La Virgen del Valle tuvo su procesión en cuarentena
Entre lo habitual y lo extraordinario, la Iglesia de Catamarca celebró el cuarto centenario de la popular advocación de María. La Reina caminó sin su pueblo, prisionero de enfermedad.
Lo que estaba programado, hasta hace algo más de dos meses, para ser una multitudinaria expresión de fe mariana en la plaza principal de Catamarca, sucedió el domingo pasado de modo singular. Terminó siendo un austero ritual que movió un número bastante limitado de trabajadores alrededor de la imagen de la popular Morenita del Valle. Y, escasamente, cuatro representantes del poder político más los miembros del clero. El resto, la impresionante muchedumbre que viaja desde provincias y pueblos vecinos más los propios habitantes del Valle, hubo de seguir el rumbo de la tradicional procesión -que se hace desde la misma fundación de la ciudad de Catamarca- por las transmisiones de los medios de comunicación.
Y la Virgen Morena, coronada estatuilla de talla pequeña, estrenando manto alusivo al momento, con referencia al responsable de la pandemia. Severa con el enemigo, pero amable con sus hijos. Victoriosa pero protectora.
Entonces, ¿quién lo hubiese imaginado? Fue una procesión sin fieles. O, más bien, sin fieles presentes realmente en el lugar. Con fieles “virtuales”. De a cientos de miles rezando en sus hogares y lugares de confinamiento por la cuarentena obligatoria.
Si bien el rezo del rosario, los cantos y la guía del acto se cumplieron tal como se hace habitualmente, a nadie escapó la inspección visual del detalle, para establecer con criterio propio si era real el cumplimiento de los protocolos previstos para la situación de aislamiento obligatorio que manda el decreto de necesidad y urgencia emanado por el Gobierno nacional desde marzo pasado.
El septenario había comenzado el sábado anterior, ya en condiciones inusuales, con una misa sin asistencia para hacer la bajada de la sagrada imagen desde su camarín hasta el presbiterio. Entonces, colocada la imagen en el andamiaje en que suele llevársela, apareció desde allí hasta la puerta de la Catedral. Un grupo de oficiales de la Policía de la Provincia -con relevo a mitad del recorrido- la llevó en andas.
In situ, el obispo, dos hileras de sacerdotes, autoridades y trabajadores usaron barbijos de manera permanente, salvo cuando el jefe de la diócesis dirigió su mensaje final subido a un púlpito.
En general, las pocas personas presentes se cuidaron de mantener una distancia prudencial entre sí, aunque por momentos no lo hicieron, especialmente al momento de la despedida, cuando a varios les resultó una tentación ineludible el pedir una gracia llegando a tocarla con la mano.
Todo muy diferente. Todo sencillo. Todo austero. Primero, la declaración del Año Mariano Nacional que comenzó el 8 de diciembre pasado, en especial conmemoración de la Virgen Morena del Valle. Luego, el rumor de la posible llegada del Papa Francisco a la Argentina que se diluyó, allá por comienzos del año. Detrás de esa noticia, se desvaneció la lógica ilusión de que Francisco llegue a visitar Catamarca. En marzo, declaración del coronavirus como pandemia, la conformación de casos en Buenos Aires y en otras provincias. La implementación de medidas de prevención sanitaria que obligaron a la población a permanecer en sus hogares y a la suspensión de actos públicos y de todo aquello que implique circulación de personas. Como consecuencia, la organización del Congreso Mariano Nacional, que iba a tener sede en Catamarca en coincidencia con esta fecha, se desarrolló de manera virtual.
La plaza, que iba a estar abarrotada de fieles de todo el país en el festejo de sus 400 años de permanencia de la Madre del Valle con su pueblo de Catamarca, apenas tuvo a dos familias vecinas como testigos -las únicas que viven a la vuelta de la plaza, pues el resto son comercios o instituciones públicas- de la singular procesión. ¿Habrá otra procesión así? Difícilmente.
Del otro lado
Más allá de lo apocalíptico de las imágenes registradas el domingo pasado en la plaza principal de Catamarca, la vivencia de los fieles en sus hogares para seguir en vivo y en directo la transmisión por vía de las fanpages de Facebook del Santuario de la Virgen del Valle, del Obispado de Catamarca, canales de Youtube y del Canal 7 de Catamarca (la Televisión Pública) da cuenta de un fervor intacto en el pueblo. Los comentarios anotados en las redes sociales son prueba irrefutable que, a la distancia, desde provincia e incluso desde el exterior, la Virgen del Valle estuvo espiritualmente acompañada. Y, para ellos, eso es suficiente.
Las personas tocando la pantalla, el obispo bendiciendo a los telespectadores, la Virgen mostrada en primer plano con un entorno triste y solitario, han conmovido ciertamente a los creyentes. Si aquella imagen -no menos histórica por reciente- del Papa Francisco solo bajo la lluvia, en la Plaza de San Pedro rezando el Vía Crucis era fuerte, esta vivencia de una procesión “virtual” volvió a mover los cimientos de la fe mariana.
Al frente, los escépticos, los agnósticos y aquellos a quienes no les conmueve la religión o priorizan criterios con mayor racionalidad o legalidad, han criticado fuertemente la realización de este acto considerándolo, cuanto menos, prescindible.
Pero la procesión virtual ya es historia. Ha puesto de pie al pueblo de María para agradecerle su protección en la lucha contra un enemigo invisible, que mantiene nada menos que a los poderosos del mundo bajo su influjo. Créase o no.
Texto: Carlos Gallo
Fotos: Ariel Pacheco
Fe canalizada por la tecnología
La Iglesia de Catamarca no acostumbra a dar números respecto de sus convocatorias, dejando generalmente esa misión a la Policía. Sin embargo, sólo sumando dos cuentas de la red social Facebook relacionadas con Prensa de la Iglesia de Catamarca y con el Santuario de la Virgen del Valle -cabecera de la transmisión-, más una cuenta de Youtube por la que se emitió la procesión, el registro de personas alcanzadas por las transmisiones en vivo realizadas durante el Septenario que culminó el 26 de abril, supera holgadamente el millón de personas. Y con momentos de 500 mil espectadores simultáneo. Incluso varios días después de finalizado el evento, el número se siguió incrementando.
A esto debe sumarse que no hay registro acerca de la cantidad de espectadores que los vivieron a través de los canales de televisión “convencionales”. Sin dudas, se trató de manifestaciones extraordinarias de unidad en la fe, utilizando el pueblo la maravillosa tecnología de los medios de comunicación social.