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Reconocer nuestro valor

domingo, 31 de mayo de 2020 · 01:00

Mucha gente me pregunta cómo debería reaccionar cuando alguien la agrede y la subestima. Lo ideal es reaccionar con sabiduría. Comparto algunas técnicas a las que todos podemos recurrir:
-Un gesto mudo, como abrir los ojos y mirar fijamente, guiñar un ojo, sonreír como si hubiéramos recibido una idea iluminada o simplemente cambiar de tema. Mantenerse callado frente a una agresión demuestra que estamos en control de nuestra vida.
-Un monosílabo a modo de interjección, como “¡ajá”, “¡ooo!”, “mmm”, etc.
-Una técnica que cause confusión, por ejemplo, responder con algo que no tenga nada que ver. 
-Dar la razón. 
-Ser un disco rayado, es decir, repetir lo mismo durante unos segundos (hasta cansar al otro).

Tal vez te haya parecido graciosa alguna de estas técnicas, pero frente a la agresión, tan común por estos días, tenemos que lograr decidir que nada ni nadie nos lastimará al punto de alejarnos de nuestras metas y objetivos en la vida. Y tal convicción solo se consigue cuando somos plenamente conscientes del valor que cada persona tiene como ser humano. ¡Todos somos valiosos!

¿Acostumbrás valorarte? Valorarnos significa darnos el valor que merecemos, tanto a nosotros mismos como a los demás. Porque fuimos creados con un propósito especial que nos pertenece, tenemos el derecho de percibirnos de una forma verdadera y positiva. De modo que, hoy mismo si aún no lo has hecho, tomá la decisión de qué clase de persona querés ser.
Todos poseemos valor lo cual no es sinónimo de precio. Este último es la idea que los demás tienen de nosotros, lo que otros dicen que valemos. En cambio, mi valor es lo que yo mismo, y nadie más, decido que valgo. Mi precio, como el de cualquier mercadería, puede variar según lo que alguien piense de mí. Pero mi valor, ese que me dio el Creador especialmente, no puede ser modificado jamás.

Cuando conocemos nuestro valor, tenemos una autoestima (autoimagen) sana y, hagan lo que hagan los demás, no nos movemos de allí. Porque tenemos la certeza de que somos cien por ciento triunfadores. Entonces la opinión ajena deja de afectarnos y ya no somos vulnerables a las acciones de otros. 

Cuando tenemos en claro nuestro propósito, nuestro accionar deja de depender de las palabras y las acciones de quienes nos rodean. Alguien que expresa “me despreciaron”, o “me dejaron de lado”, o “me maltrataron”, desconoce el valor de su propia vida. Nadie tiene el poder de hacerte sentir menos, por mucho que lo intente.

Por lo general, somos nosotros mismos quienes nos creamos trabas que no nos permiten avanzar; pero de igual forma contamos con la fortaleza interior para derribarlas a todas. Porque no nos movemos por precio sino por valor. No busques tu valor afuera, este se halla en tu interior. La valentía no consiste en pelear con la gente sino en saber que, a pesar de lo que suceda alrededor, tenemos derecho, capacidad y valor para crecer y avanzar en todas las áreas de nuestra vida.