la casa estábamos con más argentinos, fue un lugar que nos otorgó el gobierno de México. Me acuerdo que alrededor de 60 personas fueron rescatadas del aeropuerto”, explicó el joven viajero. En ese lugar, tenían reglas, ya que no podían salir, tenían restricciones y normas de convivencia. Además, de los argentinos había extranjeros tanto de Estados Unidos como de Europa. “En algunos casos, las personas de esos países decidían no regresar a su país, por la situación que estaban viviendo con el virus en esos lugares”, aseveró Alan.
De su estadía en México Alan recuerda que, pese a la situación y a no poder regresar a su casa, logró conocer a “personas hermosas”, con quien compartió “una etapa de aprendizaje”. “Nos apoyábamos mutuamente, ya que teníamos días no muy buenos, otros en los que estábamos mejor. Es una situación complicada porque uno está lejos de su familia y no sabe qué puede pasar”, indicó.
Para pasar los días, realizaba diferentes actividades como hacer gimnasia, cuando podía salía a la playa, entre otras.
Mientras tanto, Alan realizaba los trámites en la embajada. Una vez que habilitaron los vuelos de regreso, compró un pasaje para volver a su país. Así fue que el 4 de mayo inició un largo camino de regreso.
“La vuelta fue muy larga. Estuve muchas horas en el aeropuerto de Cancún por los procesos de control por el coronavirus. Cuando llegamos a Ezeiza también había muchos protocolos”, explicó sobre los diferentes operativos. Asimismo, continuó su relato: “Si eras del interior había que anotarse, decir dónde vivíamos y de qué provincia éramos para organizar los colectivos y volver a cada provincia. La organización de los colectivos era buena en los recorridos”, aseguró. Esa noche, desde Ezeiza, partían colectivos a Tucumán, Córdoba, Mendoza, San Juan y Catamarca. “Nosotros volvimos con personas que iban a Mendoza, San Juan y Salta. Estuvimos 37 horas en el micro”, dijo Alan. Una vez en la provincia, la familia del joven viajero le dejó un auto en el Hospital Monovalente y una vez que cumplió con los protocolos en el lugar, emprendió el último tramo del regreso a casa.
“No quería involucrar a nadie de mi familia por las dudas. Yo vivo solo, así que volví a mi casa y me quedé ahí 28 días de cuarentena”, manifestó a Revista Express.
Durante esos días, Alan recibía comida que le dejaban sus familiares en la puerta de su casa, ya que no podía tener contacto con ellos, pero tampoco podía salir. “Los veía al otro lado de la reja”, comentó anecdóticamente.
En esos días, el joven realizó las tareas de la casa, hizo rutinas de actividades físicas, entre otras cosas para pasar sus días.
Controles
“Recibí llamadas por parte de personal de Salud. Me consultaban si tenía algún síntoma, si me sentía bien y cómo llevaba la cuarentena”, sostuvo Alan. El pasado sábado 6 de junio, el joven recibió el alta de su aislamiento.
“Lo primero que hice fue comer un asado con mi familia, ya que ellos querían saber cómo estaba, nos queríamos ver”, añadió.
Aprendizaje
“Por un lado, está todo lo malo, pero por el otro está toda la experiencia de convivir como si fuese un gran hermano, estar conviviendo con gente que no conocía, que son personas de todos lados”, expresó. Además, añadió. “Estábamos todos en la misma, eso fue lo lindo de compartir y apoyarnos entre todos, porque hubo días malos y días buenos. Formamos una gran familia y eso fue lo bueno de conocer gente y compartir”.